La COP 25 y Venezuela

Por:  Oscar Morales

Acaba de terminar el encuentro mundial más importante en la lucha contra el cambio climático (Conferencia de las Partes, COP) en la ciudad de Madrid. En dicho encuentro se precisaron varios avances y algunas decepciones en materia climática.  Al respecto, se propusieron medidas que ayudarán al cumplimiento de los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero; pero también –desafortunadamente- no pudo ser posible consensuar el acuerdo fundamental para la regulación de los mercados de carbono (el famoso artículo N° 6 del Acuerdo de París), lo cual consisten en definir las reglas para negociar derechos de emisión de CO2 coordinadamente entre todos los países y, de este modo, lograr un mayor control  de las emisiones de gases de efecto invernadero y tender hacia la reducción o estabilización de las mismas.

Definitivamente, el cambio climático es una de las amenazas más graves que enfrenta nuestro planeta, puesto que, la evidencia científica identifica diversos impactos negativos sobre la salud del ser humano, la economía, la seguridad alimentaria, la infraestructura, el transporte, la biodiversidad,  los recursos naturales en general, etc. Uno de los instrumentos de coordinación con los que cuenta el mundo para afrontar el cambio climático es —precisamente— el Órgano Supremo de la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (Cmnucci) que convoca a la COP para que los países miembros adopten compromisos relevantes de conservación y protección medioambiental.

La COP es la instancia primordial para promover los acuerdos que minimicen las causas del cambio climático y que nos lleven, de una vez por todas, al crecimiento económico sostenible. En otras palabras, la COP es el escenario principal para formalizar y emprender las acciones que materialicen un desarrollo amigable con el medio ambiente y, en consecuencia, un planeta sustentable.

Como pudimos advertir, a lo largo de las reuniones que se llevaron a cabo en Madrid, los representantes de Venezuela no propusieron ninguna iniciativa clave que haya sumado esfuerzos para dar cumplimiento a los objetivos globales de sustentabilidad ambiental, sino que prefirieron gastar sus energías –simplemente— en demonizar el funcionamiento del sistema capitalista y a reafirmar que el planeta vive una catástrofe ambiental.

En simple, Venezuela –una vez más— se queda fuera de los grandes desafíos internacionales y no muestra ninguna simpatía por los temas globales que más importan, pues, se trata de la mismísima supervivencia del planeta y hacemos mutis. Nuestro país nada dijo sobre las innovaciones tecnológicas que necesita el mundo para generar energías limpias; nada dijo sobre nuevas estrategias de acción climática que podríamos desarrollar para enfrentar los efectos del cambio climático; nada dijo acerca de la necesidad de potenciar las metas globales más audaces para lograr transformaciones reales que reduzcan los daños del cambio climático; nada dijo en relación a nuevas inversiones urgentes para alcanzar la neutralidad del carbono; o, por último, nada dijo con respecto a la necesaria protección de los océanos y los suelos. Sencillamente, lejos de lo importante y cerca de lo irrelevante.

Lo que sí dijeron de Venezuela  fue que el régimen de Nicolás Maduro explota –bestialmente- una zona denominada “Arco Minero”, en la cual existen minas de oro, diamante y coltán a cielo abierto y, en dicha zona, se deforesta bosques sin compasión, se contamina el agua y los suelos, se violenta la vida de etnias originarias, se está devastando la Amazonía venezolana y, finalmente, todo ello ha servido de refugio seguro para organizaciones criminales que hacen negocio a sus anchas y con total libertad en la zona. En resumen: se denunció un ecocidio y genocidio.

¿Y qué más dijo Venezuela? Que somos víctimas del sistema capitalista y que se nos complica mantener los compromisos del Acuerdo de París (COP21) porque sufrimos medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos, es decir, no hacemos nada para honrar los pactos del Acuerdo de París; no hacemos nada para proteger el macizo guayanés; y no hacemos nada por resguardar nuestros mares y suelos porque estamos sancionados. Para decir lo menos: Esto es patético y bochornoso.

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