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Actualizado hace 142 minutos

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Opinión
04:53 PM / 13/08/2019
Filven en tiempos de guerra
Jesús A. Rondón

Maracaibo recibió un regalo este agosto: la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven). En las inmediaciones de la Plaza Baralt tuvimos la  oportunidad de participar  por cinco días en un espacio alternativo, abierto y poco común en nuestra ciudad.  Una parte de los que vivimos aquí siempre esperamos la llegada de la Filven.

La Filven de este año definió homenajear a dos personas significativas: Ana Enriqueta Teran por sus aportes en el campo literario y  Orlando Villalobos por sus contribuciones en la formación de no pocas generaciones de periodistas y a la comprensión del oficio, desde una perceptiva crítica.

Pudimos recorrer los estancos en medio del calor de esta época, cada vez más anormal. No era tantos como en otros tiempos, ni la variedad se aproximaba.  Destaco de ellos a la Librería del Sur, que  llevo el remanente de su existencia a precios accesibles la mayoría y otros solo para mirar, como por ejemplo los de la editorial Siglo XXI, que costaban casi cuatro salarios mínimos.  Observe una gran cantidad de  libreros de esta y otras ciudades, con ejemplares de segunda mano y  precios de acuerdo a tu cara, ya que ante la inexistencia de marcadores del costo, te miraban y soltaban una cantidad, algunas razonables y otras de locura. Entre los libros usados destacan los clásicos y de ellos uno raro llamo mi atención por sus ilustraciones combinadas con los textos y su presentación de tapa dura,  cuyo título es “Sandokan”, de Emilio Salgari.

De manera obligatoria hay que hacer referencia al programa, que logró tener durante el evento una oferta constante. Muy acertado resulto hacer las presentaciones diversos libros de mano de  compañeras  y compañeros zulianos vinculados al quehacer cultural.  Igualmente varias conferencias, de cuales resalto las disertaciones que  Orlando Villalobos, Nelson Muñoz y Alexis Romero hicieron sobre el periodismo y noticias falsas. Así la Filven se expresó como un encuentro de la comunidad de oficio cultural, en su más amplia expresión; un espacio de encuentro para la ciudad, donde se dieron otra vez, conexiones  que combaten la dispersión  que supone resolverse la vida en este momento.

Justo también es considerar como un  acierto que la  Filven se realizará en la Plaza Baralt, pues supone transcender de manera tímida de la visión de la recuperación del centro de la ciudad reducida a lo arquitectónico. Además que con los problemas de movilidad que persisten en la ciudad era el lugar ideal.

En suma ha  sido una Filven en  tiempos de guerra y esto tiene un mérito en sí mismo que  no podemos dejar de apuntar, pues en medio de la situación que vivimos hay grupos que promueven y concretan alternativas al Estado de cosas y sobretodo dentro de una búsqueda que busca superar el marco del rentismo. Seguro que hay cosas para mejorar y las identificarán los organizadores.  Merecen un reconocimiento público  quienes salieron en la foto y los que con su aporte hormiga se encargaron de los detalles.

Al final de los recorridos, saque mis cuentas (que no eran muchas), retorne y compré algunos libros para regalar, entre ellos “Sandokan”.

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