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Actualizado hace 20 minutos

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Opinión
06:00 AM / 04/08/2019
La violencia omnipresente
Maryclen Stelling

Sin distingo de posición o afiliación política,  comienza a generalizarse en la ciudadanía  un estado psicológico de indefensión y desesperanza.

En diversos espacios políticos plurales, donde hemos estado trabajando el dialogo    ha surgido espontánea y dolorosamente la desesperanza o  indefensión aprendida, en relación con estímulos negativos o aversivos generalmente incontrolables, que se identifican con la violencia impregnada en diversos órdenes de la vida.

La cotidianidad se vive desde el fatalismo, la frustración y el pesimismo;   la tristeza, la impotencia  y una suerte de pasividad ciudadana producto de la habituación y resignación  a la violencia en sus diversas formas. Desde la indefensión, se denuncia una violencia que está en todas partes: en el tejido social,  en la afectividad y en el miedo al otro, al diferente,  al adversario político.   Se destaca la violencia presente   en el lenguaje,  la información, relatos transmediáticos   y en el discurso político.  Resalta la violencia que se desprende de la desinstitucionalización, la economía y aquella inherente a la   crisis de subsistencia.  Se señala la violencia política y en  el ejercicio de la autoridad.  Se alude a la violencia legítima y la anómica.  Sin menospreciar  la violencia  que caracteriza  las relaciones internacionales expresada en el cerco económico y geopolítico; en el  aislamiento del mundo exterior y el despojo petrolero. En este contexto ocurre recientemente el asesinato  de un grupo de campesinos en Barinas.

Se impone el miedo ante una  violencia presente en muchos lugares y situaciones.   En este paisaje emocional, el miedo- aun cuando varía en contenido y gradación de un polo político al otro-  desempeña indudablemente un papel fundamental.  En ambos espacios políticos, destaca el miedo al otro,  señalado por expertos como  la causa última de la violencia.

Estudiosos plantean una  suerte de triángulo de la violencia. constituido por la subjetiva que puede ser invisible;   la simbólica interiorizada y naturalizada y, finalmente,  la violencia sistémica, relacionada con el funcionamiento de la economía y la política. 

Violencia omnipresente que se  traduce indefectiblemente en  sentimientos de desesperanza e indefensión aprendida.

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