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Actualizado hace 157 minutos

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Opinión
06:08 AM / 08/02/2019
Efecto dominó
Eduardo Montes de Oca Analista político

Y las predicciones no quedan ahí. El también inversionista sostiene que lo por venir será mucho peor que el sacudimiento previo, y no tendrá que ver con hipotecas inseguras, sino con la solvencia de los EEUU.

En un lance que a algunos podría parecer inaudito, gracias a ciertos datos epidérmicos que señalan “buena” salud, el observador Peter Schiff augura una pronta tribulación fatal para el mercado de valores y la divisa estadounidense; por tanto, para la economía mundial. Teniendo en cuenta que a este señor se le considera “el profeta de la crisis de 2008”, prestar atención a sus aseveraciones devendría muestra de sentido común.
Una nota de Leonhard Foeger (agencia de noticias Reuters) nos advertía hace unos meses de que, a juicio del “claridividente”, el precio del oro explotará y el dólar será aniquilado. Ello, como parte de un nuevo crack, el cual, una década después de aquel que hizo recordar al de los años treinta del siglo XX, puede redirigir todas las miradas al antiguo patrón de trueque, para decirlo con palabras nada técnicas.

Y las predicciones no quedan ahí. El también inversionista sostiene que lo por venir será mucho peor que el sacudimiento previo, y no tendrá que ver con hipotecas inseguras, sino con la solvencia de los EEUU., cuya administración, si opta por imprimir más dinero para pagar su deuda, seguirá inflando una “burbuja” de consecuencias catastróficas a la postre. "El dólar se va a hundir por completo y su poder adquisitivo va a desaparecer", ha sentenciado.

Igualmente, "el precio del oro explotará porque hay compras físicas reales, y todas esas ventas de papel no pueden camuflar eso". Schiff agregó que este fenómeno se debe a que las personas están comenzando a desconfiar de los bancos centrales y a inclinarse por otras variantes. "La alternativa real es el oro". Afirmación tácitamente asumida, o anticipada por Rusia y China, verbigracia, empeñadas en engrosar de ingente manera la reserva del metal precioso.

Ahora, el especialista aludido no representa una golondrina solitaria empecinada en “hacer verano”. De acuerdo con fuentes de crédito, entre ellas Prensa Latina, suman varios los expertos que olfatean una (otra) recesión. Y aducen que la incapacidad de llevar a cabo transformaciones bancarias imprescindibles provocará una crisis en el sector a escala planetaria.

Verdadero colapso, como lo conceptúa el Fondo Monetario Internacional (FMI), conforme al cual la deuda global es actualmente “60 por ciento mayor que la tasa del 2008…” El organismo constata que los Ejecutivos de muchas naciones, al igual que los reguladores financieros, no pudieron ejecutar “las reformas necesarias para proteger el sistema monetario ante la actividad temeraria de banqueros y asesores”.

Se percibe la proximidad de un consiguiente pánico universal. Y con el pánico, otra hecatombe, la cual, en el “leal saber y entender” de la institución neoliberal, solo podría conjurarse enfrentando desafíos como correcciones a la relación entre deuda pública y producto interno bruto, que hoy recuerda el preludio del batacazo de 2008, y se vuelve difícil porque marcha convoyada con advertencias provenientes del ámbito petrolero, donde estudiosos estiman preludio de una debacle que el producto llegue a alcanzar los 100 dólares el barril. Recordemos que la cotización del crudo ascendió con fuerza poco antes de las tres últimas recesiones.

Por otra parte, en una reciente entrevista a un diario austríaco, el premio Nobel de Economía Edmund Phelps alertó de que el crecimiento observado en los Estados Unidos tiene las características que normalmente preceden a… precisamente una recesión. Esta, apuntó, puede desatarse con el desarrollo de la liza arancelaria contra China, así como con las probabilidades de una división de la zona euro.

¿Más que lo planteado hasta el presente? Pues sí. Baste la lectura de un extenso y enjundioso artículo publicado por Diego Herranz en el digital Público para coincidir en la posibilidad real del “sismo” generalizado. Para el comentador no caben dudas: “El retorno del estancamiento con inflación por las guerras comerciales; una deuda, soberana y privada, de 157 billones de dólares, el doble del PIB global; revalorización del dólar, que ha zarandeado el mercado de divisas; sacudidas de volatilidad bursátil y alta tensión en los mercados emergentes. Son algunos de los grandes nubarrones que detecta el FMI. Pero no los únicos ciclones en el horizonte…”.

Aportando más preocupación tanto a los de arriba –con la sombra de la quiebra cual espada de Damocles- como a los de abajo –el hambre convertida en inanición-, “el oráculo […] señala a 2020.

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