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Actualizado hace 29 minutos

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Opinión
07:00 AM / 11/12/2018
Pequeñas inmensidades, por Carola Chávez
Carola Chávez

 

Hay una historia que no se está contando, que no quieren que contemos, el pan nuestro de cada día, la de millones de venezolanos que nos levantamos cada cada mañana a enfrentar y superar los desafíos que la guerra nos impone. La historia del firme empeño de seguir adelante, de vencer la adversidad, de imponer nuestra alegría, nuestro ingenio, nuestra solidaridad, nuestra esencia. Historias que no se cuentan por cotidianas, enmudecidas por otras terribles, que sacuden, que venden, que convienen, que deprimen, que derrotan. 

 

Nadie va a escribir la historia de Carmelo, el muchacho que decidió montar una pescadería modesta y pequeñita en La Asunción. No hay grandes emociones, más allá de las que él y su familia viven intensamente cada día en su pequeño negocio, montado humildemente en medio del más cruel el acoso económico. No es noticia que el negocio florece y en cuestión de seis semanas, se desbordó del pequeño local hacia afuera, donde dos mesones de frutas y verduras nos sirven para redondear el almuerzo. Y ahora, un poquito más allá, puso casabe, panes y tortas caceras, por si acaso alguien quiere postre.

 

No tiene valor noticioso ni literario la pescadería de Carmelo, como no la tiene el nacimiento viviente que hacen todos los años en El Guayabal, ni los niños que ya empezaron a ensayar sus aguinaldos y sus papeles de pastorcitos. Tampoco es noticia que, más allá, en la calle Aguamiel están armando un pesebre tamaño real. Ignorar a los vecinos martillando la estructura que dará cobijo al Niño Jesús, mientras un montón de niños corren alrededor, alborotados por la expectativa con nerviecitos que les produce la navidad, es perderse de una linda historia que dice mucho.

 

Nadie va a contar cómo los vecinos intercambian ingredientes para las hallacas: “Yo te doy pasas, tú me das harina, yo tengo encurtidos, si tú no tienes, yo te doy”. Nadie escribe de las lucecitas en las ventanas, ni del guayacán disfrazado de arbolito de navidad.

 

No serán noticia, ni poéticos relatos, las millones de historias pequeñas que se van tejiendo en cada calle, en cada pueblo, en cada rincón de Venezuela. No dan para tanto, dicen, creen y quieren hacernos creer. Yo insisto en que es precisamente ahí, en lo cotidiano, en lo pequeño, donde estamos escribiendo una inmensa historia victoriosa.

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