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Opinión
09:58 AM / 09/02/2015
Conoce la historia de mujeres que alquilan su vientre en Venezuela

“Vientre en alquiler para darle un bebé a una familia que no pueda tener hijos y beneficiarnos mutuamente. Costo: 550 mil bolívares”, así anuncian en Mercado Libre el alquiler de vientres en Venezuela.

 “Para algunas personas es algo descabellado pero es un acto de amor. La madre subrogada no tiene ningún vínculo genético ni afectivo con el bebé”, dicen las anunciantes; sin embargo, lo que para unos significa la posibilidad de hacer realidad el sueño de la maternidad, para otros puede ser un negocio redondo.

En páginas de internet se leen los insólitos avisos que se extienden por las redes sociales: “Alquilo mi vientre para que puedas gestar a tu bebé. Pagas la mitad al yo quedar embarazada y la otra al momento de la entrega del recién nacido”. “Si del embarazo resultan dos bebés, la pareja tiene que hacerse cargo de ambos”.

En Facebook, con la cuenta Vientres en Alquiler Valentina, una joven de 20 años, quien se identifica con una imagen de perfil que dice “Se alquila por nueve meses”, ofrece este polémico servicio.

“Hace un año alquilé mi vientre para un matrimonio que tenía un aviso en internet. La mujer era la afectada, no conseguía retener los fetos y ya había tenido unos seis abortos espontáneos, por lo que decidieron acudir a este método, que ahora muchos hacen”, contó Valentina, radicada en el estado Aragua.

“Me sometí a un tratamiento llamado in vitro con su óvulo y el semen de su esposo, incluso, antes de colocarme el embrión ya sabíamos que era una niña. Los padres estaban felices y pues yo también. Luego de unos días me hice el examen de embarazo y salió el gran ‘positivo’. En ese momento todos lloramos de felicidad y emoción. Ellos me agradecían mucho, más yo les dije que le agradecieran a Dios por su milagro…”, dijo la mujer, quien actualmente es madre biológica de dos niños.

Valentina vivió con los padres del bebé desde los tres meses de gestación. “El embarazo fue muy saludable. A las 39 semanas tuve a la bebé, por medio de una cesárea, ya que ella no estaba en posición. Nació de mi vientre una niña hermosísima de 53 centímetros y 4 kilos con 200 gramos, idéntica a su madre biológica”.

“A los dos días nos dieron de alta y amamanté a la bebé por un mes y medio. Luego me retiré, les desee mucha suerte en su vida. Recibí 150 mil bolívares que me dieron los padres por haberlos ayudado. Mucha gente me ha criticado, pero a mí me gusta lo que hago y lo seguiré haciendo cuantas veces pueda. Arriesgar mi vida para darle vida a un ser humano que le brindará alegría a una familia que no pueda tener hijos es lo que me mueve”.

La maternidad subrogada, que consiste en que una mujer lleve el embarazo y dé a luz a un bebé que le pertenece a otros padres, es una práctica que puede considerarse tan caritativa para unos, como disparatada para otros. Aunque esta práctica es un tema que ha tenido discusión casi nula en materia legal en Venezuela, son muchos los casos de mujeres que rentan su útero.

En Maracaibo, María Alcira, de 32 años, narra su historia como madre sustituta: “Llevo en mi vientre a dos bebés, una hembra y un varón, que no son mis hijos, aunque crecieron y se formaron dentro de mí y yo los voy a parir, son de una pareja que me pagó para que les alquilara mi útero”.

“No es fácil —continúa— porque tengo dos hijos y estoy casada. Es complicado explicarle a mis dos pequeñitos que los bebés que están en mi barriga no son sus hermanitos y que luego de que nazcan no los verán más. Por eso estoy en terapia con el psicólogo junto a mi esposo, para que esta situación no afecte a la familia”.

A la zuliana le pagarán 450 mil bolívares. “El matrimonio con la que hice el acuerdo es muy joven, pero presenta problemas médicos para tener hijos. Me siento bien al saber que los estoy ayudando, al mismo tiempo que me beneficio yo”.

La tan repetida frase: “Madre no es la que pare, sino la que cría”, después de todo, parece que aquí cobra más fuerza, ya que un bebé que viene de un vientre alquilado no adquiere ningún material genético de la mujer que lo da a luz. Este factor es un desvinculante legal, ya que al realizarle la prueba de ADN los resultados mostrarán que los padres biológicos son, sin duda, los que pagaron a la persona para que llevara por nueve meses al bebé en sus entrañas.

Sonia, de 34 años, médico veterinario, radicada en el estado Falcón, tiene mucho en común con María Alcira: rentó su útero por necesidad económica. “Quise darle vida a quien me dio vida. Mi padre estaba muy enfermo, mis ahorros se habían terminado y no tenía manera de costear su tratamiento. Donde me crié, en Estados Unidos, es legal y muy común la práctica del alquiler de vientre, por lo que decidí hacerlo”.

Hace tres años a Sonia le colocaron el embrión de una pareja norteamericana que estaba residenciada en Venezuela. “Firmé un acuerdo con ellos, que en realidad es solo un papel sin validez porque en este país eso no cuenta, así que el acuerdo fue más de palabra. Mensualmente me pagaron 1.700 dólares y al entregar al recién nacido, luego de una cesárea, me cancelaron 10 mil más”.

“Aunque ayudé a esa pareja y conseguí el dinero para el tratamiento de papá, no lo volvería a hacer. Mi padre falleció hace un año y medio y yo aún no tengo hijos. No fue que me apegué al niño, porque siempre tuve claro que no era mío y que no tiene ni siquiera un solo gen mío, pero fue mi primer embarazo y ahora quiero tener hijos propios”, confesó Sonia.


Sobre esta práctica, Marcos Levy, presidente de la Asociación Venezolana de Medicina Reproductiva y Embriología (Avemerec) y director médico de Laboratorios In vitro de Venezuela, en la clínica Falcón de Maracaibo, explicó que actualmente la fecundación in vitro solo la practica en madres biológicas por la falta de legislación del tema.


¿Quiénes son medicamente candidatas a alquilar su vientre? Mujeres menores de 35 años, con maternidad reconocida (que tengan hijos, ya que las primerizas suelen encariñarse más y podría traer problemas a la hora de entregar el bebé a los padres biológicos), y que su pareja apruebe el alquiler.


Miles de mujeres en el mundo sufren distintas afecciones que les impiden concebir en su propio vientre. Levy detalló que entre los padecimientos están las enfermedades genéticas, como el síndrome de Rokitansky (con ausencia de útero, pero con ovarios sanos), cáncer de útero por estereotomía y fibromatosis uterina. Es justamente este tipo de personas quienes buscan desesperadamente tener hijos y para ello recurren a madres sustitutas. Pero no solo ellas, sino que también hay parejas homosexuales que desean ser padres y acuden a esta técnica. En este último caso, además de alquilar, obviamente, tienen que buscar donante de óvulos o de semen.


Pero más allá de los impedimentos físicos, también hay otras razones, que por crueles que parezcan, motivan a mujeres a pagar lo que sea para que alguien más traiga al mundo a sus hijos. Conservar las curvas 90-60-90 o la ‘falta de tiempo’ influyen en la decisión de elegir la maternidad subrogada.

“Tengo un trabajo muy complicado en el que no puedo desligarme de la oficina por reposo médico, ni por embarazo, porque tengo una gran responsabilidad sobre mis hombros, por eso recurrí a pagar a otra mujer para que tenga a mi hijo. Mi esposo lo entendió y ahora solo estamos esperando que aparezca la persona ideal porque sé que puedo ser estafada y que me roben a mi hijo”, dijo Nayleth, de 28 años, abogada.

“Puede sonar ilógico que quiera tener un hijo si no tengo tiempo ni para cuidarme en un embarazo, pero como toda mujer sueño con ser mamá. Tengo amigas que me han ofrecido alquilarme su vientre, pero prefiero que sea alguien a quien no volveré a ver luego de que me dé a mi bebé porque sé perfectamente que podrían encariñarse y tendríamos problemas difíciles de manejar. No me gustaría que más adelante el niño supiera que no lo parí yo porque va a ser complicado que lo entienda”, reveló.

“Conozco el proceso de adopción y sé que puede tardar años. No quiero pasar por eso, lo que quiero es tener a mi hijo y que sea mío, biológicamente, por eso escogí este método tan juzgado por la gente”, indicó la zuliana.

Pero además de dinero, las madres sustitutas obtienen bienes, como carros o casas. “Hay quienes tienen tres hijos y lo que piden es que le paguen la educación de los niños durante determinado tiempo”, dijo María Alcira sobre otros casos de allegadas que han rentado su útero.


Muchos son los puntos de vista desde los que se puede mirar esta situación, pero quienes han vivido de cerca la experiencia coinciden en que hay casos en los que tanto la madre biológica, como la sustituta, son parientes y ese puede verse más como un acto de amor para ayudarlos a procrear.

Sin embargo, esta práctica en Venezuela no ha sido evaluada aún. Dinorah Figuera, diputada miembro de la Comisión Permanente de la Familia de la Asamblea Nacional, explica que apenas fue tocado el tema de la fecundación in vitro en la ley de trasplantes, aprobada en 2012. “Pero el alquiler de vientres no es todavía algo prohibido o legalizado y desconozco que se esté tratando”.

Según estadísticas mundiales, este proceso solo cuenta con cobertura jurídica específica en Estados Unidos, México, Ucrania, Rusia, Georgia y Kazajistán (Estos dos últimos ubicados entre Europa y Asia).

Mientras se reglamenta este método alternativo para lograr la maternidad, en Venezuela continúan naciendo bebés de vientres alquilados.
 

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