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El Rosario que une a la Costa Oriental del Lago

07:35 AM 22/11/2018

La protección de tres  municipios de la Costa Oriental recae en la advocación de la Virgen del Rosario. A Ella rezan sus hijos de Cabimas, Santa Rita y Lagunillas. 


 Esta advocación, a escala mundial, tuvo su origen cuando la Virgen, en persona, le enseñó a Santo Domingo de Guzmán a rezar el Rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la fe.


Nuestra Señora del Rosario es la Patrona de Cabimas; la Virgen del Rosario de Aránzazu, de Santa Rita; María del Rosario del Paraute es la Protectora de Lagunillas; y Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es la Reina de Mene Grande,   en Baralt.


En  Cabimas, desde tiempo inmemorial, se venera la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Desde la creación de la parroquia bajo esta advocación, Ella es la Patrona. Es quien ocupa el centro de la devoción en el templo que reúne a los fieles en la parroquia Alberto Carnevalli. 
Con la creación de la Diócesis, al templo parroquial de Cabimas se le dio el título de Catedral.


Esta condición especial ha contribuido a darle mayor esplendor al culto mariano que se ha venido desarrollando en esta parroquia, que tuvo jornadas y peregrinaciones con la Imagen de la Virgen en octubre, de cara a su    su  solemnidad, el día  7.    


En las  fiestas patronales pasadas, iniciadas con su Bajada el 22 de septiembre al ritmo del conjunto gaitero Los Rosareños, la Reliquia recorrió el municipio. La veneraron en todas las comunidades, en los  cuerpos policiales, en la sede de los bomberos y del comando de la GNB,  colegios, instituciones públicas, empresas privadas, clínicas y en el ambulatorio El Lucero.  


Durante su solemnidad,  la Virgen recibió a sus feligreses desde temprano en la Catedral, la misa la presidió el obispo Ángel Caraballo, a las 11:00 de la mañana. Otra celebración eucarística se celebró a las 5:00 de la tarde y dos horas después la Tabla salio en procesión para bendecir nuevamente a su ciudad. Más de un mes duró la festividad. La Virgen volvió a su nicho el domingo 28 de octubre.


Dice la Iglesia que gracias al rezo del Rosario, las fuerzas cristianas ganaron contra los turcos la Batalla de Lepanto (Grecia), victoria atribuida a la Señora del Rosario. Luego de esta victoria, San Pío V en el siglo XVI instituye el 7 de octubre (aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto) la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias. Su sucesor, el Papa Gregorio XIII  cambió el nombre de esta festividad a Nuestra Señora del Rosario.