Redemocratización: Lejos del menor tiempo posible / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

La crisis multifactorial de nuestro país está consolidando el autoritarismo de la coalición dominante. Es sabido que el sistema autoritario no goza de legitimidad de la sociedad venezolana, pero eso no es importante para que sobrevivan, sino que más bien, lo realmente importante sería la cohesión y articulación interna de los protagonistas de este sistema.

En otras palabras, la supervivencia de Maduro y Cía. dependerá de que mutuamente se respeten y cuiden sus intereses y, por otra parte, que exista un clima de confianza entre ellos. De lo contrario, el sistema autoritario no duraría ni mediodía. Pues, para sobrevivir en este juego de suma cero: se lavan los trapitos en casa entre todos o no hay trapitos para nadie. Y por lo que explico a continuación, pareciera que han internalizado este hecho y han dado luz verde a la profundización del autoritarismo.

En primer lugar, aparentemente la única certeza que tiene el país a corto plazo son las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Y para ello, Maduro y Cía. ya establecieron las reglamentaciones sobrevenidas de costumbre, las inhabilidades administrativas y judiciales a los políticos opositores que les incomodan y todas las medidas de exclusión de los adversarios para tener una elección a la carta.

En segundo lugar, la sociedad respira una economía contraída y alocada que recrudece su empobrecimiento. Por lo tanto, se podría presumir que el control gubernamental se intensificará por los programas sociales que conocemos y, en consecuencia, se refuerza la dependencia estatal.

En tercer lugar, no se percibe una posible fractura dentro del grupo Maduro y Cía. y todas las señales apuntan hacia la radicalización de su forma de gobernar, lo cual pudiera derivar en características más totalitarias o la creación de un sistema más acorde a un neototalitarismo que aumente la bibliografía en esta materia.

En cuarto lugar, la oposición no revela la estrategia que sigue después de la no participación de las elecciones en diciembre. Aunque, en honor a la verdad, las estrategias no se revelan, pero si es que será la movilización nacional, en conjunto con la presión internacional, probablemente la pandemia por coronavirus nos aplazará aún más estas acciones.

En quinto lugar, la oposición no ha reconocido con fuerza que el chavismo disidente y los tímidamente maduristas son aliados naturales para el cambio de gobierno o, mejor dicho, para empezar a colocar las piedras de la transición a la democracia.

Finalmente, para aquellos que creen en la salida por la fuerza o por medio de una chispa que encienda una revolución ciudadana, democrática, liberadora o el apellido que quieran, les quisiera recordar que están por cumplirse 10 años desde que el joven vendedor de frutas tunecino, Mohamed Bouazizi, se echó gasolina en su cuerpo y se prendió en fuego como protesta a la corrupción, la humillación y los maltratos de la autocracia de su país.

De ese modo, empezó la Primavera Árabe que derrocó a varias dictaduras de países vinculados al mundo árabe (Túnez, Libia, Egipto, Yemen, entre otros). Sin embargo, en el caso de Túnez ya han pasado 8 presidentes por el palacio de Cartago en 10 años y muchos están deseando que vuelva la autocracia (https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2020/08/13/in-tunisia-cradle-of-the-arab-spring-protesters-want-jobs?). Y ni hablar de la ingobernabilidad en el resto de los países involucrados en la ola primaveral de entonces.

Por todo lo anterior, tenemos síntomas que nos dicen que la redemocratización del país no será en el menor tiempo posible. No obstante, a decir verdad, la historia nos ha enseñado que días antes de que se generen los sucesos trascendentes, impactantes y significativos, definitivamente, nadie sabe nada. Ahí está el 11-S, la COVID – 19, la caída del Muro de Berlín o de Ceausescu, la penicilina, la crisis subprime, internet, etc. Por aquí un hilo de esperanza, aunque las condiciones objetivas digan lo contrario.

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