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Fe sin escala al Niño de la Cuchilla de Zea

07:50 AM 22/11/2018

La serranía merideña se llenó de misterio y fe con la llegada del  Niño de la Cuchilla de Zea. Su origen sigue siendo incierto hasta para los más expertos en materia cultural y patrimonial. Su figura blanquecina, tallada en alabastro, no mide más de 10 centímetros y se mantiene alojada en un relicario de oro. 
Su  brazo derecho, en el que deja caer  su cabeza, está apoyado en una calavera y, frente a su vientre, lleva un globo terráqueo con una cruz en su tope.

A pesar de la incógnita, esta curiosa imagen se abrió paso en los corazones de  miles de feligreses en la población de Zea, en el estado Mérida. El nombre de la imagen, fue dado por la zona donde se venera, justo en el filo de la montaña limítrofe entre Mérida y Táchira.

Varias historias hay sobre su origen. Pero una es la que más toma auge  entre los merideños. La primera, cuenta María Inés Mendoza, una devota merideña, que data de 1874, data de cuando el entonces presidente Antonio Guzmán Blanco clausuró  los conventos de monjas en el país y decretó la exclaustración de las religiosas.
Muchas de las hermanas Clarisas  de  San Juan Bautista de Santa Clara de Mérida optaron por trasladarse al convento que su orden tenía en  Colombia. En el trayecto, se refugiaron en casa de la familia Hernández Hernández y, en agradecimiento, les obsequiaron la imagen.

Con los años, pasaría de hogar en hogar, aseguró Mendoza. Fue hasta 1913 cuando llegó al humilde rancho de los Vera Vera, donde comenzó a hacer milagros, llamando la atención de los zedeños.

En 1935, el párroco de Zea dispuso que el Santo Niño fuese pasado a un galponcito que mandó a construir al lado de la morada de los Vera. 
Luego se construyó una  pequeña capilla. Dada la gran afluencia de devotos, fue colocado en un altar en una nueva iglesia de mayor capacidad, construida para  recibir  a los miles de fieles que cada año van en peregrinación.

Su diminuto tamaño no impide que una marea de más de 20.000 merideños le veneren con todo el fervor que calienta una multitud. Como tradición, el 31 diciembre hacen la tradicional bajada del Santo Niño de la Cuchilla y cierra el 6 de enero  con su  subida hacia la serranía de Zea, partiendo en brazos de una gran peregrinación, una de las más grandes  hechas en estado Mérida.

“Siempre van devotos con fe ciega en que el Santo Niño les conceda los milagros que con ansias piden desde lo más profundo de su alma. Es muy milagroso”, sostuvo Mendoza, quien aseguró que a ella le concedió salir airosa de una tumoración que presentó en agosto del 2015.