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Opinión
03:03 PM / 22/08/2019
Sigamos conversando
Óscar Morales

Cualquiera que haga el ejercicio de diseñar un plan de recuperación económica, tiene que tener como variable fundamental el cambio de gobierno. Dicho de otro modo, todo es irrelevante si pensamos propuestas que implemente el gabinete Ejecutivo de Nicolás Maduro, pues, las medidas económicas que a ellos les agradan no son las que apuntan a restablecer la confianza y  reanimar la economía; sino que dirigen todo su esfuerzo en ordenar una política económica que simplemente los mantenga en el poder a toda costa.

 

Podríamos mencionar las medidas -dislate tras dislate-  que solamente han servido para confirmar que no comprenden ni respetan la ciencia económica, pero es llover sobre mojado. Los parapetos que instruyen como planes económicos nos han convertido en unos de los países más pobres de la región y el principal problema de la misma. 

 

Se siente una tensión en todo el país que no permite planificar ni siquiera por una semana. La política de la razón se extravió y poco sentido común nos acompaña por estos días. Pareciera que la perversión se apoderó de todos los espacios y el Ejecutivo no quiere revitalizar a la moribunda economía.

 

Sin embargo, fue esperanzador enterarnos de que se siguen haciendo esfuerzos para alentar el diálogo y, además, Estados Unidos ha tomado contactos al más alto nivel y probablemente pueda surgir una solución para destrabar la crisis política. Todos los esquemas de negociación gozan de buena salud y se debe seguir apostando a las conversaciones porque la ciudadanía está cansada del sufrimiento y la destrucción.

El país no resiste tanta división y odio, por ello, la alternativa democrática que representa la oposición no puede alimentar lo que pretende acabar.  Tenemos una situación extremadamente crítica que no soporta más violencia, confrontación y hostilidad. Promover iniciativas bruscas solamente traerá más tensiones paralizantes.

 

Ciertamente, si deseamos un país que restablezca su estado de derecho, separación de poderes, economía moderna, disminución de la pobreza, recuperación de la confianza, perspectiva saludable del futuro, estamos obligados a buscar la reconciliación, el perdón e inmensos sacrificios.

 

Para que midamos un poco cuánto empeño y trabajo que necesitamos les dejo un ejemplo: Mauricio Macri ganó las elecciones presidenciales en el 2015 y terminó con 12 años de kirchnerismo. Pero en unos meses tiene mucho riesgo de perder las elecciones presidenciales y que regrese el kirchnerismo. Aparentemente, no le alcanzaron 4 años para convencer de que su propuesta de país era más venturosa que la corrupción de Cristina y compañía. Por su parte, nosotros llevamos 20 años de chavismo, lo que ha significado mayor nivel de degradación y destrucción si nos comparamos con los argentinos. La pregunta es: ¿Una vez logrado el cambio de gobierno, nos alcanzará para demostrar lo malsano del chavismo-madurismo? Poco optimismo nos entrega el caso Argentina.

 

Sin embargo, considero que seguir dialogando, consensuar los puntos básicos de la futura gobernabilidad  y lograr la reconciliación nacional ayudaría a mejorar la experiencia de Macri. Empecemos por ahí, sigamos conversando.

 

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