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Actualizado hace 122 minutos

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Opinión
05:34 PM / 14/11/2019
El exterminio: ni hoy ni mañana
Oscar Morales

Los factores del  deterioro nacional son innumerables, pero están tejidos con el mismo hilo. En simple: Nos enrumbamos -sin escalas- a la destrucción cuando unos quisieron imponer sus dogmas y el  pensamiento único a toda la nación. Desde ese momento, nos fuimos en caída libre, porque no existían garantías de nada, el poder del Gobierno no fue limitado como lo exigen nuestras leyes y la confianza institucional –valor preponderante para la prosperidad de los países- se desmenuzo en mil partículas por millón.

Ahora bien, estamos viviendo una crisis política y una emergencia humanitaria compleja, así lo dicen diversos analistas, existen amplio consenso y sobrada evidencia. La pregunta es: ¿Cómo salimos de este atolladero? La única –perdonen el absolutismo- solución son unas elecciones libres, justas, competitivas y llenas de garantías para todos. Porque la otra alternativa sería la fuerza, y creo que solamente traería más inestabilidad, caos e incertidumbre. ¿Más de lo que estamos ahora? Sí, siempre se puede estar peor, el foso de las tragedias no tienen límites. Basta recibir la experiencia internacional.

En nuestro país se ha roto el valor del trabajo, la convivencia nacional, las formas de producción, las relaciones familiares, la confianza en la moneda oficial, el orden económico y la mayoría –para no decir todas- las reglas democráticas. Sin embargo, recobrar los niveles de la sensatez que nos permitan acercarnos a las sanas legitimidades, a la eficacia y eficiencia institucional, y al reordenamiento de la vida nacional no será logrará por caminos alternos a la democracia.

Los que enaltecen la vía de la fuerza (ej. intervención extranjera o golpe de Estado) como la solución mágica a la crisis, comprendan que, en caso de que tengan éxito, eso durará menos que nuestro sueldo mínimo.  El sufrimiento y la destrucción se profundizará, es decir, la anarquía probablemente  se apoderará de nosotros (como referencia, pregunten por la guerra civil actual de Libia).

Por el contrario, si todos los actores políticos logran acuerdos fundamentales, sería más factible restablecer el funcionamiento democrático y recuperar mucho de lo que llaman “normalidad” institucional. Sin embargo, si el primer día que se rescaten las normas democráticas, despuntan algunos eventos que sospechen un comportamiento vengativo o alguna tendencia que implique minimizar la participación de la disidencia, no duden que retrocederemos nuevamente al primitivismo. Por lo tanto, para que nos dure el orden, por favor, no caigamos en la vocación de exterminio del otro que nos trajo hasta aquí, y que no ha costado tanta sangre inocente, un rezago económico como pocos en la historia mundial, un horror humano repulsivo y una desnutrición infantil irreparable.

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