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Actualizado hace 44 minutos

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Opinión
06:08 AM / 12/02/2019
No me ayudes “compadre”
Por Ylich Carvajal Centeno [email protected]


El cinismo del gobierno de los EEUU no conoce límites. En los últimos seis años los venezolanos hemos sido víctimas del bloqueo financiero y comercial, del artificial incremento de los precios del dólar en bolívares, de sanciones económicas. Nos declararon “amenaza inusual y extraordinaria” para ellos, la potencia militar más sanguinaria que en el mundo ha habido, y ahora seremos víctimas de su “ayuda humanitaria”.
Cuando comenzaron con las sanciones la crispada y crispante oposición criolla, que se le subordina perrunamente, decía que eran contra “funcionarios corruptos, narcotraficantes y represores del régimen”, pero las cuentas más baratas indican que en los últimos seis años Venezuela ha perdido alrededor de 20 mil millones de dólares que bien nos servirían para reactivar nuestra economía.
A la lacaya oposición venezolana eso no le preocupa. En 2002-2003 con el fulano “paro petrolero” nos provocaron pérdidas que entonces superaban los 10 mil millones de dólares, nos sometieron a una escases artificial de comida, gasolina y medicinas, cerraron los bancos para que no pudiéramos retirar nuestros ahorros y luego con su cara bien lavada salieron a decir que “el paro se nos fue de las manos”.
Como toda irracionalidad, que es un laberinto mental frente a un espejo, el gobierno de Donald Trump pone en marcha un plan para robarle a Venezuela la empresa Citgo, filial de Pdvsa, y el mismo oposicionismo que le prendió fuego al país durante las guarimbas y cuando no pudo lograr sus objetivos le prendió incluso fuego a venezolanos inocentes porque parecían chavistas, celebra, cantan y bailan en círculo, como en un aquelarre, los sacrificios humanos, para ellos, como para los brujos del medioevo, necesarios sacrificios humanos que hay que hacer para satisfacer su rabia y a su amo.
En esa racionalidad tautológica “es mejor que el petróleo se lo robe Trump y que no se lo sigan robando los Castros”, es decir, Cuba y EEUU son la misma cosa, como países tienen el mismo peso económico y geoestratégico y por supuesto todo lo que pasa en Venezuela es “culpa de los Castros”. O sino son “el imperio chino o el imperio ruso” o sino es la “brujería o la santería” que supuestamente practican los funcionarios del régimen, para decirlo como el maracucho que soy, “cualquier verga” menos admitir que desde hace seis años, sólo para contar desde la muerte del presidente Chávez, estamos bajo fuego estadounidense y el de sus gobiernos adláteres, sus presidentes y ex presidentes siervos de la gleba.
Se aferran a cualquier resentimiento menos admitir los errores que en el mismo lapso han cometido sus dirigentes, quienes los han llevado, derrota tras derrota, a un peligroso estado de depresión y rabia que, como todo estado depresivo, se vuelve autodestructivo. Por eso no me extraña que una pila de venezolanos estén dispuestos a dejarse bombardear, a que Venezuela sufra una invasión militar criminal, están dispuestos a inmolarse “para que se acabe esto de una buena vez”, con la determinación de un suicida.
La dirigencia de oposición, que es la más irracional o la más cínica, que nuevamente va a sacrificar a su propia gente, a quienes les siguen como los miembros de la Iglesia del Pueblo siguieron al pastor Jim Jones hasta las selvas de Guyana, después de montarse la película del presidente interino van a intentar, otra vez, la de la “marcha a Miraflores” pero en la frontera. 
Violando todas las normas del derecho internacional y las mínimas del sentido común, piensan irrumpir en el territorio venezolano desde el colombiano con la supuesta “ayuda humanitaria” apostando a que las Fuerzas Armadas Bolivarianas no se lo impedirán, que la presión internacional y una marcha en Caracas paralizaran a los militares como en esas películas gringas en las que ellos son los “salvadores”, los “buenos”, los que tienen la “razón” y claro los más “bonitos”, vestidos para la ocasión, y todos los indios, bárbaros, tercermundistas, negros, árabes y hasta extraterrestres se les rinden.
Como un trauma que no puedes recordar, que ocultas celosamente en algún lugar de tu mente, los venezolanos de oposición se niegan a aceptar el peligro al que nos están llevando. No pueden ver el vacío que se abre ante sus pies, quieren que esto se acaba como sea, es decir, ya no pueden más y ese daño, que es el más costoso porque no puede contarse en dólares, porque lo más valioso que los venezolanos tenemos somos nosotros, es el que más pronto hay que reparar.
Se supone que una ayuda, del tipo que sea, resuelve, coopera, ayuda pues, pero los venezolanos estamos siendo víctimas de una “ayuda” que puede traernos una guerra.
 

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