¿Y ahora el  petróleo? / Por: Juan Pablo Guanipa

Por:  Juan Pablo Guanipa


La crisis mundial que ya se manifiesta en distintos órdenes, producto de la pandemia del Covid-19, pone a Venezuela en una situación mucho más precaria que intensifica la tragedia generada por la narcodictadura de Nicolás Maduro. Si esta nueva situación nos hubiera encontrado con un país democrático, con un estado y una sociedad fuertes, pujantes y proactivos, tendríamos todas las posibilidades de superarla a costos relativamente bajos. Pero nos ha tocado en momentos turbulentos, con un estado convertido en un peligroso criminal que acecha y agrede a una sociedad exhausta que lucha por su sobrevivencia en medio de las peores condiciones.

Algún día podremos medir, cuantificar, el daño material y espiritual que el crimen organizado que usurpa el poder le ha hecho a Venezuela. Y siempre tendremos la obligación de recordar lo sucedido, para que nunca volvamos a caer en las fauces de unos desquiciados a quienes les importa un bledo la persona humana y la sociedad.

Si algo nos afecta como país, para bien o para mal, por nuestra propia responsabilidad producto de la no diversificación de la economía, es la volatilidad del precio del petróleo. En estos 20 años de ignominia hemos vivido los dos extremos más marcados en esa variación de precios.

Al principio de la década pasada el petróleo estuvo rondando, por tres años, el precio de $120 por barril. Hoy, producto de esta situación mundial, en medio de una crisis de demanda sin precedentes, el petróleo vale nada.

Ayer comenzó a $12 el barril y cuando el día terminó había perdido todo su valor, se cotizó en negativo por primera vez en la historia. Esto quiere decir que un país productor de petróleo, paga para que se lo lleven. Es algo que jamás pensamos que podría pasar y está pasando. 

¿Es está realidad una pésima noticia para Venezuela? Obvio que si. El problema es que produzcamos lo que produzcamos, vendamos el petróleo a cómo lo vendamos, no hay forma de lograr buenas noticias mientras Maduro y sus cómplices sigan usurpando el poder. Cuando el señor Chávez ganó la presidencia (1998), teníamos una producción diaria de 3.2 millones de barriles de petróleo.

El precio estaba en $12 cada barril. La apertura petrolera auguraba un importante incremento en la producción que nos tendría hoy en 6 millones de barriles/día. En los años siguientes, por factores diversos, el precio se incrementaba paulatinamente, mientras tanto, nuestra producción bajaba paulatinamente también. Cuando el petróleo llegó a ese pico de $120, ya habíamos bajado nuestra producción en casi un millón de barriles diarios. Hoy, con valor cero, producimos escasos 700 mil barriles al día. 

Si cuando tuvimos ese pico de precios, Chavez y Maduro produjeron la desgracia que han sido los resultados de su gestión ¿qué podemos esperar hoy con la producción y el precio destruidos? 

Toda esta situación ratifica que la propuesta hecha por Juan Guaido, por la unidad democrática venezolana y por la mayoría de países de América y Europa, es impostergable. Venezuela necesita ya un Gobierno de Emergencia Nacional, conducido por un Consejo de Estado donde no estén Maduro ni Guaidó (quien seguiría en la Presidencia de la AN), que aborde esta profunda crisis con la participación de todos los factores políticos, todos los sectores productivos y toda la sociedad, y que simultáneamente prepare todo para que tengamos elecciones presidenciales y parlamentarias en 10 meses. 

En toda esta ecuación, debe estar muy claramente establecido el tratamiento serio y responsable de los asuntos macroeconómicos y de la pandemia del Covid-19 cuya situación podría ser cada día más grave en nuestro país. Todo lo que hagamos debe estar enfocado en la preservación de la vida de los ciudadanos de Venezuela y en la recuperación económica y sanitaria del país para que podamos, también, ofrecer a nuestra gente esa calidad de vida que está dictadura nos ha quitado. ¡El Gobierno de Emergencia Nacional es necesario ya! ¡Cualquier vía para lograrlo es legitima!

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