Los infiltrados / Por: Rafael Ramírez

Por:  Rafael Ramírez

En una de sus diarias intervenciones en televisión, nicolás maduro, hablando de un miércoles “productivo” en un país cuya economía está quebrada, con una caída acumulada del 62% del producto interno bruto, hablando de una producción que no existe, de una épica que no es tal, en el país-bodegón, anunció la extensión de las actividades, por seis meses más, de la comisión privatizadora de PDVSA Alí Rodríguez Araque.

En su intervención, con la “plana mayor de la revolución”, no hubo balance, no se presentaron planes, tampoco informe de gestión, mucho menos, resultados.

El ministro tareck el aissami, hace referencia al éxito de la reunión del Comité Técnico de la OPEP, el JMMC por sus siglas en inglés, del pasado 19 de agosto, donde se comprobó el cumplimiento del 97% del recorte de la producción de la OPEP+, y aprovecha para adular a nicolás por su “liderazgo” ante la OPEP, liderazgo que será “recordado siempre”. Pero la realidad es muy distinta. No dice tareck, que Venezuela NO participa de los recortes de la OPEP, está fuera de la política de cuotas porque no tiene nada que recortar, la producción de petróleo en el país ha venido en caída libre desde 2015. No dice el ministro que el último informe de la OPEP del mes de julio, reporta la producción de petróleo venezolano en tan solo 339 mil barriles día, la misma que teníamos hace 90 años, en 1930, durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. Un retroceso criminal que evidencia una caída de la producción, en tan sólo 6 años, de 2 millones 644 mil barriles día de petróleo, 88% menos en comparación con la producción de 3,015 millones de barriles día de petróleo en diciembre de 2013. Un desastre.

Ciertamente, la OPEP no olvidará al gobierno de maduro, pues éste ha logrado destruir nuestra industria petrolera, algo no sólo absurdo sino inimaginable. Hoy día, Venezuela está en el sótano de la OPEP, pasamos de ser, en 2008, el cuarto país productor de la Organización, a ocupar el noveno lugar hoy día, solo superamos a Gabón, Congo, Guinea Ecuatorial y Libia, en producción. Aunque maduro proclame que en estos momentos, Venezuela tiene “un liderazgo vital”; la realidad es que, hoy día, a nadie en la OPEP le importa lo que diga o haga Venezuela, con una producción de tan solo 339 mil barriles día –un 1,47%, de los 23,17 millones que producen los países de la Organización–, y con unos ministros que no son capaces de decir o hacer nada que le importe al mercado petrolero internacional, salvo ser un caso de estudio del desastre injustificado en que han convertido a la industria. Los últimos ministros de petróleo del país, asdrúbal, quevedo y ahora tareck, son la expresión más genuina de la profunda crisis que afecta al sector y al país.

Le recomiendo al ministro de petróleo y a la “plana mayor de la revolución” que, si quieren saber qué es lo que está pasando en la OPEP, consulten mi Boletín Petrolero, es público, se pueden suscribir en mi blog www.rafaelramirez.net. Lo pueden hacer en privado, sin que maduro se entere.

Por su parte, maduro, que no se cansa de burlarse de la memoria de Chávez; y, lo más grave, de destruir su obra, en un acto de profundo cinismo reivindica la política petrolera del Presidente Chávez, la misma política que su gobierno ha desbaratado y convertido en polvo cósmico con sus decretos y leyes entreguistas, como el Decreto 3.068, la entrega de la Faja Petrolífera del Orinoco, del gas y la destrucción de la PDVSA Roja Rojita, la PDVSA del pueblo.

Una de las causas fundamentales de la terrible crisis económica que azota al pueblo venezolano, ha sido la destrucción de PDVSA y la entrega del petróleo y el gas al capital privado nacional y transnacional, es decir, la derogación de facto de la Política de Plena Soberanía Petrolera. Lo hemos dicho desde el inicio del gobierno de maduro, desde distintas posiciones, hasta salir al exilio: tras la muerte del Presidente Chávez y el ascenso de maduro al gobierno, arribaron al poder grupos económicos dispuestos a descuajar la patria para hacerse de sus restos, como sucedió con el gobierno de Boris Yeltzin en la antigua Unión Soviética.

La élite política que asaltó el poder, agrupada en lo que ahora se conoce como el madurismo, ha aplicado una política de choque de tal intensidad y violencia contra el pueblo venezolano, que ha logrado lo que siempre fue un imposible para la derecha tradicional del país: desbaratar al Chavismo, derogar sus conquistas económicas, políticas y sociales, y arrebatarle al país la soberanía económica, el manejo de sus recursos naturales, como el petróleo, el gas y el oro.

En sus palabras con respecto a la OPEP+, el madurismo se contradice con su discurso al país. Mientras que, tanto maduro como su ministro, reconocen que el petróleo es “fundamental” para la recuperación de la economía mundial, en Venezuela reivindican absurdamente el “fin” del petróleo, proclamando que han “superado el modelo rentista petrolero”, como una manera de justificar su desastroso manejo de PDVSA, cuando lo que hicieron, fue quitarle el oxígeno al país, destrozando la industria petrolera, saqueando al Arco Minero y dejando al país dependiente de las remesas de los muchachos (muchos brillantes profesionales y técnicos de PDVSA), que tuvieron que irse de la patria.

En su ya acostumbrada retórica de aguaje “antiimperialista”, maduro asegura cínicamente que el petróleo es de los venezolanos y que “jamás será del imperialismo norteamericano”; sin embargo, la realidad es otra, para la historia quedan sus expresiones lamentables y la entusiasta invitación a las transnacionales del petróleo y el gas, “aquí los recibimos con los brazos abiertos”, triste frase acuñada en el mismo momento de entregar el gas de Oriente a la Shell y el gas del Proyecto Mariscal Sucre a la Rosneft y a las transnacionales que operan en Trinidad y Tobago, o la entrega de nuestra participación y control de las mejores áreas de la Faja Petrolífera del Orinoco, PetroSinovensa y PetroMonagas, a las empresas chinas y rusas, o los acuerdos firmados con la “Sargen Marine”, o la entrega de Ayacucho 10 a la empresa de maletín de Malta conformada por capitales de la derecha española y los “bolichicos” del madurismo, o la transferencia de Ninas a los capitales rusos-bolichicos de Petrozamora y un largo etc., pasando por los desatinos políticos en su relación frustrada con el “camarada Trump” y un sinfín de ejemplos de su incoherencia entre el discurso y los hechos.

Luego, tanto maduro como su ministro, y asdrúbal, le hablan a la “clase trabajadora”, la utilizan y tratan de manipular, cuando no solo los distintos administradores del madurismo al frente de PDVSA la ha perseguido y mantienen encarcelado-secuestrados por cientos a los trabajadores, sino que les arrebataron su Fondo de Pensiones, eliminaron el seguro Sicoprosa y los mantienen con salarios de miseria, tratando de manipularlos con una caja Clap.

Nó, nicolás, la realidad es que los trabajadores petroleros están movilizándose, luchando por sus derechos, no te tienen miedo y te retan a una asamblea contigo, no para que salgas con tus excusas y acusaciones de siempre, sino para que le des la cara y soluciones. Tendrías que dar la cara a los trabajadores petroleros, a los de Corpoelec, a los de las Empresas Básicas, a los de la administración pública, pero no utilizando a tus sicarios, ni a tus grupos proto-fascistas, sindicalistas corruptos, que han destruido al movimiento obrero venezolano y permitido que les arrebataran años de conquistas económicas y sociales. Tienes muchas cuentas pendientes con el pueblo Chavista, con los trabajadores y con todo el país, por eso, no sales de tu mundo de fantasía, de la burbuja donde te mantienen tus aduladores.

No podía culminar maduro su intervención sin las acusaciones de siempre. “Contra el burocratismo, la corrupción y los infiltrados…”. maduro tiene ya 6 años hablando de lo mismo, las mismas excusas, las mismas acusaciones, el mismo odio, es el discurso para los maduristas. Arremete contra la palabra “rojo rojito”, contra el Che, contra los trabajadores, ahora se siente cómodo mostrando su alianza con la burguesía madurista.

Más peligroso que maduro, son los maduristas. Traidores a Chávez, al pueblo, a nuestro proyecto Bolivariano, enajenados en su carácter crítico o contestatario prefieren aplaudir y seguir ‘lo que maduro diga”, sin preguntar, sin ver a los lados, sin darse cuenta de las ruinas en que han convertido nuestra patria.  Callando ante el paquetazo de derecha del equipo económico de maduro, ante la entrega del petróleo y el gas, ante la privatización de PDVSA, ante el desastre del Arco Minero, ante los crímenes de las FAES, ante la prisión de los trabajadores, de Rodríguez Torres, la desaparición de Carlos Lanz.

Ya resulta grotesco el odio de maduro hacia la PDVSA del pueblo, la Roja Rojita. Cuando pronuncia estas palabras le brota el odio, no puede controlarlo, porque le recuerda que traicionó a Chávez, que su gobierno acabó con la PDVSA del pueblo, la que dirigimos nosotros por tantos años al lado del Presidente Chávez, porque le salta el recuerdo de lo que era la PDVSA bastión de la soberanía. maduro sufre del odio de los traidores hacia sus antiguos compañeros o ideas, trata de extirparlos de su recuerdo. No podría verle a los ojos a Chávez, no podría debatir conmigo, no puede darle la cara al pueblo. 

Al final de todo lo que ha pasado y han hecho con PDVSA, con nuestra Política Petrolera, con los trabajadores, con el país, con la Patria de la que habló el Comandante Chávez, lo que está claro, es que el único infiltrado aquí has sido tú nicolás, te lo dirían los trabajadores petroleros en tu propia cara, tú eres el infiltrado, los burócratas y corruptos los pusiste tú en PDVSA y en todo el gobierno, insaciables, grotescos.

Puedes perseguir a quien quieras. Puedes crear fake news, falsos positivos. Tú y los tuyos, los que hoy te aplauden y participan de este desastre eran, y siempre fueron, los infiltrados en la revolución, los tareck, los asdrúbal, los wills rangel, los hermanos rodríguez, todos los que te rodean y que no pueden levantar la mirada, ni dar la cara, siempre mirando a los lados, tratando de escapar del fantasma de Chávez.

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