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Actualizado hace 438 minutos

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Opinión
06:30 AM / 15/06/2019
El BCV afirma lo que se siente
Oscar Morales
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Semanas atrás, el Banco Central de Venezuela (BCV) sorpresivamente publicó algunos datos económicos que han servido para confirmar la catástrofe in crescendo. Todas las cifras nos gritan que perdimos 20 años llenos de oportunidades para crecer y progresar. Todos los indicadores económicos nos reclaman el haber desaprovechado la ocasión de montarnos en el tren de la revolución tecnológica y preferir un pequeño vagón que nos lleve a la revolución del Clap.

El BCV nos revela que, entre el 2016 y abril del presente año, la población sufre una hiperinflación acumulada de 53.798.500%. Por esta razón, usted puede notar el cambio de precios de todos los bienes y servicios diariamente, además, puede percatarse cómo la moneda nacional está siendo desplazada ampliamente por monedas extranjeras. Así, es fluido, corriente y natural observar cómo se transan los bienes en pesos colombianos, reales brasileños, euros y dólares, para proteger -aunque sea un poco- el patrimonio personal y familiar.

Por otra parte, se aprecia como el control de cambio decretado desde el 2003 no cumplió el objetivo que se planteó: evitar fuga de capitales. Pues, descubrir que se han ido 160 mil millones de dólares (casi nuestro PIB actual) entre el año 2003 y el 2018, no es una muestra de efectividad de la política cambiaria. La pregunta del millón: ¿Qué fue lo que controló el sistema cambiario que ha mutado en sistemas y más sistemas?

Adicionalmente, se muestra el desplome del sector construcción año tras año. Solo en el 2018 se contrajo en  89%, es decir, paralización casi absoluta. Sin embargo, hoy -descaradamente- Maduro y su camarilla nos dice que en 8 años se han construido 2.600.000 viviendas con la “Gran Misión Vivienda Venezuela”. La pregunta de las mil lochas: ¿Con cuáles insumos o fuerza financiera se logró esto?

Técnicamente, las estadísticas son fundamentales para los agentes económicos, puesto que serían los insumos esenciales para la formulación de políticas públicas, tomar decisiones de inversión o ahorro, brindar señales de transparencia y fortalecer la institucionalidad, pero en Venezuela no hacen falta para demostrarle al ciudadano que se empobrecen diariamente o que perdimos más de la mitad de nuestra economía en los últimos años.

Difícilmente el secretismo estadístico les sirva para enmascarar lo que se sufre en carne propia. Podrán seguir intentando ilusionar con sus discursos enlatados y fantasías propagandísticas, pero la realidad es muy necia e inocultable.

A pocos les cabe duda de la tragedia humanitaria. Sencillamente, la mayoría está de acuerdo de que se perdieron dos décadas de crecimiento económico y se derrocharon años de generar posibilidades de bienestar para todos. Y, desafortunadamente, seguimos contando los días malgastados, sin necesidad de que el BCV lo diga, solo están para confirmarlo.

 

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