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Actualizado hace 59 minutos

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Política y Economía
04:19 PM / 23/05/2019
Análisis: Otro 23
M. Delgado Marcucci
agencias

Como una sucesión de días sin solución política es lo que viven los venezolanos cada 24 horas, muy especialmente desde enero de este año, cuando insólitamente él país empezó a sentir que habían dos universos paralelos en su territorio: una institución, la presidencia, y dos poderes disputándosela: Nicolás Maduro (reelecto el 20 de mayo de 2018 en unos Comicios que no reconoce la oposición y buena parte de la comunidad internacional) y Juan Guaidó, presidente del parlamento (quien alegó usurpación del cargo para autojuramentarse en una plaza pública).

Ya con este de hoy van 5 los meses en los que juan Guaidó levantó su mano y se proclamó presidente y ni uno solo de ellos ha pasado sin que un minicisma sacuda la país, pero a pesar de ello, y pese al respaldo internacional de 50 naciones nada despreciables geopolíticamente hablando, Maduro sigue en su cargo, los militares a su lado, el tsj otro tanto y un nada despreciable porcentaje del 20% del país que le respalda.

Sería fácil concluir que Guaidó fracasó, pero sería erróneo. Igual sería falso concluir que triunfó y que Maduro en cambio está perdido. Ni lo uno ni lo otro y tampoco todo lo contrario.

 

 

 

Los dos están encerrados en un laberinto de pasiones y engaños, en las piruetas de radicales y moderados de cada bando, la retórica dura de la Casa Blanca y las respuestas rusas que son tan rusas como pudieran imaginarse.

Trump y Putin (éste con Xi en su equipo) juegan ajedrez con la situación, y en la tropical capital venezolana, Maduro y Guaidó parecen sólo esperar instrucciones de uno y otro.

Entretanto, la gente se asfixia de vivir en un país llevado al caos y sin salidas a la vista. Los ciudadanos intentan sobrevivir, y el pueblo, esa categoría tan usada y tan poco valorada, es un convidado de papel en la “guerra tibia” que en el mundo ha desatado el caso venezolano.

Maduro es caricaturizado como un demonio, Guaidó como un chico chic. Y cada bando se victimiza y empodera de acuerdo a los aciertos y errores que Nicolas y Juan cometan.

Cuando se equivoca Juan, la pelota queda en Miraflores y se aferran a ella. Cuando se equivoca Nicolás, la esférica pasa a la AN y allí también procuran resguardarla. Hay momentos en que se equivocan los dos y además simultáneamente y entonces la pelota la toman los árbitros internacionales : la Casa Blanca y el Kremlin y también procuran no ceder el balón... así las cosas es difícil imaginar el desenlace del juego pero es fácil deducir que será duro y batallado.

Los 23 se acumulan, mes a mes, así como los días, las necesidades y los errores. Hace falta que Juan y Nicolás, y sus pirueteros radicales y moderados pongan como prioridad a Venezuela, a ese pueblo al que tanto apelan, para lograr un entendimiento mínimo que nos permita salir de este atolladero político y económico que ha devenido en una catástrofe social y que ya no resiste una nueva postergación a las soluciones esperadas... de cara a un homenaje a Carabobo y su definitoria batalla hace ya casi 200 años, regálenle al país un acuerdo liberador de esta pesadilla que actualmente vivimos.

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