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Los diablos se rinden ante el Santísimo

08:05 AM 22/11/2018

Con sus típicos trajes rojos, coloridos collares, escapularios, cruces, rosarios y sus  también multicoloridas máscaras hechas con papel periódico, plástico y piedras   de variados tamaños y formas, como rostros de animales, que representan el demonio, más de 2.500 “promeseros” se reúnen en su casa principal, a primera hora del día de Corpus Christi.

El calendario marca el noveno jueves después del Jueves Santo, 60 días después del Domingo de Resurrección. Son los Diablos Danzantes de San Francisco de Yare,  Miranda. Llevan también cascabeles, maracas, palmas, pañuelos y cintas para protegerse contra los espíritus malignos.

Hombres adultos, jóvenes y niños salen en procesión rumbo al cementerio, donde rinden tributo a colegas fallecidos. Siguen hasta la iglesia San Francisco de Paula, donde se oficia la misa en honor al Cuerpo de Cristo. Al culminar, emulan la batalla en la que, al son de instrumentos de cuerda y percusiones, el Santísimo Sacramento obliga  a los diablos congregados a retroceder hasta hacerlos caer rendidos, simbolizando así el triunfo del bien sobre el mal.

Tras ser bendecidos por el sacerdote salen, ejecutando pasos de danza hacia atrás, en actitud de penitencia, a recorrer 41 altares preparados y dispuestos por las mujeres, quienes  vestidas con faldas rojas y camisas blancas, les acompañan.  La fiesta termina al final de la tarde con  la bendición del sacerdote y un  sancocho.

Reviven una de las tradiciones religiosas y culturales más trascendentales del país que suma 269 años y que en 2012 fue declarada, junto con otras 11 cofradías de Diablos Danzantes, Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad por la Unesco.

 

Danzan en otras 5 regiones
Las otras comunidades en las que se celebran los Diablos Danzantes se ubican en la zona centro norte, indica El Centro de la Diversidad Cultural. En en Cata, Cuyagua, Chuao, Ocumare de la Costa y Turiamo, Aragua;  San Millán y Patanemo, Carabobo; Tinaquillo, Cojedes;  San Rafael de Orituco,  Guárico;  y  Naiguatá, en Vargas. “Desde el punto de vista geohistórico, los orígenes de estas comunidades estuvieron vinculados a las haciendas para la explotación del cacao y otros cultivos como la caña de azúcar, el café y el añil”, señala.
 
 
CACHOS SEGÚN JERARQUÍA
La cofradía o hermandad tiene estructura jerárquica de cinco divisiones, basada en la antigüedad, representadas por  números de cachos en sus máscaras. El primer capataz es el más antiguo y máxima autoridad. Su máscara tiene cuatro cachos. El segundo capataz, encargado de la organización y desarrollo del baile,  tres cachos. El arreador o tercer capataz tiene la cargo  la disciplina, tres cachos, pero de menor tamaño, y porta un látigo. Y los diablos o rasos, el resto de los promeseros, solo llevan dos cachos.