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San Juan to’ lo tiene, San Juan to’ lo da

08:00 AM 29/11/2018

“En Curiepe, con mucho rojo y blanco en la vestimenta del pueblo, se festeja ese nacimiento (de San Juan Bautista) durante los días 23, 24 y 25 de junio, entre bailes, cantos de malembe y toques de tambores, el mina con sus laures, curbata, prima, cruzao, pujao, como rasgos muy distintivos de la herencia africana”, indica el Centro de la Diversidad Cultural.

Hace referencia a la gran fiesta que se realiza en Curiepe, en el estado Miranda, la más significativa de todas las realizadas en honor al santo niño, con motivo de su cumpleaños, en todo el país. 

También tiene lugar en localidades de los estados Guárico, Yaracuy, Aragua, Carabobo, Vargas, Sucre, Lara, Mérida, Falcón, Anzoátegui y Cojedes, así como en el  Distrito Capital, donde también se escucha y se baila con todo furor al ritmo de  “San Juan to' lo tiene, San Juan to' lo da”, siendo una de las festividades que reúne más devotos en el país.

Naiguatá, Caraballeda, Guarenas, Barlovento, San Juan de Lagunillas,  Aragua de Barcelona, Cachapal, San Juan de los Morros,  Patanemo, Borburata, Chuspa, Caucagua, Cúpira y Río Chico son solo algunas de las localidades, costeras y no costeras, donde centenares de cofradías, parrandas y sociedades lo celebran. El jolgorio y el baile es similar; varían los ritmos de tambores.

Por ello se adelantan las gestiones para solicitar ante la Unesco su declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial de Humanidad.

La alegría, el baile colectivo, el repique de tambores y el pago de promesas, como expresión del amor y la fe en el Patrono, caracterizan el festejo que dura más de 40 horas, coincidiendo con el solsticio de verano, siendo el 24, la fecha central de la celebración. De allí las innumerables leyendas. 

“La tradición vive a través de los cantos, vestuarios y otros elementos de la fiesta que reviven la historia de sus antepasados. Se dice que la imagen de San Juan Bautista de Curiepe ha sido venerada allí desde los tiempos de la colonia por los afrodescendientes procedentes de África como recordatorio del Dios que ellos veneraban con sus tambores. Estas fiestas eran un símbolo de libertad debido a que a los esclavos les daban tres días para ser libres al año, lo que coincidía con las festividades en honor a San Juan que hacían los dueños de las haciendas. Esos días se convertían en días de alegría para los esclavos ya que era la única vez en que podrían hacer lo que deseaban”, señala el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC).


La imagen  “no vive en la iglesia, él vive en la casa de una familia que lo adoptó por los siglos de los siglos y de generación en generación, no es un santo de la iglesia, es un santo de los curieperos”, refiere  Luisa Madriz, cultora de la zona. De la casa de la familia Alvarado es llevada a la Casa Cultural en la víspera. Allí pernocta y en la mañana del 24 es trasladada a la iglesia Nuestra Señora de Altagracia para la misa, y llevada de nuevo a donde los Alvarado para pernoctar en la Casa Cultural, de donde sale a recorrer las calles en hombros, mientras se va danzando, la tarde del 25, hasta el templo.

En la misa “se mezclan lo religioso, lo pagano y las costumbres de la población”, agrega el IPC. “Se entonan canciones basadas en ritmos y de las manifestaciones musicales del folklore afrobarloventeño. Y se ofrecen frutos cultivados en la región porque se cree que San Juan Bautista es el santo de fertilidad de la tierra”.

 

 

De blanco y rojo
Quienes participan en el jolgorio  usan ropas particulares que identifican la manifestación. Las mujeres  acostumbran a vestir  blusa blanca con “faralaos”, falda roja o estampada, vestido unicolor o estampado, pañuelo rojo, alpargatas y sombrero adornado. Los hombres usan camisa o franela blanca o estampada, aunque algunos utilizan camisa roja, pantalón kaki o blanco, pañuelo rojo, alpargatas y sombrero.