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Actualizado hace 146 minutos

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Opinión
06:12 AM / 29/01/2019
La “trumpada” de Estado, por Ylich Carvajal Centeno
Ylich Carvajal Centeno

Al mejor estilo de la Compañía Británica de las Indias Orientales en el Caribe y su flota de piratas, el Banco de Inglaterra se negó el viernes pasado a devolverle a la República Bolivariana de Venezuela 1.200 millones de dólares en oro arguyendo que, según dijo Mike Pompeo que mando a decir Donald Trump, el presidente Nicolás Maduro ya no es el presidente sino un tal Juan Guaidó.

La intención del gobierno gringo es que las cuentas de la República en bancos del extranjero, tanto las que maneja la Presidencia como las del Banco Central de Venezuela, sean entregadas al “muchacho de mandado” de tío Donald, que él sabrá qué hacer con ellas. Cosa que llama la atención porque según el mismo gobierno gringo y las llamadas calificadoras de riesgo Venezuela está quebrada ¿Qué cobres son esos que pretenden entregarle al tal Guaidó quien no nombra gabinete, ni ministro de Finanzas, ni tesorero?

Estos 1.200 millones de dólares en lingotes de oro venezolano se suman a otra enorme cantidad de miles de millones de dólares venezolanos que han sido congelados en diferentes bancos después que EE UU amenazó con sancionar severamente a las entidades financieras y las empresas que comercializaran con el gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras el banco de su majestad británica se negaba a devolvernos el oro, Mike Pompeo prometía en la reunión de embajadores de la OEA, donde presionó para que se reconociera a su muchacho como el presidente de Venezuela, sin éxito; que tenía listo un paquete de 20 millones de dólares para la fulana “ayuda humanitaria” que Donald Trump le ha prometido a sus súbditos en Venezuela ¿Por qué no mejor nos devuelven el oro y los dólares retenidos?

Como la OEA no reconoció a Guaidó como “interino”, Mike Pompeo se fue al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que le reconocieran a su muchacho, pero los embajadores de Rusia, China, Sudáfrica, Cuba, entre otros, le dijeron que Guaidó podía pasar por hijo de Donald Trump pero como Presidente de Venezuela nunca.

Lo que sí ha reconocido el mundo entero, incluyendo los medios en los EE UU, es que Trump se montó una de golpe de Estado en Venezuela con el apoyo de Los Muppets.

No es realmente un golpe, más bien es una “trumpada”, pues fue su vicepresidente Mike Pence quien convocó por Twitter a la marcha del autoproclamado. Fue su secretario de Estado, Mike Pompeo, quien convocó a la reunión de la OEA para que reconocieran a Guaidó antes de que éste se autoproclamara. Quien luego convocó a la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU y ahora está llamando a todos los gobiernos que se le subordinan para que digan que reconocen a Guaidó aunque no lo conocen.

La prueba más evidente de que se trata de una “trumpada” es que la dirigencia de oposición ha desaparecido del escenario público en momentos tan vitales para el presente y futuro del país. Ni el locuaz y ocurrente Henry Ramos Allup, ni el retórico Manuel Rosales, ni alegórico Henry Falcón, ni la muy estridente María Machado han salido a decir “esta boca es mía”. Guaidó no es mucho lo que dice. Y es que Trump no sólo ha puesto en marcha un golpe de Estado contra el presidente Maduro sino que como “daño colateral” le ha dado un golpe de Estado a la dirigencia oposicionista que, esa sí, de una, ha quedado noqueada.

Es claro que Trump no confía en esa caterva, ni para usarlos como muppets, así que se enguantó a Guaidó como un títere para golpear personalmente a Nicolás Maduro. Esa es realmente la pelea: Trump versus Maduro. Guaidó sólo es el guante para golpear a Maduro. El gringo es el favorito según los medios y los gobiernos que se le subordinan, incluyendo los de Europa. Pero la cosa se decide en el cuadrilátero, golpe a golpe, con piernas y pulmones. Maduro tiene consigo pueblo, Fuerzas Armadas y corazón para el combate. En los últimos cinco años le han dado con todo y no se ha rendido.

Trump golpeará con todo lo que tiene para intentar hacer una fisura en las Fuerzas Armadas. Esperemos que los soldados de Venezuela no hayan olvidado el ternejal, la particular táctica de combate con la que el Ejército de Bolívar venció en las Queseras, en Carabobo y Ayacucho. El terne, la perseverancia, la obstinación, la constancia que según el Libertador concede las victorias.

Y es que esta “trumpada” amenaza nuestra existencia como República, nuestra identidad de venezolanos y venezolanas. No se trata de optar por Guaidó o Maduro como pretende hacernos creer el gobierno gringo, sino de optar entre ser venezolano o no serlo.

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