Los defectos de nuestras virtudes / Por: Iván López Caudeiron

Por:  Iván López Caudeiron

Cada país tiene sus problemas peculiares y sus adversidades especiales. Y a veces esos infortunios están unidos a situaciones que desde otro punto de vista o en otro contexto, pueden ser consideradas como privilegios. Dicho en otras palabras, podría decirse que un país, como una persona, evidencian sus benevolencias y debilidades casi al unísono, con escaso margen de separación. De eso escribiremos hoy. Aquí: Los defectos de nuestras virtudes.

Los ídolos de hoy

Siempre he creído que los seres humanos suelen no ser tan virtuosos ni tan execrables como podría creerse de acuerdo a la imagen que de ellos recoge la historia o -en nuestro tiempo- las redes y portales de noticias. Es eso, sin duda, lo que quiso decir quien sostuvo que ningún gran hombre impresiona a su valet, es decir, al sirviente que tiene al lado y conoce todas sus intimidades y flaquezas intelectuales y físicas. De la misma manera, estoy seguro que un conocimiento directo o por lo menos completo del emperador romano Claudio o el siempre polémico Fidel Castro, arrojaría una imagen más matizada, menos horrenda y repulsiva que la actual que heredaron de la historia oficial. Ni de seguro, los pueblos y los reyes adversarios de los antiguos judíos fueron tan excepcionales en el vicio, solo que tuvieron la mala suerte de que fueron sus enemigos quienes escribieron sobre ellos. Y quien escribe tiene la última palabra, puede hacer pasar una derrota por un victoria, o convertir una pequeña escaramuza en un hecho de supuesta primera magnitud, o iniciar la tercera Guerra Mundial.

Tal es el poder de la palabra, para bien y para mal, para esclarecer y para embrollar, para hacer y para deshacer. En nuestra época tenemos además que enfrentarnos con la peculiaridad de que las palabras se han hecho torrente. Por eso vemos que las imágenes públicas de los personajes notorios se hacen y se modifican con una facilidad y celeridad impresionantes, sin que tengamos siempre la precaución de recordar cómo funciona el mecanismo que las fabrica. La verdad sea dicha: hay que revisar con LUPA a los ídolos de hoy.

En este sentido puede ser saludable, ejemplar el caso de “Kim Kardashian”. En cualquier crónica de nuestra época, este personaje ocupará un lugar destacado. Es la heroína de Hollywood. Como lo fue Marylin Monroe. Sólo que en contraste con la rubia de oro, Kim Kardashian han sido una imagen camaleónica, cambiante según los tiempos y las circunstancias, al punto que ya no se sabe bien a cuál de su apariencia corresponde al ser humano que con tanta frecuencia vemos mencionado y fotografiado en los renglones más frívolos de los diarios, las revistas o las actualidades faranduleras.

De toda esta confusión, lo único que es sensato sacar en claro, es un sano escepticismo sobre los héroes de éste y otros tiempos. Después de todo, también las imágenes de Napoleón o Pinochet guardan poca relación con el beneficio o el daño que esos personajes significaron para la humanidad. Y que no se me diga que no hay común medida: con ayuda de los medios modernos (sobre todo redes sociales) la mayor de las Kardashian ha sido una figura de gigantesca influencia, primero farandulera, luego algo negativa con la aureola de oportunismo y frivolidad, y por último nefasta con el egocentrismo y banalidad que se desprende de la relación que se hace de su comportamiento. Esa conducta y la inmensa publicidad que recibe, deben tener trastornado el seso de muchas jóvenes en el mundo. Emular a Kim y todo lo que ella representa y muestra, debe ser el sueño de muchas colegialas. Triste realidad…

El mayor aprendizaje

En Venezuela muchos sociólogos y políticos, parecen más interesados en vigilarse y en injuriarse mutuamente que en observar el acontecer humano que es supuestamente su especialidad. Y digo esto, pues me asombra el escaso número de encuestas e investigaciones empíricas que se han realizado en Venezuela, en contraste con el número grueso de estadistas y sociólogos que se han graduado en nuestras universidades. Se dictan clases, se dan conferencias, se proponen exámenes, se leen y hasta se escriben libros, se adoptan teorías (somos aun subdesarrollados para innovar), pero lo que es ir a ver cómo vive la gente, resulta tarea imposible.

Por otro lado, los políticos en su mayoría, poco se preocupan por saber cómo se conducen los seres humanos en tales o cuales circunstancias; saber cómo viven, eso es demasiado pedestre y despreciable para los políticos venezolanos (repito, en su mayoría, hay excepciones que confirman la regla). Parecieran que dijeran: “¡Qué se ocupen los consejos comunales o dirigentes vecinales que tienen tiempo para eso! Nosotros nos ocupamos de cosas más trascendentales”.

Se me ocurre decir estas cosas porque siempre recorro a pie lugares muy concurridos; el mercado de la Isabelica, la Plaza Bolívar de Valencia, el C.C. San Diego, o la Avda. Bolívar de Bejuma, son solo algunos de los sitios que me permiten reflexionar en la riqueza de observaciones que cualquier hijo de vecino, aun sin saber quién fue Rodrigo de Triana, puede hacer en esos sitios con centenares y miles de personas caminando y conversando. La ciudad se entiende allí, con sus problemas de abastecimiento, aseo, tránsito, orden público y, sobre todo, convivencia.

Ya me imagino las objeciones de nuestros sociólogos y “políticos”. Me van a decir que ningún instrumento científico puede levantarse de ese “gentío” caminando; o peor aún, muchos políticos dirán: los políticos tenemos que ocuparnos de temas más importante para la política, como por ejemplo ir armando la plancha por lista para las próximas elecciones de Concejales o desde ya la de la Asamblea Nacional para el 2020. A mí, que no soy sociólogo ni tengo espíritu científico, pero asumo la política como un aprendizaje constante, me fascina caminar entre personas comunes, de “a pie”, pues allí, en ese compartir genuino y diferente, está, a mi parecer, el mayor aprendizaje sobre aspectos esenciales de nuestra vida en Venezuela. Así lo veo.

Post Scritump: Sobre una polémica reciente, les dedico a quienes mis #Pareceres le resultan un poco “incómodos”, un pensamiento genial de Ryszard Kapuściński periodista e historiador polaco. “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás en sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades y sus tragedias”. Y es así, ni más ni menos. #ElFuturoEsNuestro

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