Una historia… un aprendizaje / Por: Iván López Caudeiron

Por:  Iván López Caudeiron

 

  Para el año de 1917, Ray Kroc era un impetuoso muchacho de 15 años que mintió sobre su edad para unirse a la Cruz Roja, pero la guerra terminó y tuvo que buscar trabajo. Primero fue pianista y luego, en 1922, viajante comercial de la empresa Lily Tulip Cup Co. vendía vasos de cartón, y así conoció en 1937 a Earl Prince, inventor de una batidora de cinco aspas. Kroc quedó fascinado con la máquina y obtuvo los derechos exclusivos de su venta. Durante los 17 años siguientes recorrió los EE.UU. vendiendo e

l aparato de puerta en puerta.

   En 1954, durante uno de esos viajes, Kroc descubrió un extraordinario restaurante en San Bernardino, California, propiedad de dos hermanos: Dick y Mac McDonald. Estos habían encargado ocho batidoras y las usaban todo el día. Kroc quedó impresionado con la eficacia del negocio: un menú limitado, basado en hamburguesas. Hamburguesas con queso, papas fritas, refrescos y batidos, todo al precio más barato posible. Kroc empezó a pensar en la idea de construir restaurantes McDonald´s por todo el país y se la propuso a los hermanos. Cuando estos le preguntaron: “¿Y quién los abriría para nosotros?”, Kroc ya tenía una respuesta: “¿Qué les parezco yo?”. Para ese entonces Kroc contaba con 52 años de edad, padecía diabetes y una artritis incipiente. Había perdido la vesícula biliar y la mayor parte de su glándula tiroides, pero estaba convencido de que lo mejor todavía estaba por llegar.

  En 1961 acabó convenciendo a los McDonald de que le vendieran el negocio por unos míseros 2.7 millones de dólares. Y ya para 1963 se inauguró el McDonald´s número 500. Con el paso de los años Mcdonald´s se ha convertido en la cadena de comida más universalmente conocida en el mundo, teniendo al menos un punto de venta en más de 124 países del orbe. Kroc, comenzó todo este imperio comercial a pesar de sus inconvenientes físicos, con un bastión: su inquebrantable fe en sí mismo.

  La historia anterior narra un “aprendizaje”. Sí, así es. Kroc siempre se aventuró hacia nuevas formas de aprender, cambiar sus hábitos laborales y maneras de ver la vida, y ganársela. Él se planteó metas tentadoras, atractivas, retadoras, de las cuales sacó satisfacción y orgulloso por lo hecho y éxito alcanzados. Aprendió del fracaso. Entendió que los grandes logros requieren grandes esfuerzos y sacrificios. Todo esto plantea un aprendizaje social. Alcanzar metas nos da seguridad. Si persistimos en ellas, no solamente alcanzamos el éxito, sino a la vez nos vamos transformando intelectual y afectivamente. Con las metas aprendemos a evaluar objetivamente nuestras acciones, estando en capacidad de exigirnos y de realizar tareas mayores. Si hemos errado o fracasado, tal experiencia más bien puede convertirse en un paso hacia el éxito cuando ella es utilizada inteligentemente. Una muestra es la actitud de Ray Kroc, quien por encima de adversidades y situaciones esquivas, siguió soñando, continuó creyendo en sí mismo; su fe lo energizó e impulsó hacia adelante en vez de sentarse a llorar, culpar a otros o aceptar infortunios. Conmstruyó su futuro con esfuerzo, creatividad, y confianza. Y todo esto se aprende.

   Es necesario diseñar programas que lleven a un nuevo aprendizaje colectivo e individual. Este nuevo proceso de percepción debe pasar por los siguientes aspectos, que serán como el A B C de lo que se quiere aprender: tener un profundo aprecio por quienes somos; aceptar las diferencias que nos distinguen de los demás; saber que hay cosas en las cuales acertamos y otras que no lo hacemos del todo bien; y, aceptar nuestras condiciones y cualidades con el máximo respeto posible, con la idea amable de que podemos cambiar, y cambiar para nuestro bien, fundamentalmente. Estos programas son para aplicarse desde el hogar y la familia, la escuela y sitios de trabajo, y abarca a todas las personas interesadas en tener un porvenir. Tal vez Kroc, no recibió ninguna de estas ayudas, pero él actuó como si hubiese tenido acceso a estas informaciones. Y lo demostró a una edad en la que muchos caen derrotados, cuando tenía más de 50 años.

  Todos somos capaces de cambiar, de modificarnos, de aprender, de desarrollar nuestra internalidad si somos estimulados apropiadamente. Esto se logra, además del aprecio y afecto que nos tengamos, si comprendemos que nuestras vidas no son una sucesión de eventos aleatorios, sino, que en gran medida somos responsables de lo que nos ocurre… SOMOS DUEÑOS DE NUESTRO PROPIO FUTURO; ese es el aprendizaje

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