Combatir la apatía con nuevas ideas / Por: Iván López Caudeiron

Por:  Iván López Caudeiron

La vida es árida y sin sentido sin una ideología global. Desafortunadamente, demasiadas sociedades en el occidente y oriente del mundo, parecen carecer de una ideología sólida de vida. Esto no es porque las ideas no existan, sí existen. De hecho, en la era del internet, las ideas están más al alcance de la mano de todos que nunca antes. El problema es que las ideologías no nos entusiasman más. Nuestros países en Latinoamérica están “saturados” de ideologías y filosofías. Pareciera el tiempo adecuado para Combatir la apatía con nuevas ideas.

La ausencia de nuevas ideas

Muchos países en América Latina están en medio de elecciones. Sin embargo, las encuestas muestran que la gente joven está apática con respecto a la política. Esto no debería sorprender, ninguno de los principales partidos políticos o candidatos estelares, han estado difundiendo NUEVAS ideas. Todos tienen grandes ideas, como la democracia y el estado de bienestar, algunas de las ideas más poderosas conocidas por el hombre.

A todas estas, la respuesta a la apatía política es un problema serio porque la apatía es la mayor amenaza para cualquier idea, pero esas ideas no son nuevas; se han vuelto lugar común y por lo tanto ya no entusiasman.

Como me acotó en estos días un analista político de la región: “hoy vivimos en un mundo donde hemos tenido todos los debates y la democracia ha ganado. Hoy en día prevalece el sentido común, y las discusiones son sobre detalles en vez de sobre las grandes ideas mismas”. Este es un problema serio porque la apatía es la mayor amenaza para cualquier idea, deja lugar para que otras ideologías se infiltren y ocupen su lugar. Visto así ¿cómo se pueden mantener vivas las grandes ideas aun cuando ya no sean nuevas y generen entusiasmo? Difícil respuesta.

Vencer la apatía política

Hace tiempo que me interrogo: ¿por qué nuestra gente, ante los problemas comunitarios, regionales, nacionales y de interés general, es tan apática, tan resistente a involucrarse, tan temerosa de manifestarse? ¿Por qué, aparentemente, demuestra tan poco interés por las cosas públicas?

Esta observación me motivó a expresar en reiteradas ocasiones que Venezuela nunca será diferente con venezolanos indiferentes.

¿Qué hacer? Debe haber alguna razón, alguna causa, alguna motivación que explique esta actitud conductual. Confieso que he buscado en varios libros indicios o fundamentos del porqué de esta realidad. He buscado qué sostienen, qué argumentan, cómo descifran diversos  autores respecto de las posibles causas motoras o motivadoras de estas expresiones conductuales sociales, manifiestas o latentes (esperadas) de nuestros conciudadanos, qué les induce a no participar, a no involucrarse en los asuntos que les afectan.

Se prefiere la crítica a la acción, al compromiso, aun advirtiendo que la apatía ciudadana es aliada de la desesperanza. El tema es realmente complejo y difícil de analizar, y ciertamente no he podido identificar una causa, única e incontrovertible, aun cuando las distintas caricaturas de personajes y situaciones puedan parcialmente reflejar sustratos comunes.

A todas estas, qué valioso podría resultar el trabajo sistematizado y con rigor metodológico por parte de filósofos, sociólogos, psicólogos, antropólogos y estudiosos sociales sobre este tema. En ausencia de este insumo, debo valerme de la reposada observación, de la experiencia y la mesurada valoración subjetiva de cuanto se cuenta para transmitir una opinión sobre tan singular fenómeno social.

Yo creo que el venezolano, básicamente, vive el presente y se aferra a lo dado, a su entorno. Como su entorno es reducido y cerrado, y es lo que conoce, teme y opera un natural mecanismo de defensa. Podrá encontrarse muchas razones para explicar la puesta en marcha de este mecanismo, pero esta es su circunstancia, su mundo. Nada puede extrañarnos, por tanto. ¿Pero corresponde esta expresión conductual social a los requerimientos de los tiempos? Si no, ¿cómo orientar las acciones que tengan por objetivo el cambio de ella?

Cualquier propuesta, del género y clase que fuere, que pueda incidir sobre la circunstancia, sobre el mundo del ciudadano venezolano, será captada como un ataque; por lo que no puede esperarse otra actitud, otra conducta por parte de este que no sea la que denote la resistencia, la defensa, el rechazo del ataque.

De modo que para vencer, a su vez, esta resistencia, esta defensa, este rechazo, mi opinión es que debe generarse el hastío. La apatía ciudadana es un freno a los procesos de cambio, al civismo y a la democracia, por lo que debemos afanarnos en combatirla. El hastío, el hartazgo, es el estado que desestructura al venezolano.

Por ello, creo que el articulador político, el líder que pretenda algún cambio significativo formulando propuestas a la sociedad venezolana, debe generar en ella el hastío, permitiendo a los ciudadanos conocimientos e informaciones suficientes como para liberar su temor y luego del hastío, avanzar en nuevos y mejores escenarios con una mejor actitud participativa.

La resistencia siempre va ser muy marcada en los mayores, por lo que el universo privilegiado debe ser el de los jóvenes. Entonces, la sugerencia apunta a suministrar a nuestra gente información veraz, accesible, que tienda a demostrar que las cosas públicas les afecta; generar el hastío respecto de la estructura establecida, y liberar el temor, predisponiéndolo para la construcción del porvenir. Reitero, solo el hastío, el hartazgo, respecto de determinadas situaciones concretas predispondrá al venezolano para las innovaciones, para el cambio.

Para combatir la apatía, para que la pasión y el entusiasmo se inyecten en ideologías viejas pero poderosas, la gente debe recordar continuamente como se contrasta con ideologías alternativas inferiores. En el Cristianismo esto forma parte de la religión. Desafortunadamente, en otras sociedades se necesitan guerras y ataques terroristas terribles para tener un efecto similar. Hay mucho que los líderes políticos de hoy en día pueden aprender del líder político y visionario más grande de todos los tiempos: Jesucristo. Así lo veo.

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