Sin unidad no alcanzaremos nada / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

 

Soplaban los vientos del año 1998, cuando Hugo Chávez -astutamente- se dedicaba a preparar un coctel que reuniera a todas las fuerzas de izquierda (extrema o moderada), los adversarios del ‘puntofijismo’, los nostálgicos del orden militar y todos aquellos que opinaban que la democracia “ya no daba de comer”.

Así pues, Hugo Chávez hizo posible el apoyo de un hombre estudioso y respetuoso de las reglas democráticas como Jorge Olavarría, y a otro hombre no muy creyente de las instituciones o de las normas constitucionales, como es el caso del comandante guerrillero Douglas Bravo. Es decir, logró aglutinar apoyos variopintos, en función de un objetivo en común: acabar con el bipartidismo y promover la redacción de una nueva Constitución.

A la luz de los hechos, nadie dudaría de que Hugo Chávez entendió muy bien que, por sí solo, no llegaría a ganar ni al mejor disfraz en las fiestas patronales de Elorza. Por lo tanto, buscó aliados para seguir construyendo su proyecto político, pese a que tuvo que ceder -seguramente- a muchas cosas. En otras palabras, no se desvió en su enfoque estratégico, aunque al principio tuviera que ir caminando a ritmos -y con personas- no deseables para él.

Ese mismo comportamiento falta en nuestra oposición democrática. Dicho de otra manera, nuestra principal tarea debe resolver la siguiente pregunta: ¿por qué no somos capaces de unir a todos los que creemos en la democracia? Y, acto seguido, otra interrogante más provocadora: ¿qué tal si agrupamos a todos los chavistas disidentes, maduristas arrepentidos, opositores de los comienzos del chavismo, opositores radicales, opositores moderados y todo aquel adversario a Nicolás Maduro?

Eso sí, y que quede bastante claro: si nos vamos a agrupar para despreciar o degradar el derecho al voto, entonces no lograremos nada. Pues, ya está demostrado que los procesos de boicot a las elecciones no generan ningún efecto positivo para las caídas de las dictaduras, o lo que es lo mismo: dictadura sí cae con votos, siempre y cuando haya planificación estratégica y coordinación de las fuerzas que le adversan (hay literatura categórica al respecto).

Sí, por supuesto, es cierto que las elecciones que se están planteando son semi-competitivas -o, si Ud. quiere, derechamente no competitivas-, pero las condiciones para que tengamos un proceso de elecciones competitivas se deben pelear, dado que la dictadura jamás las entregará llena de violetas y gladiolos. Y, posiblemente, no se logre el mejor resultado en las próximas elecciones, pero saldríamos de la disyuntiva que hoy nos convierte en una fuerza política que no es “ni chicha ni limoná”.

No le tengamos miedo al cambio de estrategia. Ya se ha demostrado que las ambiciones personales nos alejan del objetivo común: derrotar a Nicolás Maduro. De lo contrario, seguiremos perdiendo credibilidad, y con ella -no lo duden- también se muere la esperanza.

Más Noticias