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Actualizado hace 6 minutos

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Opinión
06:15 AM / 23/12/2018
Desafección, por Maryclen Stelling
Maryclen Stelling

La crisis multidimensional que aqueja al país, especialmente la creciente y grave situación económica, está empujando peligrosamente hacia un nuevo panorama político, que tiende al enfriamiento de las actitudes  frente  a la política.

 

En el contexto político venezolano, observamos un debilitamiento de la capacidad de debate ante las arengas y consignas políticas. Y ello nos lleva a demandarnos: ¿Qué pasa con la capacidad de disentir y de criticar?  ¿Qué sucede con la tolerancia ante la crítica constructiva? ¿Qué acontece con la capacidad de revisión y corrección?   ¿Cómo estamos manejando nuestras orientaciones afectivas y evaluativas?  ¿La confianza en la gestión? ¿Nuestra propia capacidad para influir en los resultados del proceso político? ¿Vence el desinterés y la resignación? ¿Está en juego el apoyo político?  

 

El momento requiere de una ciudadanía crítica defensora de la democracia y, a la vez, cuestionadora del funcionamiento del sistema; exige ciudadanos y ciudadanas que se perciban y actúen como actores políticos eficaces. Recientemente tuvieron lugar dos oportunas y críticas intervenciones de grandes defensores de la democracia -la del Embajador Isaías Rodríguez y del Constituyentista  Julio Escalona-  que llaman a la reflexión, la crítica y a la acción urgente e inmediata.

 

El necesario apoyo político descansa en  tres grandes dimensiones: legitimidad del sistema democrático, descontento o  satisfacción con su funcionamiento y la afección o desafección hacia la política y los objetos políticos.  Nos ocupa la desafección política, que se refiere al «sentimiento subjetivo de impotencia, cinismo y falta de confianza en el proceso político, los políticos y las instituciones democráticas, pero sin un cuestionamiento del régimen político».  Es un sentimiento de extrañamiento respecto a las instituciones, valores y líderes políticos, causando que los ciudadanos se consideren a sí mismos ajenos, forasteros o intrusos.  Se expresa en la desconfianza, el desinterés, la no participación y el abstencionismo.

 

La democracia venezolana demanda colaboración y participación en la búsqueda de soluciones a través del diálogo, fundamentado en el compromiso mutuo, la ejecución y el respeto a las decisiones.  Requiere de una comunidad política crítica y democrática que confíe en su propia capacidad para influir en los resultados del proceso político.

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