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Política y Economía
04:34 PM / 18/09/2019
Análisis: Acuerdo Gobierno-ala opositora aviva la polarización y radicalismos
Heilet Morales

Nadie es indiferente en el mundo político al acuerdo entre Miraflores y los partidos minoritarios de la oposición (Cambiemos, Avanzada Progresista, el MAS, Soluciones para Venezuela y una fracción de Bandera Roja). Unos toman distancia y lo condenan al fracaso, otros lo defienden a capa y espada y los menos; se toman su tiempo para evaluar el alcance de lo  que está sobre la mesa.

Por lo pronto, su primer resultado es la libertad de un peso pesado de los presos políticos: Edgar Zambrano, quien fue detenido en mayo en un proceso judicial sumarísimo acusado de estar detrás de la intentona del 30 de abril, proceso del cual era el único detenido de una veintena de diputados señalados.

Entretanto, se hace esperar el regreso de los diputados del Psuv a la Asamblea Nacional, una promesa no menor, tomando en cuenta que eso supone que Diosdado Cabello y Cilia Flores,  ni más ni menos, serán parte de una minoría parlamentaria que no tiene el mando.

Tampoco se sabe cómo van a designar a los nuevos rectores del Poder Electoral, tarea de exclusiva competencia de la Asamblea Nacional, salvo omisión legislativa, como sucedió en el 2003, cuando fue la Sala Constitucional del entonces Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) la que escogió al Poder Electoral que lideró Francisco Carrasquero.

Sobre la Asamblea Nacional Constituyente  (ANC) apenas hay una mención en el documento firmado para “evaluar su funcionamiento”, nada más lejos de su extinción, como se ha planteado en una y otra y otra mesa de negociación.

Así las cosas, las opiniones son disímiles de uno y otro sector, incluyendo a los disidentes del chavismo y los radicales de la oposición, que le apuntan a Juan Guaidó.

Desde ese sector opositor, María Corina Machado decía en una entrevista a la CNN en Español que “lo importante es lo que dice más del 90% de la población venezolana, que ya sabemos lo que significan estos diálogos. Sí van a soltar a más presos, pero no es libertad”.

En ese contexto, la “mandamás” de Vente Venezuela también “lanzó un tiro por elevación” a Guaidó:   “No basta con que esté representado Juan Guaidó en un supuesto diálogo, porque Cuba, Zapatero y el señor Timoteo siempre han estado allí presentes. Lo que  plantean hoy es el régimen sentado con el régimen”.

Por el chavismo crítico, Maripilli Hernández, exministra de Hugo Chávez se pronunció: “La única oposición ‘a la medida’ del Gobierno ha sido la encabezada por Leopoldo López y su avatar Guaidó. Desde 2014, con la famosa ‘salida’, no han hecho otra cosa que atornillar a Maduro. Y esto no es una opinión, es lo que demuestra la evidencia”.

Hiram Gaviria a través de su partido Puente, siempre ponderado y defensor de una negociación también toma distancia del acuerdo de Casa Amarilla del pasado lunes alegando falta de representatividad.  “Rechazamos de manera categórica, por engañoso y carente de representatividad y legitimidad” al acuerdo. No obstante, también le reclama al presidente de la Asamblea Nacional su falta de inclusión de diversos sectores en la mesa apadrinada por Noruega.

Aunque le reitera su respaldo como presidente del Parlamento y líder de la oposición a Guaidó, el veterano dirigente a través del comunicado de Puente agrega: “Juan Guaido, la Asamblea Nacional y los principales partidos que tienen representación parlamentaria no han asumido y defendido, con la claridad y fuerzas necesarias, el camino del diálogo y la negociación, en particular el mecanismo de Noruega, como la ruta más confiable para encontrar soluciones compartidas y estables a la crisis venezolana.  De igual manera, reclamamos que no se hayan realizado las gestiones pertinentes para informar e incluir en las iniciativas y decisiones de Juan Guaidó y de la Asamblea Nacional a todos los diversos sectores que abogamos por un cambio en Venezuela”.

Desde el exilio, en Bogotá, Julio Borges, “canciller” del parlamentario, reconocido como presidente (e) por medio centenar de países, echó mano de la relación Castrismo-Madurismo para cuestionar el acuerdo: “La Unión Soviética y Cuba también fabricaron su oposición a la medida y esta complicidad siempre terminó en un gran fracaso. Quienes se prestan para esta maniobra no representan al pueblo venezolano, nuestra agenda sigue firme: la salida de la dictadura”.

Uno de los artífices de esta mesa, Timoteo Zambrano, decía en el programa de Vladimir Villegas que esta mismo año le apuntan a renovar el Poder Electoral: “Uno de los compromisos importantes dentro de los Acuerdos Parciales es nombrar un nuevo CNE este año dentro de lo que estipula la Constitución, para ello presentamos un Estatuto Electoral en la AN para acortar los lapsos”.

Alusión que deja claro que será la Asamblea Nacional la que definirá el nuevo Poder Electoral. Menuda tarea.

“Este proceso de negociación debe ser abierto y transparente, nosotros le dimos pleno respaldo a Noruega. Y creemos que la mesa nacional es complementaria al proceso noruego que tiene respaldo internacional. Es importante generar confianza en la negociación”, agregaba Zambrano buscando oxígeno internacional a la mesa.

Distanciado del Gobierno y de la oposición, Rafael Ramírez, también desde el exilio, pero en Europa, escribió un artículo, Detrás del circo, en el  que cuestiona que “las negociaciones impulsadas por el gobierno de Noruega naufragan entre la intolerancia y falta de voluntad política de las partes. Los que han negociado no representan al país, carecen de legitimidad, unidad de propósitos y ni siquiera son soberanos en sus decisiones”.

A juicio de Ramírez, “la loable iniciativa del país nórdico fue saboteada desde el principio y corre la misma suerte de la iniciativa del Papa Francisco y de las negociaciones en República Dominicana. Todas ellas han sido utilizadas por las partes para ganar tiempo y coger aire, en ese eterno “guanteo”, donde la única víctima es el país”.

Agrega que “ahora cada parte recurre a sus acostumbradas maniobras para distraer la atención de sus fracasos y sus verdaderas intenciones. El madurismo pretende ocultar su manifiesta incapacidad para conducir al país y la economía; y la oposición de ultraderecha quiere disfrazar su intolerancia y la inviabilidad política de entregar lo que queda de patria a los intereses extranjeros”.

Como parece que nadie se quiere poner de acuerdo, EE UU ya movió ficha, “las sanciones no se levantan hasta que se vaya Maduro”, dijo la noche del martes el Departamento de Estado en un comunicado, poco después de que Timoteo Zambrano dijera que “con sanciones no habrán elecciones”.

Así las cosas la crisis del país sigue su curso, con dos avances clave por concretarse, un nuevo CNE y el regreso del Psuv a la AN; pero paradójicamente, ahora con más nudos que desatar.



   

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