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Actualizado hace 146 minutos

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Opinión
06:00 AM / 05/02/2019
Hilos sobre Guaidó
Ylich Carvajal Centeno periodista [email protected]

Por si quedaba alguna duda de que el golpe de Estado en proceso fue decidido en la Casa Blanca, los diarios El País de España y El Espectador de Colombia se lanzaron el fin de semana pasado a contar con detalles cómo el presidente Donald Trump se montó en derrocar al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro.
Estos medios, a su vez, se basan en lo que han revelado The Wall Street Journal, The New York Time, The Washington Post y The Guardian citando fuentes en el Departamento de Estado y la Casa Blanca y haciendo la cronología de los hechos que llevaron a la autoproclamación de Juan Guaidó, la cual incluye reuniones del diputado con el llamado Grupo de Lima y con el secretario de la OEA, Luis Almagro, así como una decisiva reunión del Consejo de Seguridad Nacional de los EEUU con el secretario de Estado, Mike Pompeo y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, tras la cual el vicepresidente Mike Pence llamó a Guaidó para darle luz verde. 
Los congresistas de extrema derecha Mario Díaz-Balart y Marco Rubio no han tenido reparos en hacer pública su participación en la conspiración y han destacado el significativo giro en la política de la Casa Blanca hacia Venezuela. Puestos a ver, son los mismos de La Salida en 2014 pero ahora con el plus de que el presidente de los EEUU se ha involucrado directamente.
En esa oportunidad, Leopoldo López, con el apoyo de Díaz-Balart y Rubio, teniendo a Álvaro Uribe como aliado en Colombia, pero sin contar con el consenso de todos los factores de la oposición venezolana y sin el definitivo visto bueno del presidente Barack Obama, se lanzó a derrocar al presidente Maduro. Ahora es su pupilo guarimbero quien, igualmente, sin contar con el apoyo de todos los factores de la oposición, pero con el respaldo de los congresistas Díaz-Balart y Rubio, la cooperación del presidente de Colombia, Iván Duque, y, esta vez, con el aval de Donald Trump, activó el golpe.
Los factores extremistas y violentos y sus poderosos aliados extranjeros siguen marcando la pauta dentro de la oposición que ha terminado haciendo mutis por el foro en este nuevo escenario de conflicto, pero las cosas no van saliendo como esperaban.
Ni la OEA, ni el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, menos la Asamblea General de los países de la unión, han acompañado al gobierno de los EEUU en su campaña por el reconocimiento de Guaidó. Más aún, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ante una solicitud de ayuda humanitaria para Venezuela formulada por Guaidó, le respondió al diputado que sólo el presidente Maduro tenía la potestad de tramitar tal solicitud.
Peor aún, después de darle un ultimátum al presidente Maduro para que llamara a elecciones en ocho días o reconocerían a Guaidó, la Unión Europea, en voz de su actual canciller, Federica Mogherini, anunció que retomaban su idea de organizar un grupo de contacto que promueva el diálogo en Venezuela, para lo que dio un lapso de 90 días. Los cancilleres de Francia, Alemania, Reino Unido, España, Portugal, entre otros, se han convocado para el jueves próximo en Montevideo para debatir la situación en nuestro país. 
La alemana Ángela Merkel se desmarcó de Trump al declarar que no quiere un “nuevo régimen” sino impulsar la realización de elecciones libres y el líder del partido laborista británico, Jeremy Corbyn, fue más tajante al rechazar “una interferencia exterior en Venezuela, ya provenga de los Estados Unidos o de cualquier otro lugar”.
Esta nueva postura de la Unión Europea los confronta con la de Trump quien ha dicho que el tiempo del diálogo pasó. Los gringos no quieren nuevas elecciones porque dudan de que la oposición pueda derrocar a Maduro y porque, en el mejor de los casos, actuar en el marco de la Constitución Bolivariana, en el supuesto de que se repitan las elecciones, no les permitiría controlar la producción de petróleo que es su propósito.
John Bolton, asesor de seguridad de Trump, hizo público que aspiran a que empresas estadounidenses vengan a explotar el petróleo, lo que implica que regresemos a los tiempos previos a la nacionalización en 1976. Por ello no quieren elecciones, quieren caída y mesa limpia y un presidente como Guaidó que les permita el control de Venezuela. Lo que está aquí en riesgo no es el presidente de la República, sino la República misma.
 

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