Postergado el buen porvenir / Por: Oscar Morales

Por:  Oscar Morales

Recientemente, la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena,  detalló en una entrevista que la economía latinoamericana sigue presentando problemas de baja productividad y, además, concluye que los trenes de la política industrial y la innovación los perdimos como región. Y si los alcanzamos en otra estación, será con excesivo retraso, agrego yo.

Naturalmente, los países compiten y los que quieren avanzar se desmenuzan los sesos buscando estrategias de desarrollo que nunca olvide la creación de nuevas formas de hacer las cosas que incrementen la productividad nacional. Es sabido –pero no todos se empeñan- que los ingredientes básicos para que un país enlace un crecimiento en su productividad, junto a un desarrollo sostenible, es diversificar la matriz productiva, agregar valor a los bienes y servicios que ofrecemos, complejizar nuestra cadena de producción, impulsar las innovaciones tecnológicas como paranoicos y respetar el medioambiente.

Lamentablemente, a Venezuela se le olvidó crecer. Desde hace 7 años nuestro país no crece. Esto pudiera explicarse con abundantes causas, pero solamente mencionaré tres: a) Ignoramos una política de desarrollo industrial porque creímos que el petróleo nos alcanzaba para todo; b) Maltratamos lo que quedaba de libertad económica; c) No auspiciamos ni la inspiración (desarrollo de tecnologías, suma de eficiencia y promoción de la competencia) ni la transpiración (incremento del trabajo y el capital).

La evidencia nos señala que el crecimiento económico es condición necesaria para ofrecer mejores oportunidades a los ciudadanos, sostener las políticas sociales y generar mejores índices de desarrollo humano. Muchas veces el chavismo-madurismo ha dicho que cuando hablamos de crecimiento nuestra referencia es Asia, pero si pretendemos crecer como asiáticos tenemos que reconocer que esto implicaría hacer énfasis en inversiones educativas, embarcarse en la revolución tecnológica, generar clima propicio para la iniciativa empresarial y el emprendimiento, promover el conocimiento productivo que nos permite producir bienes y servicios sustantivos y valiosos, es decir, implementar políticas públicas diametralmente opuestas a las que hoy llevamos a cabo.  

Para terminar, la Secretaria Alicia Bárcenas,  resaltó que Latinoamérica debe superar “la cultura del privilegio” porque esta ha sido la que “naturalizado la desigualdad y la discriminación”. En otras palabras, a medida que los ciudadanos latinoamericanos y caribeños sigan constatando que los privilegios y derechos básicos dependan –cada vez más- del estrato económico al cual pertenecen, definitivamente, habrá más frustración, enojo, irritación y enfado social que desencadenaría cambios estructurales.

De esto último, no podría estar más de acuerdo. Pero, aparentemente, dichas emociones solamente pueden manifestarse y surtir efectos en regímenes democráticos, pues, en una dictadura –como la nuestra- los fusiles, tanques y bayonetas apagan cualquier ánimo de transformación y reformas socioeconómicas que nos lleven, finalmente, al buen porvenir. En consecuencia, un cambio íntegro, por lo pronto, por aquí no aplica.


 

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