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Opinión
07:00 AM / 07/02/2019
Honor a quien honor merece
Oscar Morales Economista [email protected]

Hasta hace unos meses atrás, la oposición vivía bajo un profundo silencio, casi era inexistente y  pocos tenían esperanza de algún hecho político que cambiara la tendencia, a pesar de todas las desgracias sociales y el drama humanitario que son detonantes infinitos en cualquier grupo social. Sin embargo, el curso de los eventos determinantes de las sociedades son indescifrables, inesperados  e imprevisibles.
Actualmente, el ambiente es totalmente opuesto. Y entre tantas emociones, uno pudiera olvidar cómo se ha llegado hasta acá.

Pese a que algunos intentan manchar la lucha democrática, pacífica y electoral (porque es muy lenta, paciente y se necesita construir consensos), este renacer de esperanza no hubiese sido posible sin haber ganado la Asamblea Nacional en el año 2015. Y esta vez se demostró -con números en mano- la mayoría absoluta, y no con la boca y los gritos de cuatro extremistas. Juan Guaidó, es el producto de la política, la estrategia unitaria y la lucha cívica, no de la antipolítica ni el antisistema.


No es tiempo de alentar actitudes divisionistas que nos destruyen a todos. Al contrario, debemos reconocer a todos los que han entregado sus vidas en esta larga resistencia; a todos los que han perdido sus trabajos y que han puesto en peligro a sus familiares por oponerse a la conducta tiránica madurista. 
Debemos resaltar el rol de la Asamblea Nacional, que desde sus inicios ha denunciado los atropellos y ha sido un muro de aguante ante el autoritarismo. El Poder Legislativo declaró la ruptura del orden constitucional y democrático en 2016, además en el año 2017 y 2018, denunció la responsabilidad política y penal en contra de Nicolás Maduro. Además, prontamente declaró la inconstitucionalidad de la Asamblea Nacional Constituyente. Finalmente, no se ha cansado de tejer lazos fuera de nuestras fronteras, y hoy la comunidad internacional nos mira con otros ojos y somos un asunto de atención mundial.


Por lo tanto, no pasemos por alto que el escenario favorable de hoy, es el resultado de la resistencia ciudadana, la valorización del voto, la configuración de acuerdos y consensos políticos.  Ahora, el proceder es sin mezquindades, divisiones o intereses personales. No es tiempo de minar la confianza ciudadana creando historias de conspiraciones absurdas o desprestigiando la dirigencia opositora con relatos falsos. La verdad, es que los usurpadores del poder eso es lo que quieren, porque buscan oxígeno de cualquier manera,  están muy débiles y hay Maduro para poco rato, según dice la calle.


Muchas veces no hacen faltan los abucheos ensordecedores para  saber retirarse del escenario. El 4 de febrero se rindieron unos  y la historia siguió su curso. Fracasar no es malo, persistir en el error sí lo es. Mientras más días en el poder, más tiempo les demorará reconfigurar fuerzas e intentar regresar para ser una opción política viable. La rendición no es dañina, retener el poder al estilo cubano sí. Escuchen a quienes les aconsejan a lo interno. Se pueden evitar más calamidades económicas, los conflictos inhumanos y los destrozos sociales. Creo que es tiempo de razonar. La devastación de la República lo implora. 
 

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