En la pre-política todo es posible / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

 

El estado actual de las cosas es muy serio, pero algunos tienen el tupé de estimular todas las acciones posibles para dividirnos. Es decir, ya no es suficiente todos los esfuerzos del régimen autoritario para debilitarnos, sino que también le añadimos nuestros desacuerdos internos porque no somos capaces de unificarnos en una estrategia - táctica común.

El camino para resolver las diferencias -les juro- no es la búsqueda de culpables y mucho menos aplicar un “moralimetro” a cada uno que trabaja por el cambio de gobierno. Pero, sinceramente, la mezquindad abunda y el odio tiene muchos clientes que atender. Además, deliberar es más difícil que construir chivos expiatorios que justifique tantos desaciertos para lograr lo deseado.

Sí, la verdad es que hoy estamos más desorientados que ayer y, sin embargo, en lugar de buscar mínimos comunes, parece que estamos perdiendo el tiempo en buscar máximos comunes imposibles o atrapados en dilemas paralizantes, mientras la cruda realidad hace añicos la confianza y la perspectiva de futuro.

Precisamente hoy, cuando los titulares de muchos diarios resaltan que una investigación de la ONU acusa al gobierno de Maduro de cometer crímenes de lesa humanidad, deberíamos detenernos a pensar un ratico sobre el valor de los derechos humanos y, adicionalmente, preguntarnos si alguien que trabaja para defenderlos pediría una intervención extranjera.

Honestamente, creo que ningún defensor de derechos humanos convocaría a fuerzas externas que usualmente desembocan en conflictos armados infinitos, pues, sabe que en estos tipos de conflictos no hay derechos para nadie e injusticias para todos. No obstante, algunos sueñan con este método y lo consideran perfecto e insustituible para terminar con la tragedia nacional.

Por lo anterior, tenemos que volver a organizar las propias fuerzas internas porque las intervenciones extranjeras no traen consigo democracia, estabilidad, gobernabilidad y/o similares. El desafío por delante es sintonizar estrategia - táctica común y no desperdiciar energías en prenderle una vela al compañero Trump y cruzar los dedos para desearle la mejor de la suerte el próximo mes de noviembre.

Francamente, y aunque no sea lo popular, considero que el terreno donde tendríamos oportunidad para empezar a cambiar las cosas es la ruta electoral y en la acumulación paulatina de capacidades, porque -evidentemente- el otro camino es la fuerza militar y todavía no he visto a demócratas practicando en polígonos de tiro. Además, por los vientos que soplan, en unos años más -probablemente- terminemos rememorando estos días en que se convocaban elecciones al menos sin condiciones. Quién sabe, en la pre-política todo es posible.

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