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Opinión
10:02 AM / 28/03/2016
El tesoro de San José de la Matilla
Kurt Nagel von Jess Doctor y cronista [email protected]
Panorama
opinión

Desde pequeño me encantaba escuchar las conversaciones entre los mayores. De diferentes profesiones y  nacionalidades, algunos muy asiduos, vistaban la casa de mis padres. Eran tiempos de guerra; diversos temas afloraban; las mentes estaban atentas a los acontecimientos mundiales y allí siempre se trataban diversos e interesantes tópicos que hacían bullir mi infantil imaginación. Como se hacía tarde y lo hablado no era apto para menores, se nos ordenaba retirarnos. Curioso y desobediente, al rato regresaba y, escondido detrás de una cortina, continuaba oyendo aquellos maravillosos relatos, escabrosos casi todos, que por ello, nos estaban vedados. Uno de los temas reiterativos versaba sobre un tesoro que varios personajes maracaiberos trataban de localizar. Años después traté de empatar aquellas anécdotas con lo que entonces pude captar en mi mente infantil.


            Había en Alemania una princesa, Margarethe von Hesse, casada y con un hijo. Su marido, en mis investigaciones no he podido saber de quien se trataba - la maltrataba. Ella decidió huir con su hijo y sus joyas. Llegó a España; tomó un barco y, navegando de puerto en puerto, llegó a las costas venezolanas, huyendo no solo de los agentes de su marido que la  perseguían para recuperar las joyas, sino también de piratas, que, por una razón u otra, se habían percatado de lo que ella traía consigo. Supongo que los filibusteros se habrían enterado cuando ésta llegó haciendo escala, en alguna isla caribeñas.


             El destino la condujo a Maracaibo. Al darse cuenta que aún la seguían, pidió auxilio a la autoridad eclesiástica. Estos le ofrecieron refugio en lo que después deduje que era San José de la Matilla, lugar donde los clérigos,  tengo entendido  habían construido una especie de casa de campo con una pequeña capilla para pasar sus vacaciones, buscando huir del agobiante calor. Escondida y protegida en aquel paraje, sin embargo, diose cuenta que sus seguidores habían logrado descubrir su refugio y hacia allá se dirigían. No supe si sus sabuesos eran los piratas o los agentes de su marido. Ante la inminencia de ser descubierta y no teniendo ninguna otra escapatoria, —suponen los investigadores— decidió matar a su hijito y suicidarse. Contaban los huéspedes, que en su intensa búsqueda, habían encontrado dos cadáveres, uno de una mujer y otro de un niño junto con una ampolla posiblemente de algún veneno. Pero que nunca habían podido encontrar el tan comentado tesoro.
Entre otras cosas, hablaban de un dispositivo en forma de “Y”, (supongo que un busca-metales o algo similar) con el cual recorrían aquellos parajes, tratando de detectar el tesoro; que habían invertido enormes cantidades de dinero; que había planos señalando el lugar del tesoro, cartas y documentos que hacían referencia a aquel incidente protagonizado por aquella desdichada princesa alemana y que muchas de las cosas encontradas en sus exploraciones encajaban las unas con las otras, dentro de aquella historia que se había forjado y tejido alrededor de este fabuloso asunto.
            Ese misterioso lugar, con el transcurso del tiempo llegó a ser propiedad privada. En el se realizan anualmente interesantes actividades culturales de gran prestigio y es acogido como sitio de esparcimiento. Hícele saber a sus dueños la misteriosa historia que se esconde detrás de los muros de esa edificación. Ello forma parte de las historias ocultas y misteriosas de nuestro entorno. Espero que, en base a veraces datos, algún día se puedan desentrañar esos arcanos sumamente pintorescos e interesantes.

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