Contra la desinformación y las teorías conspirativas / Por: Óscar Morales

Por:  Óscar Morales

 

¿Qué es la verdad? Sinceramente, es uno de los problemas filosóficos más debatido desde siempre. Hasta el momento no hay consenso. Unos dicen que es la conexión entre la afirmación y los hechos, otros que es la suma de pareceres, otros opinan que más bien es una adecuación del pensamiento con la realidad que convertimos nosotros mismos y no pocos aseguran que es todo lo que está sujeto a ciertas reglas. Yo prefiero quedarme con la sabiduría popular cuando dice que “todo depende con el cristal con que se mire”.

Igualmente, existen relatos que van conectando con nuestras “verdades”. Así pues, estamos llenos de relatos sustentados por la fe, por las perspectivas individuales, por las experiencias de vida,  por lo que nos empuja las costumbres y por lo que queramos. O todo esto mezclado de tal forma que nos ayuda a construir nuestra “verdad”.

Pese a todos los componentes de subjetividad que contiene nuestra “verdad”, existen ciertos hechos públicos y notorios que yo considero irrefutables y otros que son dudosos o aún no resueltos. ¿Pero quién resuelve eso? Yo me inclino por la ciencia para dirimir y consensuar. Porque, ciertamente, uno puede tener sus propios argumentos u opiniones, pero no sus propios hechos o cifras.

Ejemplo, nadie podría rebatir que el fuego quema y el agua moja. No obstante, algunos siguen haciendo su apostolado y puedes verlos en vídeos o artículos llamativos diciéndote: “Aquí la verdad que no quieres que sepas”, “Las verdades ocultas del orden mundial” o “La historia secreta no oficial jamás revelada” y tantos otros en esa misma línea.

Con todo el respeto que se merecen las personas que publican con esos eslóganes, solo les digo que debemos tener honestidad intelectual y no formar parte del club de negacionistas que señalan que la tierra es plana o que el cambio climático no es tal, a pesar de la evidencia contraria que existe. Y aquí debemos hacer la separación fundamental: No podemos negar los grandes esfuerzos de nuestros antepasados que investigaron, descubrieron y documentaron la historia del mundo o nuestro desarrollo como especie. Sería muy injusto anular la historiografía científica por unos likes o varias reproducciones en YouTube. Insisto, con mucha cortesía: no pretendamos sustituir la evidencia empírica por una corazonada, sospecha o un “a mí me parece” no comprobable.

El mundo que tenemos hoy, no es capricho de 4 familias o 30 personas que todos los días se reúnen en comité para decidir que tecla presionan para dibujar nuestros destinos. Al contrario, el orden  del mundo se ha ido configurando según las necesidades del momento, en diferentes espacios geográficos, generado por ciertas condiciones a las que el ser humano se enfrentó y, finalmente, fue desarrollando respuestas que iban validando, cambiando, eliminando o sustituyéndose por otras diferentes. Y de esta forma hemos ido evolucionando.

En palabras del gran Hayek: “En realidad nuestra civilización es en gran medida un resultado imprevisto y no pretendido de nuestro sometimiento a las reglas morales y legales que no fueron nunca inventadas con un resultado prefijado, sino que crecieron porque las sociedades que poco a poco las fueron desarrollando se impusieron en cada caso sobre otros grupos que seguían reglas diferentes, menos favorables al desarrollo de la civilización”. En otras palabras, nuestro mundo lo hemos construido a través de los tiempos nosotros mismos como especie, y así pasamos de vivir pintando cavernas, luego en un Imperio Romano, después en el oscurantismo de la Edad Media, luego la Época del Renacimiento, caminamos a la industrialización y finalmente aquí estamos.

Sencillamente, no creo en teorías conspirativas, ni en Illuminati o Reptilianos, ni nada de eso. Yo entiendo que la historia nos ha llevado a tener  un mundo de conquistados y conquistadores. Pero esto no se debe a planes detallados de algunas personas o ciertas familias que representan un "Gobierno Mundial" y envían las directrices de quién pueda hablar, prosperar, manifestarse o liderar el mundo.  Porque si fuese así, entonces los creadores de Netflix no le hubiesen quitado el negocio a Blockbuster, o Facebook no hubiese irrumpido como lo hizo, o Uber no le estuviese quitado el negocio a los taxistas o Blackberry e IBM seguirían capitaneando, puesto que todo estaría tejido milimétricamente o  “fríamente calculado”, como lo díría el Chapulín.

Si tú tienes una idea brillante que cambie el mundo, nadie te detendrá. Si tú tienes una idea de negocios que cambie el sentido de nuestras relaciones, tendrás espacio para llevarlas a cabo. Las fuerzas de la innovación y la creatividad no las detiene nadie.

El mundo no es la marioneta de algunos. Tampoco somos parte de las pretensiones de un "Gobierno Mundial" que somete nuestra vida y todas sus circunstancias con precisión cirujana. Un dominio mundial dirigido por una especie de hermandad  sería insostenible. Somos muy complejos para creer que nuestros pasos y toda nuestra dinámica de relaciones, estén orquestados por una logia poderosísima.

Nuestros aciertos o fallos están en manos de la solidez de nuestro sistema democrático, junto a la robustez de las instituciones, el cumplimiento de las reglas, excelentes políticas públicas y elevada confianza pública.  El mundo no se teje con decisiones veladas de una camarilla o con verdades secretas  que “no quieren que tú las sepas”. Por ejemplo, Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Suecia, Canadá y otros, son  países con niveles de bienestar envidiables porque tienen fortaleza institucional. Y en Malí, Venezuela, Haití, Uganda, Etiopía y otros, viven en la pobreza por lo contrario, no por una pandilla secreta extranjera que maquina su porvenir.

En consecuencia, me parece que los destinos del mundo no están escritos por un “Estado Profundo” que lo dirige una sociedad secreta, es decir, nuestro futuro no está trazado fatídicamente por el capricho de un orden conspirativo oculto.  En fin, creo que los individuos, las sociedades y los países alteran el estado de cosas por medio de actos o ciertas decisiones que vamos tomando o descartando.

A mi juicio –y conste que solo es mi juicio- podemos cuestionar muchas cosas, es un ejercicio saludable. Pero ser incrédulo ante los hechos evidentes, creo que hace mucho daño.

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