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China, Chinita del pueblo zuliano

08:02 AM 29/11/2018

La  devoción  infinita a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá 
se yergue como luz protectora de su grey. Tradición tricentenaria, mantiene inalterables elementos de fe a la advocación mariana del rostro bronceado.

 

Son las gaitas la crónica de la zulianidad. Ellas, que nacieron de la creatividad del pueblo, encontraron en la veneración a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, germen de paz, manto de protección, escudo de fe. Por eso, la gaita despunta como una de las principales e inalterables tradiciones de la devoción a la Chinita, la Virgen que escogió a Maracaibo para renovarse milagrosamente en su Reliquia, el 18 de noviembre de 1709. 
 La fiesta empieza con la Bajada. La Virgen sale de su trono —un conjunto marmóreo en la nave central de la Basílica de Chiquinquirá y San Juan de Dios— el último sábado de octubre. Es la primera expresión del júbilo del zuliano por la celebración de la fiesta marabina. El tobogán se instala y Ella baja a mirar de cerca a su pueblo. 

No es un reencuentro porque Ella está siempre con su gente. Permanece  sí, en la nave izquierda viendo el desfile de devotos que le llevan flores, de los niños recién nacidos, de los que  pagan promesas... 
“Los zulianos te cantamos / y en tu feria te imploramos / paz, dicha y felicidad. / Ruega por la humanidad / en esta fecha gloriosa / oh patrona, milagrosa/ Virgen de Chiquinquirá”, compuso Francisco Morales para que, en la voz de Enrique Gotera, China Chinita se convirtiera en uno de los tantos temas que resume la pleitesía a la Chiquinquirá.
El 17 de noviembre, en la víspera del “más bello y grande día”, como lo califica el compositor y gaitero Jairo Gil, comienza a sonar la gaita. La eucaristía solemne  de la tarde del 18 da paso a la procesión, “una larga oración que por las calles camina”, compuso para el Barrio Obrero, en Señora de mis pensamientos.