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Opinión
06:44 AM / 08/01/2019
Transición política vs. realidad , por Jesús Castillo Molleda
Jesús Castillo Molleda

Los soñadores y radicales están convencidos que a partir del 10 de enero de 2019 se debe concretar la salida del Presidente Maduro y de inmediato nombrar un gobierno de transición encabezado por el presidente de la Asamblea Nacional (AN) hasta que se realice la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales. Ahora bien, ¿cómo se lograría concretar ese hecho?, habría que preguntarse si los sectores políticos opositores del país cuentan actualmente con suficiente apoyo popular para incentivar a la gente a retomar las calles; o la existencia de grupos organizados por calles, manzanas, sectores, parroquias, municipios, estados, para emprender una confrontación cuerpo a cuerpo con el gobierno; o determinar si existe algún líder político, empresarial, estudiantil que tenga la capacidad de representar a la mayoría de la oposición política; también habría que reflexionar si es suficiente el apoyo internacional para ejercer presiones sobre el gobierno nacional. Si estas interrogantes no están definidas no es muy estratégico entrar al escenario de la confrontación política con el gobierno, lo que obliga a los sectores de oposición a estudiar otras formas de enfrentar la crisis para poder avanzar.

Es evidente que el gobierno del presidente Maduro se encuentra en una etapa terminal, pero no terminará mientras se le mantenga con una bombona de oxígeno permanente tras su agonía. Para lograr avanzar se debería aglutinar de nuevo a los factores políticos opositores que representen fuerza y organización, estos factores deberían ser representados por municipios y estados, entendiendo que existe una grave crisis económica; y aunque parezca descabellado, se debe retomar el diálogo entre los representantes del gobierno y la oposición para poder llegar a acuerdos que permitan destrancar el juego; de no hacerlo, se corre el peligro que en algún momento se pierda el control de una parte de la población (que se encuentre obstinada y fatigada por lo que está ocurriendo) que pierda el miedo y actué en colectivo obligando al gobierno a actuar; cuya acción  podría encender las calles de nuevo. Este escenario se encuentra muy presente al escuchar las quejas continuas de los ciudadanos sobre el alto costo de todo, que el dinero no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas, que las ayudas que reciben por remesas internacionales ya se les hace insuficiente, que los precios de los productos cambian en horas, que los aportes recibidos por bonos, carnet de la patria, CLAP ya son insuficientes ante la escalada inflacionaria.

La mesa se encuentra servida para lograr cambios, solo que quienes pueden promoverlos se encuentra muy débil por tanta desunión y falta de criterios coherentes para lograr aglutinar fuerzas reales que puedan quebrar las estructuras formadas por el gobierno. Son momentos de mucha sensatez, de pensar muy bien los pasos a dar en el tablero político que se deben mover, ser mucho más racional que emocional y comprender que el gobierno seguirá concentrado en mantenerse en el poder sin importarle el costo político que pueda generar el no resolver nada. 

Si la oposición promueve un discurso radical, confronta al gobierno sin criterios de unidad y establece una ruta trazada por la acción radical, sin ninguna duda volverán a fracasar en el intento de quebrar al gobierno. Como lo dijo Antonia Labrador “Cuando los gobiernos se encuentran débiles siempre buscaran la confrontación como mecanismo de supervivencia”.
 

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