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Opinión
06:30 AM / 28/11/2018
PDVSA La Estancia: Brazo social y cultural de Petróleos de Venezuela. La utopía de lo posible
Beatrice Sansó de Ramírez

Quiero relatar esta historia de una forma que permita captar lo que significó lograr ¨PDVSA LA ESTANCIA¨. No es fácil. Vamos a hacerlo desde el espíritu. El resto, lo encontrarán en los videos y fotos que aún quedan por ahí, pero sobre todo, lo constatarán a diario en las obras, que hoy los rodean a todos y todas.

Soy abogado por verdadera vocación, muy cercana al medio académico, por años, ejecutiva de Escritorios Jurídicos de prestigio, con dos cátedras universitarias. Ahora bien, en virtud del nombramiento de mi esposo, el Ingeniero Rafael Ramírez, como Presidente de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), en octubre 2004, luego de discutirlo entre ambos, concluimos que era necesario que me separase del ejercicio privado, pues podrían eventualmente en adelante surgir motivos de conflicto de interés, por ser la industria petrolera el mayor contratante de servicios en Venezuela.

No fue nada sencillo, después de tantos años y ya con una carrera andada, encontrarme ante una situación incierta.

Sin embargo, las mujeres tenemos una gran capacidad de adaptación a los cambios. Somos luchadoras y vamos hacia adelante. Quizás se trate de un instinto de supervivencia apegado a la defensa de nuestros hijos o hijas, pero era sobre todo, un acto de amor. Por eso, la situación planteada, mas que una angustia, debía convertirla en un reto, en una oportunidad extraordinaria de participar y de hacer cosas cualitativas por los demás.

Quise conocer a la empresa y sobre todo, a sus trabajadores y trabajadoras. Apoyar los eventos, las actividades organizadas para su ¨vivir bien¨. Ya estaba encargada del Centro de Educación Inicial ¨Fundación Guardería La Alquitrana¨destinado a los niños y niñas del personal del Ministerio, pero sabía que, ¡podíamos hacer mucho mas!

No soy el tipo de mujer ( y ésto no es una crítica para aquella que prefiera trabajar así), que hubiera querido participar a título de asistente en el Despacho de su esposo, él tampoco lo consideraba conveniente, así es que, buscamos un espacio distinto desde donde poder efectivamente ayudar a la gente.

Para ese momento, la empresa, había iniciado un proceso de descentralización de sus oficinas hacia las áreas petroleras, con la intención de entregar para fines educativos (universidades, escuelas técnicas), algunos de los edificios liberados. PDVSA se abría al pueblo.

En plena ciudad capital, que es una metrópolis, con su Valle engalanado por el cerro ¨El ÁVILA¨o, en nombre indígena Caribe ¨Waraira Repano¨ (¨Sierra Grande¨o ¨Tierra de Dantas¨), en la que confluyen autopistas en forma de ¨pulpo y arañas¨, altos rascacielos, y que hoy se extiende hacia las colinas y zonas de la periferia, hasta formar ¨La Gran Caracas¨, hay una Casa de origen colonial, complementada por quizás uno de los jardines tropicales mas hermosos que haya visto, que ha perdurado a pesar de estar circundada de intenso tráfico, altas torres de oficina y aceras abarrotadas de peatones.

Se trata de 3 hectáreas y media de terreno que se salvaron de la vorágine urbana, gracias a la lucha vecinal contra la decisión de entonces, de construir allí la sede de la industria petrolera PDVSA, que la había adquirido para tales fines.

Ésta, era ¨La Estancia¨, un sitio de protocolo, pocas veces había sido abierta al público, era destinada por la empresa a reuniones, eventos corporativos, relaciones interinstitucionales, exposiciones de diseño y a un pequeño ¨café¨. No tenía estructura organizativa de soporte de actividad permanente.

No había oficinas, sólo contaba con un personal exiguo y aislado. Aunque destacaba su jardinero, el señor José, campesino de origen, autodidacta y amante de la botánica, a la que cuidaba, sembrando y resembrando disciplinadamente, con extraordinarios resultados, gracias al abono que producía con sus gallinas y conejos, y al riego del agua de manantial proveniente de la ¨Quebrada Quintero¨de la montaña, cuyo tanque también mantenía con esmero.

Según señala su historia, la casa perteneció al Padre Sojo, tío de Simón Bolívar. Allí se formó la famosa ¨Escuela de Música de Chacao¨, que practicaba en el hoy ¨Jardín de las Flores¨, y de donde surgieron músicos de la talla de Vicente Emilio Sojo, a quien mas tarde, con otros, le hiciéramos un hermoso homenaje.

Se dice también que allí se tomó la primera taza de café en Caracas, lo cual explica que mas de 1500 plantas de ¨arábigo¨, aún la vistan. Luego, cuando hicimos el estudio histórico arqueológico para su rehabilitación, identificamos que ésta no sólo estuvo destinada a la producción de tan preciado elixir, sino también a la de la caña de azúcar.

Así, decidimos que me pusiera al frente de ese espacio para transformarlo, y convertirlo en ¨la utopía de lo posible¨, una institución al servicio del pueblo, abierta de par en par para el disfrute de todos y todas, ese fue mi reto.

La Casa, declarada Patimonio por el Instituto de Patrimonio Cultural, tenía que convertirse en uno de los pocos casos que, a nivel mundial, un bien de esa índole, se utilice de forma activa y no sólamente para visitas en masa, que al estilo juego de ¨baseball¨, dejan al estadio lleno de vasos, papeles y rayas. Nada les ata a ese lugar, salvo el momento de adrenalina y emoción que el partido brinde.

Para ello trabajamos muy duro, muchas horas diarias y todos los días de la semana. Ante todo, sería un espacio público, en el sentido de promover el uso del mismo de forma inclusiva. Se realizarían actividades culturales , para compartir sin discriminación la belleza de la creación venezolana, siempre desde nuestra diversidad.

Tales actividades se basarían en tres principios, en adelante siempre presentes en nuestro trabajo: la continuidad, la gratuidad y la altísima calidad. Lo primero, respondía al indicado carácter de servicio público y no sólo de ¨servicio al público¨que le dimos al espacio; por tanto, debía ser ininterrumpido y constante. Gratuito, porque se trataba de destinar efectivamente y gracias al nuevo régimen petrolero, parte de los ingresos de los hidrocarburos a la calidad de vida del pueblo. Y de muy alta calidad, pues consideramos que la cultura no podía estar circunscrita a las élites, sino a todos los venezolanos y venezolanas sin discriminación.

Al mismo tiempo, entendimos que teníamos en mano una fuerte responsabilidad. Un público, que acudía expectante a nuestros espacios, al cual nos debíamos. Para atenderlo, nuestra labor debía ser muy seria y respetuosa. No podíamos improvisar. Por tanto, no escatimamos esfuerzos en realizar investigaciones de fondo sobre nuestras expresiones culturales, apoyándonos en los expertos, e identificando a todo lo largo y ancho del país, las distintas manifestaciones patrimoniales venezolanas, sus peculiaridades y el por qué de cada una.

Por eso, trabajamos mayormente a través de ¨Festivales¨, que era una forma de democratizar la participación de los artistas, sobre todo, dando cabida a los de Origen popular, que no habrían nunca de otra forma, tenido manera de asistir a estas presentaciones. Cada uno de ellos se desarrollaba durante un mes, extendiendo la temática escogida a presentaciones, exhibiciones, talleres de baile, actividades infantiles, coloquios.

Nuestros artistas, ¨Premios Nacionales de Artes Plásticas¨, mucho de ellos muy mayores, y olvidados de la euforia cultural cotidiana, expondrían en nuestras salas (rehabilitadas para tales efectos), una retrospectiva de sus creaciones, para homenajarlos, a ellos, y al público, con un recorrido artístico formativo del espíritu. Así, pudimos presentar a Maestros de la talla de Jesús Soto, Alejandro Otero, Mateo Manaure, Omar Carreño, Manuel Quintana, Régulo Pérez, Mercedes Pardo, Luisa Ritcher, Alirio Oramas, Juan Calzadilla, Ramón Vásquez Brito, Lía Bermúdez, José Antonio Dávila. Otros, hoy también premiados, como Saúl Huerta y Ender Cepeda. Y otros Maestros como Francisco Hung y Gabriel Bracho.

Igualmente, los jóvenes y artistas menos conocidos tendrían dedicada la ¨Sala La Trilla¨, para colectivas o muestras unipersonales. Y la temática de contenido, nacional o mundial, así como, los trabajos manuales, experimentación, la fotografía, el arte conceptual; y, por supuesto, las costumbres venezolanas y muy en especial, la artesanía indígena y los juguestes de madera, también tenían su espacio, incluso al aire libre.

Tener una tarima con un público atento es una extraordinaria oportunidad para formar, así lo entendimos, de allí, la explicación detallada de cada presentación en los programas de mano y la presencia de personal guía impecable, excelentemente preparado en las áreas de competencia, con gran sentido cívico y capacidad de manejo educado del público. Con ello, logramos que un batallón de muchachos y muchachas, a la par que obtenían ingresos para continuar sus estudios, se formaran y divulgaran hacia sus compañeros, el apego a nuestros espacios, y a la cultura.

Nos contactamos con los Consejos Comunales, escuelas y liceos, para llevar en autobuses a las comunidades y grupos, que llegarían entusiasmados, ¨vestidos de domingo¨, para encontrarse con un recibimiento afectuoso, visitas guiadas e intercambio cultural.

En poco tiempo, la Casa estaba llena de gente, juntos, de todos los colores y estratos sociales. Fuimos ampliando la oferta. Los sábados y domingos en la tarde, lo dedicaríamos a los mas pequeños. Teníamos una lucha contra la exclusión social y la vida de los ¨mall¨, el abuso del celular por los infantes, que buscábamos fueran sustituidos por teatro infantil, como el tan querido¨Grupo Tilingo¨, circo, cine al aire libre, magos, cuentacuentos, bailes tradicionales, en un lugar seguro y al aire libre.

Decirles que en un año sólo en Caracas, porque luego nos expandimos hacia las comunidades y espacios rehabilitados, y hacia áreas petroleras en el interior, llegamos a realizar hasta 2300 actividades al año y a recibir casi 800 mil personas, era una señal inequívoca del éxito de la gestión.

Generamos un comportamiento ejemplar en nuestros visistantes. Los llamaban ¨los ciudadanos PDVSA La Estancia¨. Nunca encontramos un papel en la grama, nunca un rayón. Yo misma me encargaba de supervisar las áreas. Lo increíble, es que esta actitud se extendió hacia todos los espacios donde mas tarde incidiríamos.

Llegado un punto, y ante la inminencia de nuestra expansión, mas allá de los muros de nuestro jardín, hacia la rehabilitación de obras de arte público, como la Esfera Caracas, del Maestro Jesús Soto, el Abra Solar de Alejandro Otero, la Fisicromía de Carlos Cruz Diez, la Fuente de Santos Michelena y la construcción de ¨Pariata 57¨de Omar Carreño, todas en la Plaza Venezuela, y mas adelante, el Boulevard de Sabana Grande, entre tantos otros, era mas que indispensable definir teóricamente la Misión y Visión de la institución y generar una estructura que, por una parte, respondiera a la organización corporativa de su empresa de adscripción (PDVSA); y por la otra, a las nuevas funciones que estábamos asumiendo. Sería uno de los pocos casos en que la institucionalidad nacería de la experiencia, y nó viceversa, por lo que, su acción, además de adecuada a las leyes, sería sobre todo, legítima, o lo que es lo mismo, dotada de ¨autorictas¨ (autoridad, en virtud de sus resultados), que es lo que no se decreta, sino que se gana.

Así, delimitamos nuestros tres ejes de acción: el cultural, el de revalorización patrimonial y el social. Este último entendido como transversal, por ser el acompañamiento de los factores sociales, indispensable de cada una de nuestras actividades y proyectos, como garantía de sustentabilidad.

Lo mas importante fue el auspicio de mas de 800 grupos culturales en todo el país, los cuales, como contraprestación de nuestro apoyo, debían replicar sus actuaciones gratuitamente en las comunidades, así como, la creación de decenas de nuevos grupos culturales. Presentarse en nuestros espacios, era una plataforma para ellos.

Igualmente, inspiramos el surgimiento de nuevos sitios que, siguiéndonos, buscaban satisfacer las expectativas de sus comunidades. Apoyamos iniciativas de todo tipo. Promovimos proyectos culturales a lo largo y ancho del país.

En definitiva, hubo un ¨boom¨cultural en nuestras ciudades, hasta el punto que, desde el interior y en especial, de las áreas petroleras, se esperaba con ansias la apertura de nuestras sedes.

Así, abrimos en la otrora casa del gerente del Centro de Refinación Paraguaná (CRP), (la Refinería mas grande del mundo), una hermosa sede de vista al mar y espacios aptos para la actividad de talleres, y para la inspiración. Mas tarde, otra en la Casa ¨Las Laras¨, antigua sede de la ¨Shell¨, en la avenida 5 de mayo de Maracaibo, para invitar al trabajador petrolero y a la colectividad, a difrutar de sus espacios de estilo antillano y verdes con énfasis en lo regional desde lo diverso venezolano.

PDVSA LA ESTANCIA, ¨Brazo Social y Cultural¨de Petróleos de Venezuela, oasis cultural, educativo, alegre, colorido y variado, logró sobre todo el apego humano, y al referirme a ello, estoy aludiendo al amor de su público, así como, de su personal, a quien, desde el principio transmití y acogieron como una regla de vida, lo que me enseñara mi madre, ¨trabajar se logra trabajando¨, por eso, no hacían mas que eso, y lo hacían con entrega. Sin ellos, sin su entrega, sin su participación cariñosa, no habríamos logrado la construcción de ¨la utopía de lo posible¨.

Porque, no era pensable que una Casa, propiedad de una corporación petrolera, se convirtiera en una institución pública, abierta, en una gestión inédita mundialmente, de la que todos los venezolanos y venezolanas nos debemos sentir orgullosos. Esta historia, nuestra historia la seguiré llevando a todos, para que quede plasmada esta experiencia de inclusión y democratización de los espacios y de la cultura.

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