Instituciones fuertes más que hombres fuertes / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

Existen dos grandes afirmaciones sobre el aspecto central del ejercicio político. La primera, es que la política no es una ciencia exacta. Y la segunda, se refiere a que en el debate político es necesario conceder algunas aspiraciones al adversario para que se logren otras. Dicho de otro modo, en la política no hay fieles certezas y sus reglas de juego impiden que uno se lleva todo.

Estas afirmaciones deben recitarlas todas las fuerzas democráticas que deseen reconstruir nuestra institucionalidad, es decir, todos aquellos que comprenden que la democracia es el camino para resolver nuestras diferencias, por encima de la violencia o el empleo de la fuerza física, puesto que, si queremos el renacimiento de una sociedad democrática, también tenemos que considerar que, en dicha sociedad, están prohibidos los métodos violentos de lucha y es ilegítimo cualquier medio que tenga el más leve olor del uso de la fuerza.

Dicho -y comprendido- lo anterior, debemos evaluar las opciones que nos quedan y actuar en consecuencia. Y en este punto se empiezan a manifestar los liderazgos políticos para darle conducción a la acción. Un liderazgo que se precie de tal tiene que asumir que su actuación choca con prohibiciones, las cuales debe explicar con suma precisión y prudencia didáctica, a fin de no caer en falsas expectativas, promesas inalcanzables y propuestas irresponsables que trastornan la finalidad de la política.

En el caso de nuestro país, se percibe esa ausencia de liderazgo que declare sin complejos que la resolución de la crisis colisiona con límites no controlables e imponderables odiosos, los cuales deberíamos gestionar con responsabilidad, consciencia y pragmatismo para superarlos de la mejor manera posible. No obstante, la nobleza del liderazgo nacional está en deuda y muchas veces las emociones los sobrepasan.

Así pues, nos encontramos estacionados sin liderazgos en esta terrible confusión que no nos permite descifrar un itinerario político acordado entre las fuerzas que adversan al actual régimen autoritario. Las razones de esta situación dramática también son tan innumerables como diversas. Por consiguiente, si tampoco tenemos un diagnóstico común, mucho menos tendremos una resolución compartida y aceptada por todos los que se oponen a Maduro & Cía.

En definitiva, si queremos comenzar un proceso de redemocratización nacional todo pasa, necesariamente, por crear un ambiente fértil en el cual todos afirmen que debemos construir “instituciones fuertes” y no seguir nutriendo esa vieja concepción de cultivar y apoyar a “hombres fuertes”, porque ya tenemos abundante experiencia de lo que termina germinando más adelante. Con esa piedra angular, empecemos.

Más Noticias