El reto de ser un mejor país / Por: Hugo Hernández Raffalli

Por:  Hugo Hernández Raffalli

La circunstancia por la que atraviesa nuestra querida Venezuela es por demás comprometida, con muchos obstáculos por superar. Por una parte, el Coronavirus, la pandemia mundial que trajo como consecuencia, la paralización del país. Tenemos en ello, casi sesenta días. No se trabaja, no se produce y apenas se consume. Los valores de los productos terminados, han sido objeto de ajustes de precios, de manera especulativa y depredadora.

Los servicios públicos, agua, luz, telecomunicaciones, cada día más deteriorados, con quejas permanentes de los usuarios. Combustibles (gasolina, diésel, fueloil, lubricantes, etc, brillan por su ausencia y no se ve mejoramiento alguno.

Luego, venimos de una etapa previa al Coronavirus, donde el país estaba semiparalizado, bien por una falta de gobernabilidad para atender las necesidades prioritarias. La descomposición social, económica, financiera y política se fueron haciendo crónicas e insostenibles.

Las sanciones del norte y de Europa, sin duda han golpeado a Venezuela. Se trancaron las operaciones comerciales y financieras con los grandes actores a nivel internacional. 

Estamos en una situación muy delicada, con políticos que más que ver el interés del país, ven sus propios intereses. Venezuela reclama, desde hace un tiempo, un acuerdo político e institucional. donde cada uno de los actores pongan y deponga intereses en beneficio del país.

Las últimas escaramuzas no ayudan para nada a ese clima de reconciliación. No puede ser que un puñado de personas radicales, con intereses bastardos impongan su voluntad a millones de venezolanos que deseamos un país en paz, produciendo y normalizando la vida cotidiana. Unos no son mejores que los otros. Unos deben ser dirigentes honestos. transparentes y competentes y los otros el pueblo en general, con los diferentes estratos sociales, dando cada uno lo mejor para el beneficio de Venezuela.

El poder no se conquistará nunca por invasiones o factores externos. Debemos ser los propios venezolanos que definamos nuestro destino.

Por otra parte, insistimos, la recuperación de nuestro querido país dependerá de nuestra industria petrolera. No hay en el corto, mediano y largo plazo otra opción. Para ello, es necesario aceptar que Pdvsa es un completo caos. No es gobernable bajo las actuales condiciones de funcionamiento y operatividad.

Entonces habrá que deslastrarlo de todos los negocios extraños a la operación petrolera. Reducir las nóminas a su máxima expresión. Crear incentivos para la inversión extranjera y nacional. Derogar algunos decretos y leyes, que significan camisas de fuerzas y que impiden una mayor producción, productividad y rentabilidad.

Sin necesidad de sustituir la propiedad de nuestras reservas petrolíferas, hay mecanismos para que la inversión y el financiamiento internacional y nacional tengan la confianza para arriesgarlos en el negocio petrolero en Venezuela.

Es necesario discutir públicamente la recuperación. Es el reto que tenemos, al salir de la pandemia ante un mundo venido a menos.

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