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Berna Iskandar a Pitoquito: "Los niños necesitan ser amados tal y como son"
05:00 PM / 19/07/2016 - Mariana Tello
Virginia Mejía

La magia de la infancia, la pureza de los niños, su espíritu creativo y alegre fueron la inspiración de la periodista y conferencista Berna Iskandar quien apuesta por un modelo de crianza respetuosa desde el amor y la conexión con el alma: “Las personas civilizadas no necesitan   gritar o golpear para entenderse, el diálogo y los acuerdos deberían regular las relaciones”, destacó la pionera de la divulgación de la crianza respetuosa en Venezuela en entrevista a PITOQUITO.

A propósito de ser julio el mes del niño, Pitoquito y sus amigos conversaron con la creadora de “Conoce mi mundo” y te presentamos la entrevista que busca favorecer las relaciones familiares y la conexión entre padres e hijos, para formar niños alegres y adultos felices. 

 

¿Cuál es la visión que se tiene de los niños?

Los niños tienen muy mala prensa en esta civilización. Siempre se les ha catalogado como emperadores, tiranos, manipuladores, a los que debemos frustrar  y poner  límites mediante el miedo, las amenazas, la imposición… porque de lo contrario  se van a convertir en seres seres asociales. Las doctrinas hostiles a la infancia son muchas, vivimos en un mundo que está orientado por estas doctrinas. Se dice o se cree que el niño es inherentemente malo, nace con el  pecado original, hay que bautizarlos. Se piensa que a los niños hay que condicionarlos como si fueran programables, como robots, a través de recursos conductistas, la obediencia ciega y adiestramiento. Los niños no son como nos han hecho creer. Los adultos necesitamos desmontar estos prejuicios y reaprender a valorar a los niños tal y como son, a tratarlos con el amor y el respeto que ellos esperan y merecen.

 

 

¿Cuál es la realidad del niño que maneja y quiere dar a conocer?

Que el niño básicamente es un ser que nace con la capacidad de amar, de ser generoso, de ser altruista,  de ser empático y en la medida que reciba ese trato va a desarrollar esas cualidades y valores.

 

¿Y cómo descubrir esa realidad? ¿cómo aprender a escuchar al niño desde el corazón? 

Las voces exteriores de la civilización con conceptos falsos de lo que es o debe ser un niño, privan en nuestro condicionamiento. Si en cambio nos dejáramos llevar por la intuición, por la sabiduría ancestral, si nos conectáramos con el llanto del niño, con sus pedidos de presencia segurizante, mirada, amor, sabremos qué hacer. Por ejemplo ¿qué quiere hacer una madre cuando su hijo llora? Cargarlo, consolarlo,  pero ¿que dice el pediatra, el psicopedagogo, la conseja popular…? Dicen que si lo cargas lo vas a malcriar o que lo dejes llorar para que aprenda a tolerar frustración. Todas son creencias basadas en la falta de formación veraz, en las muchas lagunas que tenemos sobre de los procesos psicoafectivos reales del niño. Sin embargo la sabia intuición de la madre siempre dice qué hacer: cargarlo, amarlo, consolarlo. Entonces escuchemos más a la intuición y menos a las voces exteriores. Recuperemos la capacidad de escucha a nuestro sentido común, que en algún lugar quedó sepultado tras capas sucesivas de condicionamientos adultocentristas, represivos, durante la propia infancia.

 

 

¿Qué es fundamental que los padres conozcan?

Es importante que los padres entiendan que los niños pasan por distintas etapas madurativas; en los primeros años se encuentran en una etapa egocéntrica -no egoísta-  porque están todavía desarrollando una cantidad de nociones de la razón que luego les permitirán comprender y  manejar sus emociones y su conducta de manera más madura, sin berrinches, adaptándose mejor a las exigencias adultas. Despertarse con frecuencia por las noches, descargar emociones con golpes, mordiscos, querer agarrar todo lo que se encuentran,  no sentarse a la mesa como lo hace un adulto o niño más grande, etc., son comportamientos normales de los niño más pequeños, por ejemplo. Estos  comportamientos van quedando atrás en la medida en que el niño madura. Mientras tanto podemos acompañarlos con estrategias y abordajes respetuosos, como crear entornos seguros para que exploren sin riesgos, la anticipación, la distracción, usar el juego, la creatividad para motivarlos a cooperar, o ser firmes sin ser violentos cuando estamos ante un límite innegociable como cruzar solos la calle… Es fundamental que padres y educadores comprendamos qué podemos esperar o no según sea el momento madurativo del niño y basar nuestras expectativas sobre esa realidad para acompañarlos con respeto y sin violencia.  

 

¿Qué importancia le da a la comunicación tanto verbal como no verbal?

Siempre recomiendo a los padres hablarle a los niños con la verdad. Palabrearles, contarles lo que pasa, describir con palabras las experiencias cotidianas “vamos a cambiarte el pañal, vas a ver que rico te vas a sentir cuando estés limpito”… nombrar la experiencia subjetiva del niño “¿tienes hambre, tienes miedo, estas contento?”… hacer un esfuerzo por ponernos en su lugar, interpretar lo que sienten y nombrar eso que sienten con un discurso coherente con su verdadero sentir. Contarle lo que nos pasa, lo que esperamos de ellos. Aun cuando sea muy pequeño y no haya adquirido el lenguaje, los niños captan la intención, las emociones y el gesto de la madre. Por tanto nombrarles la experiencia con un discurso coherente con la realidad, ayuda al niño a tranquilizarse, a poner orden a la experiencia y suavizar su campo emocional. Además de que les ofrecemos recursos para aprender a nombrar lo que les pasa.

 

 

¿Cómo conocer al niño, aprender a mirarlo desde el corazón?

En primer lugar con formación para desaprender las falacias que nos han hecho creer sobre los niños, sus necesidades y procesos emocionales. Para reaprender a mirarlos como son y amarlos como esperan y necesitan.

En segundo lugar y no menos importante, a través de la transformación personal que se logra con el autoconocimiento, la terapia adecuada, la búsqueda interior, para darnos cuenta de lo que realmente nos pasó cuando fuimos niños y de cómo eso que nos pasó nos impide comprender sin juzgar a las criaturas a nuestro cargo hoy, cómo eso que nos pasó, ahora cercena nuestra disponibilidad emocional para validar y prodigar sus necesidades... cómo el miedo, la soledad fruto de patrones insanos de crianza en nuestra infancia nos están impidiendo ahora amar a nuestros niños incondicionalmente. Porque solo dándonos cuenta podemos hacer algo al respecto.

¿Qué ve en un niño?

Veo magia, energía vital, pureza, verdad. No ha pasado todavía por ellos el tamiz de los condicionamientos sociales, por eso saben lo que les encaja y lo dicen, lo expresan abiertamente de manera pura y total. Los niños pequeños no tienen cuentos, son puros y totales, también son telepáticos, aun cuando  no manejen el lenguaje verbal se conectan con las emociones de las personas, especialmente con sus figuras de apego primario, y con el clima emocional que les rodea. Conectan y sienten lo que estamos sintiendo.  

A menudo pierdo mi fe en la humanidad, pero en la mirada limpia de un niño, siempre vuelvo a encontrarla. Ellos nacen con el potencial para amar, para mantenerse en sintonía con su brújula interior, para ser empáticos, altruistas. Solo necesitan que los acompañemos con amor y con respeto para desplegar todo ese potencial.

 

 

¿Cuál sería tu mensaje para los niños?

A los niños yo les diría y les haría sentir que merecen ser amados tal y como son, que no hay nada que pretender, nada que aparentar para ganarse el amor de sus padres o la aprobación  de los demás. Les diría y abriría el espacio para que sean ellos mismos, les diría enfáticamente que no les cambiaría absolutamente nada, porque son maravilloso, son perfectos. Ya decía Alexander Neill:  No hay “niños problema”, sino “padres problema” y una “humanidad problema”.

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