Lo que viene en política para el 2020 / Por: Ilich Carvajal

Por:  Ilich Carvajal

Aunque el oficio de pronosticador en Venezuela está en su peor momento –no sólo por lo desacertados que suelen ser los pronosticadores de oficio sino porque a la final es poco lo que pasa- me animo a “echar los caracoles”, a “leer las cartas”, a “mirar la borra del café”, a sólo horas de que cese el 2019, para intentar decirles, cual radar, que es lo que nos viene.

Entienda de antemano que es altamente difícil y compleja la labor que me propongo en un país altamente impredecible. Fíjese que los astrólogos, brujos, espiritistas de la “nueva era” y otros videntes o “mentalistas” han pasado agachados este fin de año.

¡Bien! Lo que está de anteojos es que 2020 iniciará en Venezuela el 5 de enero y no el primero como señala el calendario gregoriano pues ese día puede definir como serán los 360 restantes, así que veamos los escenarios posibles:

“Repite carta” o Juan Guaidó es reelecto presidente de la Asamblea Nacional (AN):

Con estas cartas el juego es prácticamente el mismo. Aunque, según Mike Pompeo, esta es la apuesta del gobierno de los EE UU, el mismo Pompeo se va del Departamento de Estado en cuestión de días –según ha revelado la prensa gringa- por lo que, en todo caso, sería una estrategia para seguir desgastando al gobierno del presidente Nicolás Maduro pero que no asegura, ni remotamente, el objetivo que se habían planteado de derrocarlo.

En este escenario es poco probable que se apruebe un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) que permita realizar unas elecciones parlamentarias –en 2020 se vence el periodo de la actual AN- con la participación de todos los factores políticos y con los avales nacionales e internacionales que se estiman necesarios.

Es probable que Guaidó y sus aliados insistan en su estrategia de “gobierno paralelo” que si bien ha tenido éxitos y réditos a escala internacional a escala nacional los ha inmovilizado pues para el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y para el resto de los Poderes Públicos la AN seguiría en desacato y en ese sentido un CNE designado exclusivamente por Guaidó y sus aliados no podría realizar unos comicios. Un “CNE en el exilio” sería, además, el colmo del ridículo.

Aunque reelegir a Guaidó en la presidencia de la AN para mantener la misma estrategia de “cese de la usurpación” es prácticamente cerrarse todas las puertas incluyendo las de huir y salidas de emergencia, no es descartable porque la oposición leopoldista-guaidonista tiene ahora un nuevo propósito: administrar discrecionalmente los ingentes recursos económicos y financieros que les ha proporcionado su “gobierno paralelo” fuera del país. Se trata de millones de dólares, podrían incluso ser miles de millones si se considera el dinero y el oro de Venezuela retenido en bancos en el extranjero.

Este escenario le pone más fácil al gobierno del presidente Maduro y a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), en la opinión pública nacional, el anunciado adelanto de las elecciones parlamentarias para los primeros meses del año con el mismo CNE o con un CNE designado por el TSJ; con la “ñapa” de que una parte de la oposición, probablemente, se niegue a participar como lo hicieron ya con las elecciones de alcaldes y las presidenciales pasadas.

Guaidó se ha desgastado a escala nacional e internacional. El que no haya logrado su objetivo principal, el llamado “cese de la usurpación”, pero también errores garrafales que terminaron en sonoros fracasos como el ingreso “si o si” de la llamada “ayuda humanitaria”, el supuesto “alzamiento militar” del 30A cuyo real propósito pareció ser la liberación de Leopoldo López, es decir, sacarlo de su casa para llevarlo a la casa del embajador de España en Caracas, y las denuncias de corrupción y alianzas con bandas criminales colombianas como Los Rastrojos han sido letales.

Además, sus “padrinos” internacionales, Iván Duque y Sebastián Piñera, dados los conflictos sociales y políticos en sus propios países, no parecen estar en condiciones de salir en su defensa, más si al salir Pompeo del Departamento de Estado hay una variación en la estrategia de Trump contra Venezuela.

Jair Bolsonaro, otro de sus aliados incondicionales, se ha puesto él mismo al margen del juego al darles asilo político y protección a cinco militares desertores venezolanos acusados de participar en el asalto a un cuartel militar en el estado Bolívar del que fueron, además, robadas armas de guerra.

No parece ser este el escenario más favorable para la oposición pero ya sabemos cómo es de errática su dirigencia ¿Qué es una raya más para la cebra?

“Misma mano” o Juan Guaidó es sustituido por otro idéntico:

En este caso el único cambio sería realmente el avatar. ¡A ver! en un esfuerzo por refrescar o reflotar la estrategia de “cese de la usurpación” cambiar a Guaidó por otro de la misma alianza Voluntad Popular (VP), Primero Justicia (PJ) y Un Nuevo Tiempo (UNT) para que todo siga igual. El problema con éste escenario es ¿Quién? ¿A quién pondrían?

A parte de que no parecen tener muchas opciones, más cuando Guaidó y sus errores han “quemado” a buena parte de sus más leales correligionarios, implicándolos en intentos de magnicidio, golpes de Estado y actos de corrupción, está el espinoso asunto de ¿Quién administraría ahora los dólares de la “ayuda” gringa?

Este escenario es poco probable, además, porque implicaría un reconocimiento del fracaso y el desgaste de Guaidó por parte de sus principales aliados nacionales. Imagínate vos: el presidente encargado depuesto por los mismos que lo eligieron.

Este escenario podría tener una variante: que se nombre un nuevo presidente o presidenta de la AN de la alianza VP, PJ y UNT y Guaidó quede como “presidente encargado” de la República como un mecanismo más de presión y negociación con el Gobierno.

Pero esa variante podría rayar en el absurdo porque, por ejemplo, ¿Dónde despacharía ese supuesto presidente? ¿Nombraría por fin un gabinete? ¿Qué competencias reales tendría? En todo caso, esa variante sería para sacar “discretamente” a Guaidó del juego mandándolo a las bancas y, quieran o no, poniéndolo más al alcance de la mano del Fiscal General de la República que ya lo investiga por varios casos.

Además, contradice su interpretación de la Constitución de acuerdo con la cual a Guaidó le corresponde ser el presidente encargado en tanto presidente de la AN.

“Salvar el juego” o la AN cambia de presidente y de estrategia:

Aunque para ello haría falta algo así como un Pentecostés en enero, no debemos descartar que la dirigencia de la oposición entienda que no tiene otro camino que la política y las elecciones y en consecuencia nombre a un nuevo presidente o presidenta de la AN que pueda avanzar en el objetivo de designar un nuevo CNE en dialogo con la banca del Gobierno nacional en el parlamento y buscar con el TSJ una salida digamos que elegante, jurídica y política, a su desacato constitucional.

Tras los “capotes” que le ha metido el Gobierno en los últimos cuatro años, sería una verdadera demostración de inteligencia, raciocinio crítico y madures política intentar enmendar de la mejor manera posible los errores o lo que no les ha salido bien y replantearse la estrategia para sacar a Maduro de Miraflores a través de la política y los votos.

El verdadero propósito de esta estrategia sería la de asegurar unas elecciones parlamentarias con un nuevo CNE, que, además, sea reconocido por el Gobierno y tenga los avales internacionales que se estiman necesarios. Es decir, intentar recrear el 2015 y ponerse en la ruta de revalidar en unos comicios sin máculas su mayoría en la AN.

Aunque perdieron el factor determinante del triunfo de 2015, la unidad de los partidos de oposición y una estrategia electoral unitaria, necesitan un mínimo de normalidad, de estabilidad institucional, si quieren unas elecciones únicas, universales, directas y secretas que puedan ser reconocidas dentro y fuera del país.

La probabilidad de éste escenario es mediana porque va en contracorriente de lo que hasta ahora ha sido la estrategia del Gobierno de los EEUU contra Maduro y que ha tenido en el radicalismo de VP y ciertos factores de PJ y UNT un obediente aliado.

Implica, además, que el objetivo para 2020 de la oposición sería realmente revalidar su mayoría en la AN y no necesariamente sacar a Maduro de Miraflores en lo inmediato porque, como ya he comentado, unas elecciones de esta naturaleza, dado además el interés que Venezuela tiene ahora para el mundo, necesitan de un acuerdo político y una estabilidad institucional mínima que las valide.

“Cierro el juego”, ganan los blancos o rebelión en la AN:

El mismo Juan Guaidó reconoció en una entrevista con el diario español El País que la oposición está dividida en por lo menos tres grandes factores: uno mayoritario en el que están los partidos principales de oposición y que lo respalda, otro que obedece a María Machado y que busca una salida de fuerza y un tercero que disiente de los anteriores y que aceptó entrar en dialogo con el Gobierno.

Como es un hecho público, además, las disidencias en la AN, los conflictos entre parlamentarios por las denuncias de corrupción o porque un sector importante de éstos no se siente tomado en cuenta y ven pasar el tiempo, cuatro años ya, sin resultados palpables, entra dentro de las probabilidades que lo que se considera la minoría en la oposición se rebele, se cuente y descubra que le dan los votos para presidir el parlamento.

Eso no sería al azar o por casualidad, sino porque unas manos muy habilidosas, unas que pueden hilar filigrana, se haya dado a la tarea de unir a los molestos, los decepcionados, los maltratados, los abandonados a su suerte, a los olvidados y den el “palo” el 5 de enero.

Sería la oposición porque quienes dialogan con el Gobierno son de oposición pero sería una oposición alternativa, con renovados rostros o, más bien, renovados roles, porque algunas caras son bien conocidas, y una nueva estrategia.

Este escenario tiene una variante y es que los parlamentarios del Psuv y otros factores del chavismo, en el marco de la Mesa de Diálogo Nacional, gracias a la cual la bancada roja volvió al parlamento, voten a un presidente de la oposición que el mismo Gobierno llama democrática, no entregada a gobiernos extranjeros.

Sería por demás políticamente coherente y legítimo que aunaran esfuerzos para nombrar una Junta Directiva de la AN que apoye el diálogo propuesto por el mismo presidente Maduro y haga regresar al parlamento al juego constitucional, institucional.

Pero la jugada que resultaría maestra y un nocaut fulminante para la oposición radicalizada y aliada a Trump sería que, absteniéndose los factores del chavismo en el parlamento, y dada la merma en el número total de parlamentarios de oposición –ya sea porque se han ido al exilio o están privados de libertad, al hecho de que no todos los suplentes estén disponibles o no quieran ellos juramentarlos- la oposición dialogante termine haciéndose con la presidencia de la AN.

Aunque la probabilidad de este escenario es baja no es del todo descartable ¿sabe por qué? Porque la división en la oposición se ha profundizado y radicalizado. No todos están felices con que Leopoldo López –gracias al apoyo gringo y de los senadores cubano estadounidenses Bod Menéndez y Marcos Rubio- imponga su agenda, porque los partidos minoritarios que ya están marginados saben que no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir a otros comicios, más si no tienen recursos económicos para mantenerse, porque, incluso, factores de fuerza de la oposición han visto mermado su poder en la medida en que López, a pesar de sus fracasos, se impone y esto, en no pocos casos, ya raya en lo personal. Hay vendettas pendientes por cobrar.

En un ambiente tan enrarecido como ese no descarto que algunos “dejen caer los brazos”, ese día algunos se “enfermen”, se esfumen o desaparezcan, no asistan a la sesión y en esas prácticas de parlamentarismo de orilla ayuden a que las supuestas minorías ganen.

Eso pondría a López y a Guaidó al margen del juego y el resto de los factores, Acción Democrática, UNT, las minorías, e incluso, PJ, que no asumirían responsabilidad por la “sacada” a VP pues oficialmente le estarían apoyando, se verían en la “imperiosa necesidad” de replantearse las cosas.

¿Ustedes se acuerdan cuando la oposición mandó a no juramentarse ante la Constituyente a sus gobernadores electos y Henry Ramos Allup incluso amenazó públicamente con expulsarlos pero a la final fueron y se juramentaron? ¡Bueno! a algo así me refiero.

Admito que este escenario lo planteo con ayuda del mismo Maquiavelo pero créanme que puede ser peor.

Escenario “pateo la mesa” y no juego más:

Es el más indeseable pero por desgracia no del todo improbable. Me refiero a la probabilidad de que las contradicciones internas en la oposición terminen por hacer erupción de la peor manera, no logren ponerse de acuerdo en nada, se atomicen sus factores al punto de que no haya posibilidad de hacer quorum y designar o renovar la Junta Directiva de la AN y entonces el desacato sea total.

La probabilidad de este escenario es baja pero dado los odios que se han expresado allí, lo errática que ha sido la dirigencia, particularmente este año, los personalismos que han dominado la toma de decisiones, y ante la posibilidad de que los factores extranjeros no logren mantener cerrado el redil, no descarto que la AN se “auto suicide” como dijo el tipo aquel.

No exagero, esto de no ir a elecciones que pueden ganar y de no juramentarse en cargos que han ganado a través del sufragio lo hemos visto ya.

Cojan palco.

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