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Santo Cristo de rostro sereno, una tradición en La Grita

07:10 AM 01/12/2018

No hay mayor motivo en  Táchira para caminar 84 kilómetros que ir al emotivo reencuentro anual con el Santo Cristo. Ese que desde el sufrimiento del madero invita al amor y al perdón. Es un río de gente que va sumándose a la caminata —a través de varias rutas— que lleva desde San Cristóbal, y otros pueblos de montaña, a la ciudad del   Espíritu Santo de La Grita. 
Los peregrinos, en grupos pequeños, casi siempre son familiares o amigos, salen desde Táriba, Cordero, La  Fría, Coloncito, Umuquena y hasta de El Vigía, en el vecino Mérida. Desde Cúcuta también acuden fieles.
La devoción se respira en todo el municipio Jáuregui, epicentro del fervor al Cristo de rostro sereno, patrono de San Cristóbal.   
El día de la fiesta de la  imagen es el 6 de agosto, pero desde mucho antes comienza la peregrinación. Previamente, ya una familia andina ha contado con el privilegio de ser la que obsequie al Cristo el perizoma o cinturón faja. 
Monseñor Mario Moronta, el obispo anfitrión de la festividad por estar al frente de la curia en San Cristóbal, ha señalado que “la devoción al Santo Cristo de La Grita, también llamado El Cristo tallado por los ángeles, el Cristo de Los Milagros  o el Cristo del Rostro Sereno, no se centra solo el 6 de agosto, fecha cuando se conmemora su aparición”.
Recordó que días anteriores, los devotos al Cristo amoroso  comienzan su peregrinación caminando desde la capital del estado Táchira hasta la ciudad del Espíritu Santo de La Grita. “Es uno de los actos religiosos de renombre mundial, cuando la gente luego de recorrer más de 80 kilómetros (caminan hasta 18 horas), llegan ante el Cristo  de rostro sereno”.

Historia
Fervor de cuatro siglos

La especial veneración a la Reliquia tiene historia, tanta que a los pies del Cristo de La Grita llegó el Libertador Simón Bolívar para  pedirle protección para derrotar al imperio español durante la travesía en Campaña Admirable (1813).  Su  Imagen todo el año reposa en la Basílica que tiene asiento en la ciudad del Espíritu Santo de La Grita. Días antes de su festividad lo trasladan hasta el nuevo santuario, a unos 3 kilómetros.

Imagen tallada por ángeles

Cronistas señalan que en 1610 un terremoto azotó y destruyó  a La Grita. Un monje franciscano y escultor, llamado Fray Francisco, ofreció al cielo hacer una imagen de Cristo para consagrarle la nueva ciudad.  
En el libro Táchira físico, político e Ilustrado, del Dr. Emilio C. Guerrero, se cuenta que Fray Francisco  trazó en un   tronco de cedro la   Imagen, tomó el hacha,    herramientas de carpintería  y empezó a trabajar. “Pronto se exhibió una figura humana, pero   no tenía los lineamientos característicos del Cristo moribundo. Pasaban días y días y Fray Francisco no podía interpretar esa expresión sublime. Una tarde, después de suspender los trabajos se puso en oración: un éxtasis profundo lo embargó y,  a altas horas de la noche, oyó que en la pieza de su trabajo el raedor pasaba por las fibras de la madera.
Se acercó y algo como una figura humana envuelta en una ráfaga de luz salió a través de la puerta. Tras la oración matinal,   encontraron la obra  terminada. El fray lloró. Era como él la había concebido”. Así nació la venerada imagen. Desde entonces dicen que el Cristo de La Grita fue tallado por ángeles.