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Opinión
06:00 AM / 20/01/2019
Un fantasma recorre la sala del hemiciclo, por Rafael Ramírez
Rafael Ramírez

Un fantasma recorre la sala del hemiciclo... 

...llenando de frío y miedo a las fuerzas que han hecho una extraña alianza para traicionarlo y acosarlo: el fantasma de Chávez.

El discurso de Maduro en la instalación de su autoproclamado nuevo período presidencial, el pasado 10 de enero, estuvo lleno de incoherencia y mentiras, omisiones, promesas y frases altisonantes en busca de una autoridad que no tiene, pero además, dejó entrever una profunda contradicción: no puede justificar su traición al legado del Presidente Chávez; y, más grave aún, la violación abierta y descarada a nuestra Constitución y las leyes.

Esta contradicción, se deja entrever en la ausencia del equilibrio y la calma que debería caracterizar a un jefe de Estado o, al menos, de alguien que este obrado de buena manera, actúa con el desespero de Iscariote. De cualquier manera, no deja de sorprender y preocupar la absurda obsesión y odio contra lo que él llama “rojo rojito”, contra mi persona como representantes del Chavismo Chavista.

No desperdició ni un momento de su letanía en cadena nacional, con eructo incluído, para verter todo tipo de ofensas y amenazas en mi contra, en lo que ya ha sido su actitud reiterada en cualquier intervención pública que lo enfrente a la realidad de su fracaso: así lo hizo en su último mensaje al país, hace exactamente un año; en el anuncio de su paquetazo del 17 de agosto pasado; en el estéril Congreso del PSUV, en el entierro de Alí Rodríguez y ahora, en esta oportunidad.

Es una conducta peligrosa, tomando en cuenta que proviene de una persona que ha demostrado no tener ningún tipo de escrúpulos a la hora de abusar del poder que le confiere su condición de presidente, y creador de una estructura propia que maneja a su antojo el Poder Judicial y Policial del Estado.

Por ello, es que no puedo volver al país: soy un perseguido político de Maduro, el cual me invita a que “me entregue” (lo cual evidencia que ellos ya me condenaron), para que él pueda descargar sobre mí todo su odio y frustración, como ha hecho con Nelson Martinez, Eulogio Delpino, Rodríguez Torres, Baduel y tantos cientos de detenidos y secuestrados de su gobierno.

Yo seguiré denunciando y alertando al país, reorganizando a la opción del Chavismo Chavista, dirigiéndome al pueblo y a las Fuerzas Armadas Bolivarianas, que todavía están a tiempo de ponerse del lado de la Constitución y del País.

De su “mensaje al país” lo único que queda claro para todos, es que con Maduro no hay futuro. Su gobierno es inviable. Sus promesas carecen de credibilidad, son las mismas de siempre, reiteradas una y otra vez. Pero ahora las hace en tono desesperado, con el agua al cuello, ante un país destrozado.

¿Cómo va a prometer que subirá la producción de petróleo a 5 millones de barriles día al 2025, si por el contrario, durante su nefasta gestión en PDVSA, en sólo 4 años, la producción de petróleo ha caído dos millones de barriles día, a tan sólo 1,1 millones de barriles día?

A pesar de sus excusas y mentiras: que si la “corrupción”, que si la “conspiración”, que si la PDVSA “roja rojita”, etc, todo el país y los trabajadores, sabemos que han sido sus nefastas decisiones, la incapacidad de sus equipos, la persecución interna, lo que ha colapsado a la empresa.

Ahora, entrega el petróleo y el gas de manera ilegal. Maduro sabe que está violando la Constitución en sus artículos 303 y 302, además de la Ley Orgánica de Hidrocarburos.

Tanto lo sabe que el TSJ emitió la sentencia 156, el 28 de marzo de 2017, para que los contratos petroleros pasen directamente de manos de PDVSA al TSJ para aprobarlos, violando todos los mecanismos establecidos en la Ley Orgánica de Hidrocarburos para dar el visto bueno a esos contratos que son de interés público.

Tan consciente está Maduro de la violación de la Constitución y la Ley, que el 12 de abril de 2018 emitió el decreto 3.368, donde autoriza a Quevedo a que tome “todas las medidas que considere necesarias” y apruebe los contratos de acuerdo con la “práctica” de las empresas, de la forma que sea, para “aumentar la producción petrolera”.

Así, se ha concretado la entrega de los mejores campos, otrora operados por PDVSA, a las 14 “empresas” constituidas por su entorno, para este fin. Han entregado el gas a las empresas europeas y rusas, mientras instruye a sus funcionarios que le exijan al pueblo que cocinen a leña. Ha entregado las mejores áreas de PDVSA en la Faja Petrolífera del Orinoco a las empresas rusas y chinas. En cada viaje que hace Maduro, va entregando más áreas a la compañías internacionales.

Y ahora, entrega los Campos Rosa Mediano y Tía Juana a “EREPLA”, empresa constituida en un paraíso fiscal, Delaware, EEUU, el pasado mes de noviembre, junto a capital nigeriano, para, en violación flagrante a lo establecido en nuestra Ley Orgánica de Hidrocarburos y nuestra Constitución, se suscriban contratos “autorizados” por organismos extranjeros, en vez de venezolanos.

El acuerdo coloca en manos de la recién creada empresa, no sólo la operación de nuestros campos y la comercialización del petróleo, actividades reservadas por la ley a PDVSA, sino, a manejar el ingreso petrolero en “bancos autorizados por agencias internacionales”, actividades estas que, nuevamente de acuerdo con nuestra ley, son de exclusiva competencia de PDVSA y el BCV.

Deben saber estos privados que todos esos contratos son nulos de origen, por lo que no tienen ningún efecto legal, ni hacia atrás ni hacia adelante. Es decir, cuando se restablezca la Constitución y el Estado de Derecho, todos esas áreas, operaciones y recursos, serán recuperadas por el Estado venezolano, por supuesto, siempre que tengamos un gobierno patriota.

Ahora, Maduro dice con aspaviento, que “!se pondrá al frente de la conducción de PDVSA!”, como si desde 2014 no hubiese tenido el control de las decisiones, dirección y operación de la empresa hasta conducirla al colapso, además lo advierte, como si su presencia fuese garantía de que algo se podría enmendar. ¡Por favor!

Los únicos que no quieren ver este desastre son los que, pudiendo hacer algo en defensa de nuestros recursos, aplauden y convalidan este daño a la soberanía del país y al patrimonio de todos los venezolanos.

El madurismo actúa como lo hizo Juan Vicente Gómez: favorece con los contratos y la entrega del petróleo, a trasnacionales, amigos y relacionados; mientras por otro lado, mantiene agarrado por el cuello al pueblo y a los trabajadores, sumergiéndolos en el atraso, haciendo lo que le da la gana en su “hacienda”.

Maduro anuncia de nuevo otro “sacudón”, igual al de agosto de 2014, diseñado para asaltar y tomar control de PDVSA. Si en aquel momento Maduro “sacudió” al chavismo del sector petrolero, desmantelando lo que fue nuestra nave insignia de la economía y soberanía, PDVSA; ahora “sacude” la presencia del Estado en el resto de la economía no petrolera, pero además ha dicho, que lo “hará de la mano del sector privado”, pero claro, se refiere a las empresas de sus relacionados y a esas empresas transnacionales.

Es decir, Maduro anuncia sin ningún rubor, que va a privatizar las empresas del Estado, patrimonio de todo el país, que, según él, son “antros de corrupción e ineficiencia”; y por ello, lo entregará a capitales privados extranjeros que, por deducción simple, son entonces limpios, transparentes y eficientes.

...se siente el paso de una poderosa presencia, que observa y hiela el corazón de los presentes y convierte la risotada en una mueca, del que sabe que hunden la puñalada a la patria y mira hacia otro lado…

Lo increíble, es que Maduro obvia decir que él y su grupo de poder controlan a todas las empresas del Estado, donde ha colocado a sus incondicionales, no importa lo incapaz que sean, al frente de todas las empresas e instituciones del mismo, desde familiares en todos los grados de afinidad y consanguinidad, hasta sus amigos, testaferros, operadores políticos, socios, oportunistas y toda la gama de lo que el pueblo reconoce como maduristas.

En su “anuncio”, impensable hace apenas unos pocos años, levanta la voz para decir que “Estoy obstinado de las mafias que roban, se visten de rojo rojito (y dale con la obsesión) para robar, estoy obstinado de su indolencia”. Lo dice un personaje, que resume en sí mismo, la indolencia de su gobierno, que ha convertido al Estado venezolano, sus instituciones y empresas en su “pateadero”, su propio negocio, donde los suyos hacen y deshacen todo tipo de negocios, triquiñuelas, corruptelas y las cosas más inmorales de nuestra historia Republicana.

Pero hablemos un poco de los demonios del capitalismo más rapaz, depredador y atrasado desatados por el gobierno:

Maduro vuelve a “aumentar” el salario mínimo, lo ha hecho 26 veces en su gobierno, pero hoy día, el salario mínimo del país es de tan sólo 6 dólares mensuales (al paralelo) y 19 dólares mensuales (al paralelo Dicom). Como quiera que se vea, estamos por debajo de 1,9 dólares diarios que establecen las Naciones Unidas, como el umbral de la pobreza extrema en el mundo.

El sueldo mínimo del país, es el más bajo continente, incluso más bajo que en Cuba (país bloqueado) y Haití, país azotado por terribles calamidades.

La devaluación de nuestra moneda, incluso quitándole los cinco ceros y partiendo de la farsa del “petro”, ha sido del 300% desde el anuncio de su paquetazo.

Ahora no existen bolívares en el mercado, todo se transa en dólares y el gobierno lo permite, por la sencilla razón que, con esta devaluación inducida y permitida por el propio gobierno, han evaporado virtualmente los ahorros, prestaciones sociales, deudas, pensiones, fideicomisos, seguros, salarios y beneficios que el Estado tiene con los trabajadores del sector público, pero además, le ha hecho el favor al sector privado, de desaparecer el valor real de sus compromisos con los trabajadores.

El gran perdedor de todo este paquetazo ha sido el asalariado, el trabajador, el pueblo humilde al que Maduro dice proteger.

La inflación “inducida”, si, por el propio gobierno, ha alcanzado una cifra tan absurda que no tiene antecedentes en la historia de la economía mundial: 1.700.000 % y una proyección de 27.000.000 % para el próximo año, lo que significa que estamos en la ley de la selva. Aquí no hay gobierno que proteja al ciudadano, ni a la economía.

Maduro sigue imprimiendo dinero inorgánico, sin respaldo, en su afán inútil de dar más “bonos” de monopolio, en el “guanteo de sombras” que hace contra eI mismo. Todos sabíamos que su promesa de acabar con esta práctica nefasta era mentira.

La burda manipulación del coeficiente de Gini, atreviéndose a decir que somos el país “más igualitario del mundo”, es una falta de respeto a nuestra inteligencia y al sentido común.

Lo que muestran las cifras y trabajos, como la encuesta ENCOVI, que se vienen desarrollando en nuestras universidades nacionales al respecto, indica que el coeficiente de Gini en 2017 fue de 0.68 , lo que indica no sólo que durante este período de gobierno, nuestro país se ha convertido en el más injusto y desigual del continente, sino que la realidad es que Maduro ha arrastrado a la inmensa mayoría a la pobreza, con un 92% de la población con un ingreso por debajo de la línea de pobreza extrema. Hoy nuestra sociedad es mucho más desigual e injusta que nunca antes en nuestra historia.

Al parecer, Maduro no se ha percatado de que lleva seis años al frente del gobierno y que es el responsable de este desastre, el peor presidente de nuestra historia. Pero, al gobernar en nombre de Chávez y del socialismo, también lo convierte en responsable de haber provocado un profundo daño político a la Revolución Bolivariana.

El madurismo en su euforia y desconexión con el pueblo, con la realidad, no se ha percatado en su indolencia, que, como escribía ese gigante de las letras, Jorge Luis Borges: su “jefe” hace tiempo que es “un muerto que camina”. Al madurismo se le acabó el tiempo y el pueblo venezolano está harto de ellos y su desastre de gobierno.

Tal es el rechazo y frustración que genera Maduro en el país, que ahora corremos el riesgo de que suceda cualquier cosa, lo que sea, con tal que Maduro salga del poder. Todo puede pasar, cualquier aventura de la derecha, golpe de estado, una explosión social, un evento cruento, invasión extranjera, fascismo, violencia, guerra.

Es ahora, en esta situación dura, difícil, donde los patriotas, chavistas y todo el pueblo, tenemos que unir nuestra voz al clamor generalizado para que Maduro salga del poder, que se haga a un lado, que se restablezca la Constitución Bolivariana.

No somos ingenuos, no lo va a hacer de manera voluntaria, por eso, hay que llamar a una gran movilización popular, para que esto suceda.

Pero tampoco seamos ingenuos en el otro sentido, no le vamos a hacer el juego a la aventura de la extrema derecha, a los que claman y están preparando las condiciones para una agresión o intervención extranjera o un restablecimiento de la IV República.

Existe un peligro real de dar un salto al vacío. La gente está harta, pero ninguno de los grupos que se abroga derechos para conducir nuestros destinos, tienen la legitimidad para hacerlo, el juego está trancado, el escenario de aniquilación del contrario, está activado.

El único que tiene legitimidad para asumir el poder es el pueblo, la soberanía reside en el pueblo, entendida esta como el asiento de la conducción política del país, de la institucionalidad del Estado.

Hay un inmenso gigante dormido, está allí, expectante, calándose esta tragedia todos los días. Es un gigante de una fuerza descomunal, es el huracán, es el único legítimo, es el pueblo. Nuestro pueblo, patriota, humilde, bueno, aguerrido.

El chavismo chavista, como bloque histórico, político social, no puede seguir conteniendo al gigante, sujetando las fuerzas transformadoras del pueblo: o entra en juego a dirigir y disputar el poder o desaparecerá del mapa político del país, engullido por el madurismo o barrido por la violencia de la derecha.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana tiene la gran responsabilidad de restablecer el hilo constitucional, tal como lo hizo junto al pueblo aquel 13 de abril de 2002, en la más clara y genuina expresión de la fuerza de la unión cívico militar.

Pero más allá del chavismo chavista y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, también le hablo a la oposición, y a esa gran mayoría de venezolanos, dentro y fuera de la patria, que no encuentra salidas a esta situación en el marco de la política.

Es momento de dejar a un lado los intereses mezquinos, grupales, la ambición pequeña, el sentimiento de odio y revancha, para avanzar en restablecer nuestro marco Constitucional, institucional, conquistas sociales, soberanía económica y la conducción de nuestra patria.

Ya es hora de que los patriotas y bolivarianos expongamos al país y al mundo, nuestras ideas, propuestas y determinación irrenunciable y firme de conducir el destino de la patria, para reconstruirla en beneficio y a favor del pueblo de Venezuela. Nosotros tenemos la fuerza para hacerlo, juntos somos invencibles!

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