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Opinión
06:51 AM / 24/01/2019
Por los que no tienen culpa, por Oscar Morales
Oscar Morales

Basta teclear la palabra “Venezuela” en cualquier buscador de internet para recibir un aluvión de noticias trágicas. 

Y entre tantas crónicas dramáticas, quisiera detenerme en las advertencias que realizan distintas instituciones sobre la situación de la infancia en el país. 

Diversos estudios revelan la importancia que tienen los primeros años de vida, pues, en esta etapa se encuentra el desarrollo físico, cognitivo y emocional, por lo cual se supone que una nutrición infantil incompleta generará un crecimiento integral deficiente, enfermedades crónicas, dificultad para la inserción social y daños irreversibles. Es decir, si los infantes no gozan de un buen estado formativo inicial, luego las implicaciones negativas serán definitivas.

Con todas las estadísticas nutricionales desfavorables, tenemos una cifra cercana a 300.000 niños que podrían morir por la pésima nutrición o por las condiciones limitadas. Por esta y otras causas, en los últimos años ha aumentado las enfermedades infecciosas, diarrea y meningitis. Y el índice de desnutrición infantil sigue creciendo sin pausa.

Si continuamos esta senda, los niños sobrevivientes de esta precaria alimentación tendrán consecuencias para toda la vida, difícilmente podrán desplegar sus potenciales y presentarán muchas desventajas para desarrollarse a plenitud. Este debe ser uno de los desafíos a revertir más apremiantes, porque las consecuencias son desastrosas ahora y en el largo plazo. 

Si hay un sector de la población que no tiene la culpa de toda la catástrofe nacional y que no entiende nada sobre la maldad y la crueldad: estos serían los niños. No los olvidemos. Ellos no pueden marchar, pero  necesitan atención prioritaria por su indefensión. Ellos no votan, pero el imperativo moral debe prevalecer dada su vulnerabilidad. Ellos no conocen de leyes o derechos, pero sí sueñan con ser bomberos, cantantes o médicos. 

Si algo de bondad queda en el Ejecutivo, no desconozcan el llanto sin consuelo de los niños. Si algo de sensibilidad hay en ustedes, no le destruyan su futuro. No sean egoístas. Ellos son inocentes.

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