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Actualizado hace 29 minutos

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Opinión
06:11 AM / 13/11/2018
Sacrificios sin destino
Ylich Carvajal Centeno periodista [email protected]

La brecha que separa a la gente del Gobierno y de la oposición tiende a ensancharse en la misma proporción en que las posturas y discursos de los dirigentes de uno y otro extremo se separan de la realidad real, de la cotidianidad del pueblo.

Fíjese, la oposición les pide a los venezolanos y venezolanas que aguanten, que no se frustren, que no pierdan las esperanzas de la salir de la pesadilla porque el 10 de enero de 2019, no se sabe bien cómo ni por qué, Nicolás Maduro no podrá juramentarse para su segundo mandato y caerá irremisiblemente gracias a la presión internacional.

Si usted lee lo que exige la dirigencia oposicionista que no quiere dialogar, ni negociar y que, en el peor de los casos, dice que todo acercamiento al Gobierno será posible sí y sólo sí el régimen cumple sus exigencias antes de conversar sobre ellas, se dará cuenta de que esperan una rendición incondicional del chavismo en el poder ¿Y usted cree que eso va a pasar? ¿Lo cree como creyó en enero de 2016 que Maduro caería en seis meses?

¡A ver! Maduro no se va a rendir, ni va a renunciar y tiene seis años alimentándose de la fulana presión de la “comunidad internacional”. La prueba madre de ello es que la dirigencia de oposición que se reúne en la Asamblea Nacional, que ha devenido en una especie de holograma de la extinta MUD, se empeña en dividirse acusándose mutuamente de “colaboracionistas” “cooperantes” y “vendidos” al Gobierno. Viendo a la oposición como se autodestruye en un letal todos contra todos, Maduro puede pensar hasta en un tercer mandato.

Por su parte el Gobierno les pide a los venezolanos y venezolanas que aguanten, que resistan, que vamos a salir esta calamitosa situación económica, pero sigue haciendo en materia económica las mismas cosas que nos trajeron hasta esta peligrosa encrucijada y las mismas cosas que ya demostraron que no pueden sacarnos de este atolladero.

El Gobierno les pide a los trabajadores de la administración pública o que dependen del Estado que acepten sueldos y salarios que no están en el marco de las contrataciones colectivas, que están por debajo de sus justas aspiraciones, que no alcanzan para cubrir las necesidades de la alimentación mínima de una familia y al mismo tiempo le pide que con ese salario ahorre en oro y en petros.

De retruque, el Gobierno acuerda con los empresarios precios de alimentos básicos que una familia promedio no puede comprar con ese salario para alimentarse una semana. Es la fábula del real y medio: con real y medio con real y medio compré la carne, compré los huevos, compré el queso, las arepas, medicinas, útiles escolares, batería y cauchos, pagué pasajes y todavía me queda mi real y medio ahorrado en oro y petros.

A eso no se le puede llamar resistir con valor como Juana Ramírez La Avanzadora cuyo coraje fue capaz de decidir una batalla que se podía ganar a pesar de las condiciones adversas si se resistía corajudamente. Eso más bien es inmolarse por un programa económico, por una ideología que fracasó en el siglo pasado.

Lo peor de esta tragicomedia es que tanto la oposición como el Gobierno piden sacrificios por causas fallidas, para alcanzar objetivos que no se pueden lograr por las vías que sus dirigentes plantean.

Quizás por esa misma razón ambas dirigencias desde sus respectivos polos antagónicos, irreconciliables, desde cada uno de sus extremos, terminan coincidiendo en algo, en relegar el debate franco y abierto con el pueblo, incluso, con la militancia de sus respectivas organizaciones políticas.

No sólo se niega el dialogo Gobierno y oposición que en todo caso es inevitable para cualquier ruta democrática sino que los dirigentes niegan el debate con la gente. Es inexplicable porque los jefes de la desaparecida MUD se niegan a reconocer los congresos que plantea realizar el Frente Amplio en todo el país. Más inaudito aún es porque la dirigencia chavista en el poder se debate entre si hay o no que discutir la nueva Constitución o su reforma con los ciudadanos cuando eso es una obligación constitucional.

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