Padrino y el copete del conflicto / Por: Daniel Fermín

Por:  Daniel Fermín

Ya nos tienen acostumbrados. No pasa una cadena ni un acto protocolar sin que nos recuerden que la FANB es profundamente revolucionaria, con esa B que sabemos no es de “Bolivariana” sino de “chavista”.

La tentación es grande de decir “no se han leído el Artículo 328 de la Constitución”, pero es peor. Sí se lo han leido, sólo que no les importa.

Ese artículo, como tantos otros que demuestran que el papel aguanta todo, reza que “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico”. También dice que “estará al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Pareciera haberse escrito, en 1999, como advertencia latente, una especie de desliz freudiano, por las mismas plumas que harían luego caso omiso.

El General Padrino declaró, con motivo del 5 de julio, que en la oposición “nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela” mientras exista una FANB revolucionaria y antiimperialista.

Por supuesto, no se refiere a “la” oposición, ni a las oposiciones, sino al sector agrupado en el G4 que promueve la intervención militar extranjera, las sanciones y el bloqueo económico contra Venezuela, los que apuestan por que sean las bayonetas y no los votos las que decidan el destino de la Nación.

En ese sentido, no es más que la continuación del conflicto polarizado que ha corroído la democracia venezolana durante 20 años. Es verdad que a la FANB le ha tocado enfrentar intentos como el 30A, el Macutazo y episodios como el de los drones, que hoy convenientemente olvidan sus autores. Pero también es verdad que el Ministro de la Defensa debe serlo de todos los venezolanos y no de su partido. La reinstitucionalización del país pasa por cumplir y hacer cumplir la Constitución, en este caso la de una FAN profesional y sin compromisos partidistas.

La actitud del ministro no sólo hace un flaco favor a la institucionalidad, sino a la misma Fuerza Armada, que enfrenta graves retos en la forma de grupos irregulares en las fronteras, de garimpeiros en el sur, contrabando y demás actividades ilícitas en las costas, del ecocidio en nuestra selva amazónica, del conflicto con el Esequibo y sus aguas en el que nuestro vecino oriental le “toca la carita” a nuestros militares sin consecuencia alguna.

Hemos señalado varias veces que la polarización ejerce una fuerza centrífuga, una dinámica retroalimentada en la que el conflicto crea más conflicto y el pueblo queda a un lado. No son los pleitos entre las élites los que sacarán a Venezuela del hoyo.

Los promotores de la abstención han encontrado en Padrino una fuente confiable para la confirmación de sus propósitos. Como de costumbre, ellos, que no reconocen a Padrino, saltan, sí, a reconocerle cuando lo que dice los favorece. Más allá de una denuncia en defensa de las instituciones, alzan la voz diciendo “¡¿Ven?!”, otorgando al Ministro de la Defensa la autoridad de decir si se participa o no en las elecciones.

Urge bajarle el copete al conflicto por el conflicto y ofrecer soluciones reales a los venezolanos, que hoy ven de lejos los dimes y diretes de dos grupos divorciados de los problemas de la gente, carentes de solidaridad y empatía.

Hoy el reto es de los civiles: organizarnos para las elecciones parlamentarias, sin comer cuento, entre otras cosas, para meter en cintura al liderazgo de la Fuerza Armada y normalizar las relaciones institucionales y políticas para hacerle volver a la Constitución.

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