Congelados en el siglo XX o más atrás

Por:  Oscar Morales

En las últimas dos décadas, explorar nuevos temas que escapen de la contingencia nacional se ha hecho imposible (a pesar de que en ese tiempo se promulgó una nueva Constitución y se han debatido posibles reformas), pues, la agenda política ha sido la ama y reina de la discusión del país. Mientras tanto, en el mundo se abren nuevos temas valóricos que están transformando a las sociedades (se ha puesto el foco en cómo expandir las libertades individuales y se van eliminando gradualmente algunos tabús).

En nuestro país, estamos pasmados en muchos asuntos fundamentales. Sin embargo, considero que, en donde estamos sufriendo más atrasos o inmovilización, ha sido en el rol del Estado frente a las libertades individuales o decisiones personales. Básicamente, en los últimos años, poco o nada se ha dicho sobre los límites de la libertad de conciencia o el libre desarrollo de la personalidad individual en la vida cotidiana.

Así,  es notorio como no le hemos dado un espacio a temas diferentes, como por ejemplo, la legalización del aborto, políticas de equidad de género, el matrimonio igualitario, la eutanasia hábitos de reciclaje, la transición hacia energías limpias, la transformación digital o la legalización de la marihuana. Estamos tan desconectados de los avances del mundo en estas materias que, probablemente, algunos temas mencionados se tienden a confundir, o derechamente no se conoce ni una coma.

En otras palabras, por muchos años no nos hemos dado la oportunidad –siquiera- de poner los temas más desafiantes del siglo XXI en el centro del debate público para abordar y conciliar los diferentes puntos de vistas al respecto. Lamentablemente, la deliberación nacional también está expropiada.

Por esto –y otros aspectos-, es que a veces no soy tan optimista acerca del futuro del país. Muchos consideran que un cambio de gobierno nos garantizarán una lluvia de inversión extranjera, un círculo virtuoso de prosperidad y cambios culturales (Argentina, con menos daño y más capacidad nos demostró lo contrario). No obstante, creo que hace falta muchísimo más que un cambio de timón para empezar a debatir sobre nuestro modelo de desarrollo económico; el cambio climático y nuestro rol en el cumplimiento de los compromisos globales; qué tipo de vida sexual o unión civil validamos; qué hacemos para quedarnos atrás de la interconexión digital o en el internet de las cosas; o si le damos la facultad a las personas para qué decidan sobre el desenlace de su vida terrenal.

De cualquier manera, quizás el mundo nos empuje a reflexionar más rápido de lo que se cree sobre los temas valóricos y, finalmente, aceleremos el proceso para hacernos cargo de los asuntos que determinarán la vida personal en los próximos años. No obstante, por lo pronto, seguiremos anquilosado en la esterilidad de la política y el primitivismo colectivo.

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