¿Es abuso depende de quién sea el abusador? / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

 

Por estos días se gasta mucha tinta para defender la continuidad de la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Entre tantas cosas que se han dicho -todas para mí débiles y contradictorias-, hay una que me impacta considerablemente: la relativización de su conducta impulsiva, agresiva, xenofóbica, violenta, racista, antidemocrática y misógina. 

Para minimizar esta conducta, muchos de sus partidarios dicen que eso no importa porque “total, él está en contra del comunismo, y el enemigo de mi enemigo, pues, es mi amigo”. Esta declaración es la más clara expresión que resume una lógica nociva: el abuso depende de quién sea el abusador.

Quienes fundamentan la defensa a la reelección del presidente Donald Trump, fácilmente podrían aceptar que un esposo maltrate a su esposa e hijos porque es el proveedor de su familia y nunca le ha faltado nada a ella ni a sus hijos. Además, les paga un buen colegio, van los domingos a Misa y les tiene una linda casa en un buen sector.

¡Sí! Definitivamente, las justificaciones tienen muchos clientes fieles. Así pues, lo que hoy nos sirve para argumentar en contra, mañana quizás sea útil para argumentar a favor. ¡Qué importa si lo que hoy criticamos de Juan, mañana sirve para proteger a José! Francamente, para algunos la relativización les alcanza para todo lo que razonan en su vida.

De igual modo, este comportamiento también ocurre con la violencia. Muchos astutos le ponen apellidos a la violencia y tratan de endulzarla depende de quién y para qué la practique. De esta manera, podemos encontrar a una persona que declare que la mejor forma de resolver el problema con su Jefe es quemándole el local de su negocio porque con argumentos y persuasión no lograría nada. O todavía más, podemos encontrar a otra persona explicando que golpeó a su esposa o esposo porque somos naturalmente violentos y no tenemos voluntad para controlar nuestros impulsos.

¡Ambos hechos son una falacia monumental! Pero todavía muchos se encargan de amplificarlas y difundirlas sin detenerse a reflexionar unos segundos.

¿Por qué nos costará tanto condenar una injusticia de forma categórica hoy y siempre sin ambigüedades? ¿Por qué si Pedro discrimina a Luis por su color de piel nos callamos, y preferimos aplaudir a Félix que discrimina a Ramón por su religión? Ah, tal vez porque “nos conviene” o porque “no es para tanto”.

Queridos lectores, nada justifica el maltrato, la violencia, el racismo, la xenofobia, la discriminación de ningún tipo, las amenazas o la intimidación, si es que se quiere resguardar los valores de la vida democrática. En caso contrario, siga echando leña y no se queje si más adelante varias fieras quieran acabar todo a su paso por la fuerza o por las mismas vías que usted lo intentó.

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