Es el voto de la gente, no otra cosa / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

 

Desde el año 2012, se ha evidenciado que el oficialismo confía en esa estrategia que le permite elegir con quiénes y cuándo compite. Y, desde el 2016 en adelante, a Nicolás Maduro no le interesa las encuestas, la legitimidad, las formas que imperan en los sistemas democráticos, ni mucho menos las condenas que pueda recibir de la comunidad internacional. Simplemente, todo eso para él es accesorio.

La última argucia que aplicó Maduro -con ayuda del TSJ-, vuelve a marcar la estrategia oficialista que nunca han abandonado: acomodar a la oposición democrática a su antojo. Es decir, como lo hicieron en su momento con el partido Podemos (2012) o la persecución de los principales líderes políticos (desde el inicio de los tiempos), ahora lo hacen con AD y Primero Justicia, y para ello intervienen las directivas de los partidos, a fin de designar en la conducción al de menor convicción en sus principios éticos/morales o, mejor dicho, al Judas de la temporada. En los dos últimos casos, se encontraron con el Sr. Bernabé Gutiérrez y el Sr. José Brito.

Está muy claro que la huida del oficialismo es hacia adelante sin importar, medir, calibrar o dimensionar las consecuencias futuras. Francamente, su futuro es hoy y actuará como un jugador que no tiene nada que perder, tal cual un suicida.

Aunque algunas razones les diga que podrían ganar negociando, ellos prefieren radicalizarse porque ganarían más. Pues, radicalizando sus actuaciones apuestan al exterminio de la oposición (pero que quede ese grupo opositor que tiene precio), el exilio o la desaparición de todos los líderes incómodos, la pérdida de esperanza por un cambio y, finalmente, la profundización del régimen autoritario hegemónico o una mutación hacia un nuevo totalitarismo (como lo hacen los hermanos cubanos y coreanos del norte)

Maduro ha roto todas las reglas de comportamiento democrático una y otra vez. Evidentemente, esa ha sido la práctica en los últimos años porque su deseo irrenunciable es convertir a sus adversarios en la nada, o en al menos “polvo cósmico”, como lo dijo su padre político. Y, por supuesto, jugar en ese terreno que implica el uso de las armas, ellos ganan con holgura. El quid del asunto es cómo sacarlos de ahí. En otras palabras, ¿cómo trasladamos la lucha a la arena democrática en donde tenemos mejores opciones?

Definitivamente, si nos quedamos en su terreno que apunta a la violencia, únicamente quedaremos soñando invasiones. En cambio, si acompañamos con hechos lo que acaba de declarar el Diputado Stalin González: “Lo electoral tiene que ser un objetivo estratégico, no una opción más bajo la mesa”. Probablemente, lograríamos resultados diferentes a los acostumbrados en tiempos recientes.

En concreto, es bien sabido que Maduro no quiere que votemos libremente, por lo tanto, toda la energía debe estar enfocada en lo electoral, es decir, en la construcción de un camino -con plazos claros y metas definidas- que persevere por conseguir las mejores condiciones electorales.

Y termino con el Diputado González: “Aquí quien va a tumbar a Maduro es el voto de la gente. No otra cosa”. Sabias palabras.

Más Noticias