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Actualizado hace 24 minutos

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Opinión
06:30 AM / 22/12/2018
Jesús sigue naciendo entre las víctimas, por Antonio Pérez Esclarín
Antonio Pérez Esclarín

 El evangelio es de una dulzura  y sencillez increíbles. Jesús nace entre nosotros para traernos la Buena Noticia de un Dios Padre-Madre que nos ama entrañablemente y quiere que vivamos como hermanos.


Jesús,  alegría de los pobres y necesitados,  nos vino a traer la libertad, la esperanza,  el amor. Esta es una extraordinaria Buena Noticia, que no terminamos de creerla. Hemos convertido  la Navidad en una rutina o añoranza de hallacas, aguinaldos,  regalos, arbolitos, pesebres,   pero muy pocos tienen el coraje para sumergirse en el insondable misterio de un Dios  que se acerca a nosotros con su radical propuesta de cambio de corazón y de valores. 


Por ello, la mayoría en Navidad, pendientes tan solo  de los bonos y los perniles,  olvida lo más importante y la razón de la fiesta: al Niño que sigue naciendo entre los más pobres y necesitados y nos convoca en su silencio de niño desvalido  a cambiar de vida y empezar a preocuparnos y ocuparnos por todos, en especial por quienes  están siendo golpeados por el hambre,   la miseria o la desesperanza. 

 

La Navidad es una excelente oportunidad para convertirnos al Dios  de Jesús,  que está siempre con quienes sufren las desgracias y no con los que la causan. Es un Dios amigo de víctimas y no de victimarios. Dios está en el dolor de los que  sufren la humillación de las colas, en el llanto de la madre que no tiene que dar de comer a los hijos, en la tristeza de esos niños porque sus padres se marcharon del país;  está en las dudas y gritos rebeldes de los que no entienden cómo es posible que hayamos llegado a esta situación de caos, penuria e incertidumbre. 


Es urgente que nos libremos de la imagen de ese Dios insensible ante el sufrimiento de las víctimas. Dios no causa las tragedias, sino que las sufre. Dios se  esconde y se manifiesta en ese niño que no tiene dónde nacer, que tiembla de frío sobre pajas de un pesebre, que enseguida tiene que huir al destierro para salvar la vida pues los poderosos lo persiguen para matarle y durante años deberá vivir como un indocumentado en un país extraño. 


 Navidad: tiempo para convertirnos al estilo de vida y  valores de Jesús: Para el mundo, lo importante es triunfar; para Jesús,  es servir. Para el mundo es primero el que más tiene; para Jesús, el que más sirve con lo que tiene. 


Celebrar la Navidad debe ser una excelente oportunidad  para releer nuestras vidas  a la luz de la humildad y ternura  del pesebre y reflexionar  con sinceridad si somos seguidores de ese Dios humilde, tierno y amoroso, o seguimos a los prepotentes, egoístas y violentos. Para preguntarnos si somos sembradores de encuentro, paz y hermandad, o de división, violencia e intolerancia;  si trabajamos por una Venezuela donde los niños puedan nacer y vivir de un modo digno, o si solo nos preocupamos por nosotros y los nuestros.  Para aclararnos si nuestra conducta y vida celebra a Jesús, la ternura  y el amor, la verdadera Navidad;   o a Herodes , la violencia y la opresión,  la antinavidad.

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