Sin definición a la vista / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

Sin definición a la vista

Los especialistas en comunicación nos dicen que el secreto para que los mensajes sean eficaces y efectivos, deben ser claros y sumamente estructurados, especialmente en períodos de crisis. Dicho de otra manera, si el mensaje tiene una pizca de contradicción, tenga la seguridad de que será inefectivo, desplomará la confianza y no faltará quien nos diga que no nos cree ni el Padre Nuestro.

Mucha de esta situación es lo que explica por qué la ciudadanía hoy no entiende y no cree -o cree la mitad- de lo que comunica la clase política. Francamente, la ambivalencia del liderazgo opositor es una de las diferentes causas de la supervivencia del régimen autoritario. Y, evidentemente, es bastante preocupante que se mantenga ese doble -o triple- diagnóstico/solución de la crisis nacional, porque solamente lograremos seguir fragmentados en partes infinitas, tal como lo estamos hoy.

Insisto, es notable la poca transparencia, claridad, coherencia y sencillez del mensaje opositor para coordinar el activismo permanente que no deja de latir en el país. Pues, todos los días hay protestas, disconformidad y turbulentos actos de indignación, pero, hay que decirlo: no encuentra el cauce efectivo que conecte con los sentidos de la realpolitik.

Por otra parte, desgraciadamente la vanidad sigue ganando espacio en el liderazgo opositor y los afanes -o los egos- no les permiten percatarse de que tienen muchos elementos comunes para superar esta pesadilla que, a veces, pareciera interminable.

Muchos ciudadanos manifiestan (y con mucha razón) que es incomprensible cómo las fuerzas opositoras no han organizado tanto disgusto, enfado y rechazo al gobierno de Maduro en una corriente avasallante que logre su salida. De hecho, para encontrar alguna explicación medianamente racional, muchos opinan que quizás el acoso de los autoritarios es invencible; otros creen que es mera incapacidad política; y no pocos opinan que sí existe una estrategia, pero es confidencial.

En honor a la verdad, dada sus características, todas las suposiciones en el terreno de la política son válidas y, dicho sea de paso, es un deporte nacional. Sin embargo, todo no puede ser cultivo para las suposiciones porque, finalmente, terminas confundiendo a tus dirigidos (con la respectiva frustración a cuestas). Estamos de acuerdo de que no podemos mostrar todas las cartas, pero al menos hagamos una seña o gesto al compañero de equipo para imprimir unidad y confianza en el camino.

En fin, ya estamos por octubre, y aunque el desgaste ha sido tremendo, no paramos de batir récords en contradicciones. Ser o no ser ha sido nuestro eterno dilema existencial. Votar o no votar ha sido nuestro falso laberinto. Ya lo que nos queda es preguntarnos con Joselo: ¿somos moluscos o somos mariscos? Seamos lo que sea, pero seamos algo.

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