Cooperación como abejas y hormigas / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

 

Los especialistas en ciencias políticas y sociales concuerdan que existen tres elementos básicos que sostienen a los regímenes autoritarios o totalitarios: a) consolidación de las compras de lealtades en las organizaciones -públicas o privadas-, como lo pueden ser las fuerzas armadas, gremios, sindicatos o diferentes asociaciones; b) fortalecimiento de las alianzas con aquellos países afines ideológicamente; c) anulación de cualquier intento de participación ciudadana del adversario, es decir, prohibir cualquier empeño del adversario para organizarse en el ámbito político, social, económico y hasta religioso.

Por lo tanto, la tarea de los autócratas (ej. Stalin, Hitler, Castro, Mugabe, Mao Tse Tung, Videla, Trujillo, Mubarak, entre otros) estaría enfocada permanentemente en romper todas las opciones de organización y/o construcción de redes de apoyos en su contra, pues, saben que no hace falta que toda la población esté en su contra para removerlos del poder, solo bastaría un grupo que se organice y colabore de forma efectiva entre sí. Por esta razón le tienen tanto temor a la crítica y se dedican a infundir temor para desintegrar cualquier atisbo de estructura ordenada del adversario.

Enfrentar a las autocracias nunca ha sido un asunto sencillo, pero la línea común nos dice que para resolver los desafíos complejos que plantean, solo cabría la cooperación efectiva, tal cual las abejas y las hormigas. Estos pequeñines nos tienen mucho que decir respecto a la construcción de equilibrios colaborativos, o lo que es lo mismo: conformación de sistemas complejos de cooperación destinado a un fin común.

Así pues, tanto las abejas como las hormigas trabajan con un elevado nivel de coordinación, compromiso y colaboración que les permite su supervivencia. De este modo, podemos observar cómo se alertan de potenciales riesgos, cómo interactúan para ampliar sus capacidades o cómo fabrican elementos para la protección de todos.

Por consiguiente, considerando que la pregunta que se hacen todos los días los autócratas es: ¿cómo desaparezco a todas las organizaciones de apoyo que construyen los opositores? Los opositores deberíamos preguntarnos también diariamente: ¿cómo nos articulamos como oposición y generamos un claro poder político con una oferta creíble para los disidentes disimulados del madurismo?

En este sentido, debemos recordar los tres elementos básicos que alimentan a los regímenes autoritarios o totalitarios, dado que si conformamos una fuerza que corte alguno de ellos (por ejemplo, restarle el apoyo de las fuerzas armadas), probablemente los obliguemos a mirarnos con más respeto y quizás se sienten a negociar varias cosas que hoy definitivamente no tienen ningún interés porque no representamos ningún peligro real, es decir, hoy el madurismo le tiene sin cuidado la oposición porque no tenemos nada que los pueda forzar a cambiar su comportamiento despótico.

En concreto, los avances que podamos tener solamente serán posibles en el marco de un acuerdo unitario que nos convierta en un poder de presión efectivo, esto es, tejiendo cooperaciones, ganando espacios políticos (por más pequeño que sea), promoviendo la participación ciudadana, ofreciendo garantías a las fuerzas leales de la dictadura y, en fin, convirtiendo a la mayoría ciudadana en mayoría política. De lo contrario, nuestro futuro se parecerá más a Cuba que a Nueva Zelanda.

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