Análisis: ¿Del 5-E al “peor de los mundos”?

El Gobierno apuesta por una estrategia que incluso contempla adelantar la parlamentarias. Oposición se relanza con la difícil tarea de mantener la cohesión y el dilema de si ir o no a las elecciones a la nueva AN de este año.

Por:  Heilet Morales

A una semana del tumultuoso 5 de enero del 2020 en el Palacio Federal Legislativo, el ajedrez político de la crisis venezolana se mueve ante los ojos del mundo con un Gobierno cada más cuestionado en el escenario internacional, ahora sin el lomo de Argentina, México y el Grupo de Contacto internacional para maniobrar; y una oposición relanzada con una bocanada de aire que deberá administrar para evitar ser víctima de un efecto “Alka Seltzer”.

La apuesta del chavismo por Luis Parra, cuyo acervo de capital electoral para llegar a la Asamblea Nacional fue de 3.929 votos en diciembre del 2015, se alejó incluso de la lógica política que indicaba de que una terna “bajo el auspicio” de Miraflores surgiría de la “mesita”, donde la administración Maduro dialoga con Falcón, Zambrano, Fermín y Mujica. Pues nunca se hizo pública una terna de ellos, sino más bien de los parlamentarios cuestionados por el escándalo de corrupción de los Clap.

Luis Parra llegó a la Asamblea Nacional con 3.929 votos, por el estado Yaracuy.
 

De forma tibia, la oposición de la “mesita” cuestionó la jugada a tal punto de que el partido de Timoteo Zambrano, Cambiemos, se desmarcó el mismo domingo de la “directiva” que reconoce el Gobierno y Henri Falcón, y su “Avanzada Progresista”, declaró: “La elección de una nueva directiva en la AN ha sido burlada, dándole un espectáculo bochornoso al país y el mundo que espera sensatez y responsabilidad desde todos los factores políticos, en la búsqueda de una solución política a la crisis nacional”.

Incluso, amenazó con pararse de la autodenominada mesa de diálogo nacional sino se producían más liberaciones de presos políticos, cosa que sucedió el mismo lunes 6 de enero en un ejercicio de “control de daños” de Miraflores.

El único efecto del tándem de Luis Parra, Franklin Duarte y José Noriega para Miraflores ha sido poner el énfasis en las parlamentarias como máximo objetivo político para el 2020, en un costoso esfuerzo por disuadir más el propósito de unas presidenciales. “Lo que realmente cambia el panorama político venezolano es que nos alerta, una vez más, que el elemento central de la agenda política del país durante el 2020 serán las elecciones parlamentarias (…) La oposición tiene la obligación de ganar esas elecciones, de ratificar el triunfo del 2015 y, posiblemente ampliarlo; pero el Gobierno también tiene la obligación de ganarlas y ya vemos de lo que son capaces de hacer e intentarán hacer todo lo que esté a su alcance para ganar esa Asamblea”, interviene el experto electoral Andrés Caleca.

En un contexto en el que el chavismo no distingue entre cuidar las formas y el fondo para intentar desbancar a Guaidó parece claro el fondo del asunto para este año: adelantar las elecciones parlamentarias  y la próxima parada parece estar en el centro de Caracas,  al final de la avenida Baralt, en la sede del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para la escogencia de un nuevo CNE, por “omisión legislativa”.

Agrega el analista Caleca que “ellos (el Psuv) juegan con una paciencia y una calma inusitada con este tema porque saben que tienen esa llave, que el TSJ en cualquier momento, como lo ha hecho en los últimos años, declara la omisión legislativa y procede a designar al CNE, pero eso no le sirve ni al Psuv”.

Del lado de la oposición “menos conviene que esto vaya al TSJ porque teniendo la mayoría que tienen en la Asamblea Nacional pudieran negociar con esa fracción del Psuv que se ha incorporado y que es la primera minoría pudieran hacer una negociación que de un CNE justo, decente, no a un Consejo Electoral que sea de oposición, eso no debe ocurrir”.

Si la Asamblea Nacional, instancia constitucionalmente facultada para la necesaria renovación del Poder Electoral, queda reducida a sesiones tumultuosas se achican los espacios para una elección que pasa necesariamente por acuerdos políticos.

En este contexto, la remozada oposición que salió del 5 de enero recupera la pelota hacia su terreno, pero casi sin margen para incurrir en errores. La imagen de Guaidó y los diputados de oposición haciendo frente a los militares que les negaban el acceso al Palacio Federal Legislativo le dio la vuelta al mundo y es, políticamente, mucho más que una foto, es la radiografía de un país cada día más desinstitucionalizado.

La imágenes, videos y todo el testimonio visual del 5 de enero mostró al mundo
un país con un gravísimo problema de institucionalidad.

 

“La recuperación esperada en la popularidad de Guaidó, producto de la simbología de valentía y estrategia exitosa frente al golpe institucional contra la AN es un activo muy valioso para provocar unidad interna y movilización social. Pero debe usarla rápidamente, pues es efímera”, espeta el influyente analista venezolano Luis Vicente León, en su discernimiento por twitter de la crisis política del país.

El respaldo de la comunidad internacional es prácticamente total, pero de la misma manera el llamado a una negociación política se mantiene por parte de las cancillerías del mundo, ahora sumando a EE UU en esa misma dirección.

“El intento de golpe contra la AN, permitió a la oposición institucional (más allá de los diputados comercializables) reunificarse frente a su enemigo. Ahora debe superar el reto de mantenerse unida frente a la decisión de participar o no en parlamentarias controladas por el chavismo”, cree el  también director de Datanálisis, Luis Vicente León.

Y es que la apuesta de adelantar las parlamentarias, de escoger un nuevo CNE, vía TSJ, busca precisamente horadar el talón de Aquiles de la oposición: la unidad.

Entonces no es difícil de advertir el dilema: participar o no en las parlamentarias que se celebrarán este año. De momento, ya  Juan Pablo Guanipa, flamante primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, movió ficha: “No participaremos en ningún simulacro electoral”.

“Nos corresponde incrementar la presión interna y externa para lograr que ese cambio político pueda darse. La negociación, si va directamente encaminada a la salida de Maduro y sus cómplices, sigue siendo una opción”, dijo a este medio.

La Asamblea Nacional fue objeto esta semana de una auténtica militarización.
 

Justamente una negociación es la que han planteado una y otra vez la comunidad internacional, los analistas políticos y las voces más mesuradas de la oposición. El dirigente comunal y periodista Jesús Chuo Torrealba insiste en que “para lograr elecciones tiene que haber una negociación que permita la selección de un CNE confiable que haya observación internacional, pero para que eso se dé hay que negociar, hay que presionarlos, no es tiempo de cerrar puertas”.

Entonces después vino la negativa a aceptar los contactos del Reino de Noruega por parte de la oposición. “Reiteramos que el proceso de Oslo-Barbados ha sido clausurado y que por lo tanto no vamos a participar en ninguna reunión. Maduro ha impedido toda solución negociada a la crisis venezolana”, dijo en un comunicado el ala opositora al mando de Guaidó.

Una de las cosas que han quedado claras en 20 años de chavismo es que espacio que abandona la oposición, espacio que ocupa el Gobierno, ya pasó en el 2005, cuando el retiro de las parlamentarias hizo del Parlamento un apéndice de Miraflores, ¿está dispuesta la oposición a vivir su ‘deja vu’?, en este sentido, León estima que “el mayor problema para mantener la unidad institucional de la oposición es que los argumentos de las dos facciones: pro participación y pro abstención en parlamentarias (que evidentemente no tendrán las condiciones de competitividad) son sólidos y muy difíciles de conciliar”.

En diciembre pasado, el analista sostenía en entrevista con esta Casa Editorial que “no es verdad que se tienen que tener todas las condiciones para participar. Eso es miope, porque no las vas a tener, al final, es un debate prácticamente ideológico: ‘Participo si todo es perfecto’, pero como nunca es perfecto, entonces nunca participo y si nunca participo no hay “momentum” y no produzco el cambio que es lo que, en efecto, ha ocurrido en Venezuela”.

“Negociaciones políticas se han realizado en peores circunstancias que estas a lo largo de nuestra historia y de la historia de la humanidad, en situaciones de guerra, en situaciones de conflicto muchísimo más graves que los que ha vivido Venezuela las partes han logrado sentarse a negociar armisticios, han acordado suspensiones de fuego, condiciones mínimas de civilidad en una guerra, pero bueno en todo caso el estamento político venezolano está obligado a crear las mejores condiciones posibles para esas elecciones que están previstas, además de otros problemas gravísimos que tiene el país”, agrega Caleca.

De hecho probablemente lo más sorprendente que surgió del 5 de enero fue el pronunciamiento de Mike Pompeo, ni más ni menos que secretario de Estado de Trump. La palabra negociación no aparecía en el diccionario que la Casa Blanca tiene para el caso Venezuela y que Pompeo diga:  "Una rápida transición negociada a la democracia es la ruta más efectiva y sostenible hacia la paz y la prosperidad en Venezuela".

El Gobierno que desconoció a Maduro y que dio total respaldo a Guaidó ahora reconoce que la salida del laberinto de la crisis venezolana es un proceso alejado de cortoplacismos.

Más allá de todas las lecturas el manojo de cartas para una negociación política aumentó, chavismo y oposición comienzan a jugar sus primeras manos, el país y sus demonios aguardan por una luz en el camino.

    

    

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